15 January 2016

Las 15 del 2015




Aunque posiblemente el más bien regulero 2015 sea recordado, sobre todo, como el año de los reencuentros, secuelas y reboots de míticas e importantes sagas de aventuras y ciencia ficción (Mad Max: Fury Road, Jurassic World, Terminator Genisys, Los juegos del hambre: Sinsajo parte 2, Insurgente, Fast & Furious 7, Los Vengadores: La Era de Ultrón, Misión: Imposible - Nación Secreta, Spectre, y sobre todo, la esperadísima Star Wars: El despertar de la fuerza), también cabe destacar (y así es como yo quiero recordarlo) un nada desechable puñado de títulos que, cual martillo de Thor, han contribuido a golpear, resquebrajar o directamente destrozar (intocables) muros, prejuicios y convencionalismos.

Mientras que Nightcrawler nos muestra una dura y terrorífica radiografía del periodismo sensacionalista en la televisión yankee, Force Mayeur hace lo propio con los roles familiares y la masculinidad hegemónica. Por otra parte, El Club supone un esperadísimo y potente izquierdazo contra la hipocresía moral de la iglesia católica; Langosta es una incómoda y dolorosa alegoría sobre las relaciones de pareja, tal y como las conocemos; White God nos regala una maravillosa y conmovedora fábula sobre la represión, el poder y la rebelión de los underdogs, y films como Mad Max: Fury Road, The diary of a teenage Girl, Sicario, Crimson Peak y Star Wars: The Force awakens, nos presentan personajes femeninos insólitamente fuertes, “guerreros”, proactivos y/o desinhibidos (o directamente tridimensionales), reclamando el merecidísimo lugar que la industria hiper machista y los “introyectos cinéfilos” les habían robado desde siempre.

Y ya sin más dilación, para este 2015 guardo en mi baúl, en orden de estreno en Spain:





1-    Birdman (o La Inesperada Virtud de la Ignorancia), Alejandro González Iñárritu (Estados Unidos)

Intenso, inspirado y fascinante “Crepúsculo de los dioses” del siglo XXI, nos muestra tanto la amarga caída en picado de una estrella como los desquiciados entresijos entre bambalinas del mundo del teatro. Con un duelo actoral magistral (inolvidables Keaton-Norton), cuenta, además, con un equilibradísimo y agridulce guión a la altura de ambos, plagado de frases para el recuerdo. No inventa nada nuevo, pero se siente vibrante, inmensa y magnética.





2-    Nightcrawler, Dan Gilroy (Estados Unidos)

Te gustaría mirar hacia otro lado, fingir que se trata de una parodia y que hay cosas que sólo pueden ocurrir en la ficción, pero en tu fuero interno sabes que todo parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Descarnada, inquietantísima, asfixiante y más que desagradable, con un escalofriante y muy psicópata Jake Gyllenhaal a la cabeza, el periodismo sensacionalista (¿más allá del Atlántico?) es esto.





3-    Ex_machina, Alex Garland (Reino Unido)

Puede que esta turbadora mezcla de ciencia ficción, thriller psicológico y drama, a priori, parezca no ofrecer nada nuevo, pero a medida que avanza su trama, se van hilvanando algunas ideas y reflexiones de forma inteligente y fresca, de tal forma que logra que nos enfrentemos al conocido conflicto hombre vs máquina con una luz nueva. Está lejos de ser una feel-good movie (más bien todo lo contrario), pero su inteligente, satírica y reflexiva guerra de sexos bien vale un ticket hacia el país de las pesadillas.





4-    A most violent year/ El año más violento, J.C. Chandor (Estados Unidos)

Una atmósfera tensa, viciada y opresiva, fotografiada en tonos beige, envuelve esta crónica de la degradación moral que se ve con ese desasosiego y malrollismo de las tragedias, en las que el bad ending resulta inevitable. Protagonizada por la pareja Isaac-Chastain en estado de gracia, en ningún momento nos muestra esa violencia explícita y descarnada que suele abundar en films del mismo género. Lo suyo es una violencia soterrada, sutil, implosionada.





5-    Force Majeur (Tourist)/ Fuerza mayor, Ruben Östlund (Suecia)

¿Puede un sólo gesto de egoísmo y cobardía abrir una grieta lo suficientemente potente como para cuestionar una identidad y un rol (anquilosado) dentro de una relación? ¿La pareja, como la conocemos, está en peligro de extinción? Fuerza Mayor, además de responder a estas preguntas, desentierra “hanekemente” todo aquello que se esconde, convenientemente, bajo la nieve, de cara a todas las galerías.





6-    Song of the sea/ La canción del  mar, Tomm Moore (Irlanda)

La delicadeza hecha película. Visualmente deslumbrante y profundamente tierna y conmovedora, esta preciosa leyenda irlandesa, no sólo enamora a público de todas las edades (y sensibilidades), sino que, aún mucho tiempo después de su visionado, te sigue reclamando a través de sus nada engañosos cantos de sirena. En mi modesta opinión, la película de animación del año.





7-    Phoenix, Christian Petzold (Alemania)

Un argumento tan aparentemente poco creíble (una mujer que se reconstruye quirúrgicamente el rostro tras ser torturada durante la segunda guerra mundial, “aprende” a hacerse pasar por ella misma, al estilo Vértigo, guiada por su interesado marido, que la cree una doble de su difunta esposa), se vuelve fascinante gracias a una cuidada e intensa atmósfera y el magnífico trabajo interpretativo de sus protagonistas (especialmente de una genial Nina Hoss). Por si esto no fuera suficiente, Phoenix tiene un final tan redondo y deslumbrante que intensifica y revaloriza toda la película.






8-    White God, Kornél Mundruczó (Hungría)

En la inspiradísima lucha entre el bien y el mal que nos plantea este moderno cuento de hadas, no posicionarse o replantearse cuál es tu escalón de responsabilidad y privilegio es imposible. ¿Nos aporta algo valioso, como sociedad, el abuso de todos los considerados “inferiores”? ¿Nos condenamos como individuos con cada acto de no empatía hacia aquellos que pertenecen a una diferente etnia, raza, cultura, orientación sexual o especie? ¿Todo el sufrimiento innecesario que causamos vuelve a nosotros? El film comienza y acaba en un matadero. No puede ser casualidad. Posiblemente, mi film favorito del pasado 2015.





9-    Eden, Mia Hansen-Løve (Francia)

Eden es un film generacional pero no hace falta haber experimentado la vorágine noventera para empatizar con sus protagonistas o sumergirse de lleno en sus hipnóticos planos secuencia. Eden, básicamente, es un film sobre el peterpanismo, o más concretamente, sobre la creencia juvenil de que siempre habrá tiempo y espacio para convertirnos en las personas que estamos destinados a ser. Es por eso que en su segundo acto, cuando sus protagonistas ya no están en la primera juventud y lo hipotético debe convertirse en algo seguro, directo y tangible, el film nos da una bofetada en el rostro. Y es en esta última parte cuando Hansen-Løve nos demuestra que la aparentemente ligera, desenfrenada y algo excesiva primera parte tenía mucho (demasiado) sentido.





10- El Club, Pablo Larraín (Chile)

¿De qué tamaño debe ser una alfombra para contener algunas de las peores y más vergonzosas e imperdonables miserias humanas? ¿Quién tiene más responsabilidad: el hombre malo o el bueno hipócrita que aun siendo consciente de las maldades del otro elige no hace nada? Esta es la historia que la iglesia católica llevaba años pidiendo a gritos, pero que nadie se había atrevido a contar. El film de Larraín es, probablemente, el más desagradable, áspero, opresivo y dolorosamente incómodo que pasó por nuestras pantallas el año pasado, pero, al mismo tiempo, durante su visionado, un@ no puede evitar preguntarse por qué demonios ha tardado tanto.





11- Lilting, Hong Khaou (Reino Unido)

Una historia pequeña y sutil, de esas que susurran mucho y nunca subrayan, que aparentemente parecen hablar de algo personalísimo y concreto, pero que en el fondo esconden rutas universales por las que todas y todos hemos transitado (o transitaremos) alguna vez. Profundamente conmovedora, Lilting nos muestra a dos personajes heridos y magníficamente retratados en un duelo en el que ambos sólo pueden ganar o perder. Su delicado mosaico emocional acaba siendo una muy potente lección de humanidad.





12- The diary of a teenage girl, Marielle Heller (Estados Unidos)

Nos han contado esta historia muchas veces, pero el protagonista casi nunca era una mujer. Por eso, libre de cualquier tipo de corsé moral, su voz resulta tan fresca y (tristemente, aún hoy,) valiente y transgresora. Sin embargo, esta estupenda opera prima no sólo resulta notable por su más que necesaria lección de feminismo, sino por la honestidad, personalidad y hondura con la que está narrada. Acompañar a la muy precoz Minnie Goetze mientras se enamora (muy comprensiblemente) del novio de su madre, para perderse y reencontrarse por los muy libres años setenta, resulta fascinante y, a ratos, liberador.





13- The Lobster/ Langosta, Yorgos Lanthimos (Grecia)

Es imposible olvidar el muy raruno y descaradamente misántropo film de Lanthimos. Tanto si tienes una relación estable (convencional o no), como si estás solter@ (voluntariamente o no), The Lobster te colocará en la sala de espejos de La dama de Shangai y sabrás que, al menos, una de balas que van dirigidas hacia ti te alcanzará de pleno. Los absurdos convencionalismos que encorsetan la necesidad del otro, el amor y las relaciones de pareja, como no los has visto (y sufrido) hasta ahora. Detectora y asesina de introyectos (como todos los cuentos), se asentará en tu inconsciente mucho antes de llegar a la consciencia.





14- 45 years/ 45 años, Andrew Haigh (Reino Unido)

¿Es posible vivir toda una vida olvidando e ignorando la fragilidad y transitoriedad de las cosas? Sólo se le puede poner una pega a este interesantísimo film británico: que su caja de Pandora, posiblemente, tarde más de una semana en abrirse del todo. Sin embargo, su sintética narración resulta fluida y creíble porque nos la narran con honestidad y sencillez, y sin abusar, en ningún momento, de desgarrados subrayados y dramatismos (lo que nos cuenta Charlotte Rampling a través de sus miradas, sin siquiera pronunciar una palabra, no es de este mundo). 45 years llegó casi a final del año, como un regalo de navidad con su envoltorio aparentemente inmaculado. Quien nos iba a decir que, al abrirla, acabaría resultando la película más dura, pesimista y descarnada del año.





15-  Star Wars. Episode VII: The force awakens/ Star Wars: El despertar de la fuerza, J.J. Abrams (Estados Unidos)

Llevábamos tanto tiempo esperándola… Hay demasiados mundos y galaxias por explorar y J.J. Abrams y su equipo han demostrado que son capaces de hacer cosas aparentemente fáciles en teoría pero dificilísimas en su práctica (y que Lucas dio por sentadas): prácticamente desde su presentación, simpatizas y/o te encariñas con los personajes, te sumerges alegremente en su trama obviando que no todos sus homenajes/copias de guión o deus ex machina son afortunados, te emocionas, ríes, lloras, sufres, agradeces todos y cada uno de los reencuentros y celebras, casi con aplausos, que el jedi con más potencial que nos han presentado hasta la fecha sea (¡por fin!) una mujer (Spoiler: esa escena en la que Rey le “arrebata” el sable laser a Kylo Ren debería estar ya en algún top de los mejores momentos cinéfilo-feministas de la historia). Como prometedora carta de presentación, nos sugiere que lo mejor está por llegar, y tal vez sea especialmente por este motivo por lo que resulta difícil no entusiasmarse con ella. En mi caso, no sé a quién le ha gustado más: si a mi friki adolescente o a mi yo feminista.


And…




What we do in the shadows/ Lo que hacemos en las sombras, Taika Cohen, Jemaine Clement (Nueva Zelanda)

Agradecidísima marcianada sobre los sinsabores del hastío del vampiro moderno. Este mockumentary chupasangril es tan simpático, gamberro, raruno y divertido que se merece un puesto en cualquier lista de the best of 2015. Que podamos recordarla con cariño y una sonrisa meses después de su visionado Y7o estemos deseando volver a verla, reafirma por qué ya la han proclamado la comedia de culto de la temporada. A quien corresponda: mil gracias por el hilarante gag de los retratos. Jim Jarmusch, what did you think?


Echando de menos…




A la hora de realizar esta lista me he encontrado con un frustrante problema: casi la mitad de mis títulos escogidos, vistos en la última edición del Zinemaldia, no se han estrenado aún en España, así que he tenido que sustituirlos por otros que, aunque notables, no han llegado a llenarme y entusiasmarme de la misma forma.

Y es que el 2016 nos traerá (crucemos los dedos) maravillas como Son of Saul (este durérrimo must-see de László Nemes se estrena YA: el 15 de enero); Nuestra hermana pequeña o la última maravilla de Hirokazu Kore-eda; esa esperada genialidad  dirigida por Duke Johnson y Charlie Kaufman llamada Anomalisa; Mountains may depart, del realizador chino Jia Zhang Ke; la inquietantísima y asfixiante Evolution de Lucile Hadzihalilovicy; y la adaptación al cine, made by Ben Wheatley, de la muy controvertida High-Rise.

¿Cuáles son las vuestras? ;)


P.S. Por cierto, me he trasladado. Seguiré actualizando en ambos, pero mi casa oficial es If you need me, whistle! :)


*


08 October 2015

Zinemaldia 63, day 9: De Marcos sin Amedio, pasiones lorquianas, quiniela y conclusiones.



El noveno y último día del zinemaldi, libre de pases de prensa oficiales, parece destinado a ser una suerte de jornada de reflexión hasta el momento (aproximadamente entre las 21:30-22:00 de la noche) en el que la/el president@ del jurado (en esta ocasión la actriz Paprika Steen), nos desvele su fallo. Pero en lugar de limitarse a tuitear tops 5 o tops 10, o de hacer porras compulsivamente en los bares y cafeterías, el/la acreditad@ medi@, no satisfech@ con la media de 40-50 películas vistas en 8 maratonianos días (hagan cuentas, ladies & gentlemen), aprovecha hasta el último minuto de festival para poder echarse aún más fotogramas a sus sobreestimuladas retinas. E, invitación mediante, nos seguimos encontrando en las colas (tanto que parece que los pases “normales” no se diferencian demasiado de los de prensa). ¿Qué más da que no podamos sentir las piernas, que arrastremos una contractura en los hombros o que los ojos acaben, cada día, cual berenjenas? Como bien me recuerda mia mamma: sarna con gusto no pica.




Adama

Esta producción francesa nos cuenta la historia de Adama, un niño de 12 años que vive en una remota aldea de la África Occidental. Una noche, Samba, su hermano mayor, desaparece y Adama, desafiando la prohibición por su edad, decide ir en su busca. Y esta odisea (al más puro estilo de un Marco fraterno) lo llevará más allá de los mares del norte, al frente de batalla de la Primera Guerra Mundial (estamos en 1916).

A priori, Adama tiene todo lo que necesita un film (de animación o no) para tocar la fibra sensible del espectador: historia emotiva de amor fraterno, cuento de iniciación, drama histórico, “retorno a las raíces” y apunte reivindicativo-racial de personajes habitual e injustamente sin voz (no fueron pocos los soldados africanos que lucharon y murieron en la primera gran guerra), entre otros. Sin embargo, a pesar de tocar todos estos temas y de poseer una bella factura (el film es intachable desde el punto de vista técnico), su odisea nos resulta demasiado ajena, demasiado fría, como si en un intento de huir de innecesarios sentimentalismos (tan habituales en este tipo de producciones), se hubieran olvidado de insuflarle la dosis justa de emotividad o de alma (por mucho que intentemos empatizar y sufrir con su personaje, nos resulta imposible). Adama, mal que nos pese, es un bonito, desangelado, bienintencionado y desaprovechado cuento. Otro más…




Quiniela y top

Y mientras espero pacientemente para ver mi última película, elaboro una pequeña quiniela en mi cabeza (que conste en acta que que me he perdido 3 films que podrían haber alterado mi top 5: Sunset Song, Sparrows y 21 nuits aver Pattie). Por lo tanto, mis pelis favoritas de la sección oficial, más o menos en este orden, son High-Rise, Evolution, The boy and the beast, Les démons y Truman, y me encantaría que entre las 5 se repartieran el pastel. Si el jurado tiene el mismo sentido del riesgo que el zinemaldi, debería ganar High-Rise y el premio al mejor director tendría que ser para su director, Ben Wheatley. El premio especial del jurado podría caer en Evolution o The boy and the beast. Las actrices de Freeheld (Ellen Page y Julianne Moore) podrían rascar algo en el apartado mejor actriz (aunque lo dudo, dado que son estrellas y los jurados de Donosti tienen complejo de ONG); y el mejor actor, por otra parte, podría ir a (suspiro) Tom Hiddleston (aunque lo dudo, por los motivos anteriores), o bien recaería ex aequo en el duo Darín-Cámara en Truman (no tiene sentido que premien a uno sin el otro). El mejor guión me tiene desquiciada. ¡No sé a cuál escoger! Pero… ¡shush, silencio sepulcral! Se apagan las luces y comienza mi última película…




La novia

“¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba”.

Tal vez el film de Paula Ortiz sea, más que cualquier otra película presente en esta edición, el test de Rorschach definitivo para conocer la sensibilidad fílmica, estética y lírica (y el nivel de complicidad) del espectador. Si no se habita en el mundo de la sinestesia y/o no se posee una viva imaginación sensorial, la radical propuesta de La novia puede quedarse en una mera sucesión de bonitas postales o de una preciosista y artificial lucha entre el fondo y la forma, donde casi siempre acaba ganando la segunda. En mi caso, por ejemplo (no sé hasta qué punto debido a la altas expectativas o a la saturación fílmica), viví instantes de una belleza abrumadora, junto a otros que me chocaron/chirriaron, sacándome momentáneamente de la película (como, por ejemplo, la versión de un mítico tema de Leonard Cohen en cierta escena clave de lucha).

Sin embargo, a pesar de su potencialmente chocante juego visual, el auténtico protagonista de la obra, ese cuchillito que se clava, sigue siendo el verso lorquiano. Ortiz es fiel a su idiosincrasia y materializa brillantemente todos los símbolos del escritor granadino: la luna (mensajera femenina de la muerte), la sangre (prolongación de la estirpe, oposición entre la vida y la muerte, casta, sexualidad),  el bosque (la pasión más primaria), el caballo (instinto, muerte y potencia masculina), y el color amarillo (la amargura de la tierra seca, que envejece el cuerpo y el alma).

El film, por otra parte (y esto no admite discusiones), resulta sobresaliente tanto en su fotografía, dirección artística, vestuario e interpretación. Una deslumbrante y entregadísima Inma Cuesta, brillante en todos los registros de su personaje (atención a su sensual versión de La Tarara), se clava en tu inconsciente como la novia definitiva, aunque Luisa Gavasa, la suegra terribilis, tampoco le va a la zaga comiéndose la pantalla en cada una de sus apariciones (si el zinemaldi resulta, como viene siendo habitual, la antesala de los Goya, los premios de mejor actriz y mejor actriz de reparto deberían ser suyos).

Y es que La novia, bien extasíe o desespere, es, no sólo un must de la temporada, sino uno de esos films cuya simple existencia hay que celebrar (y ha sido dirigida, cosa aún más tristemente insólita, por una mujer, por lo tanto la celebración es doble). Y es que son las joyitas originales, rompedoras y frescas como esta las que nutren y dotan de alas al cine. ¿Le habría gustado a Lorca? Definitiva y rotundamente, sí.

“Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas”.




Conclusiones

Con el pastel descubierto y el triunfo desapasionado de Sparrows (ya es mala baba que haya ganado uno de los pocos films que no he visto), sólo queda, una desafortunada edición más, digerir la decepción y rumiar las conclusiones.

A tenor de la nota media de las películas presentes en la sección oficial, esta ha sido la edición 6.0. Más bien descafeinada, libre de grandes bodrios, pero también de ese peliculón que despierte un entusiasmo colectivo e incontestable, el sentimiento agridulce se ve incrementado este año por la incomprensible programación (las pelis más arriesgadas, rompedoras e interesantes se presentaron los primeros días, alejando, más si cabe, el poso agrio del dulce).

Sin embargo, no sólo de la sección oficial vive el/la cinéfil@. Las perlas son la apuesta segura que solo ocasionalmente falla, y tanto Nuev@s Director@s como Zabaltegi han tenido buen nivel. Sin embargo, la sección estrella, en esta ocasión, ha sido Horizontes Latinos, donde todas las películas presentes (premiadas y/o muy bien valoradas por la crítica en otros festivales) han traído de cabeza al acreditad@ medi@ por aquello de no estar incluidas en su programación oficial (¡snif!).

Siempre me ha resultado difícil elaborar tops, así que, mis recomendaciones, sin orden de preferencia, solo puedo agruparlas en:

*Películas que me han removido, impactado profundamente, traumatizado, dejado en estado de shock y/o han sido todo un “food for thought”:

High-Rise (Ben Wheatley, S.O), Evolution (Lucile Hadzihalilovic, S.O.) y Son of Saul (László Nemes, Perlas).

*Películas que me han reconciliado con la vida:

Umimachi diary (Hirokazu Kore-eda, Perlas).

*Películas que consiguen que me reenamore del cine:

Mountains may depart (Jia Zhang Ke, Perlas),  Anomalisa (Charlie Kaufman y Duke Johnson, Perlas) y La novia (Paula Ortíz, Zabaltegi).

*Películas “abrazo cómplice”:

Trois souvenirs de ma jeunesse (Arnaud Desplechin, Perlas),  Bakemono no ko / The Boy and the Beast (Mamoru Hosoda, S.O) y Les démons (Philippe Lesage, S.O.)

*Películas “mantita”:

Truman (Cesc Gay, S.O) y Mia madre (Nanni Moretti, Perlas).

*Películas “subidón adrenalínico”:

El Clan (Pablo Trapero, Perlas) y Sicario (Denis Villeneuve, Perlas).





Sin embargo, y aunque resulte algo paradójico por aquello de la mucha rabia que da, uno de los regalos del festi, es la larga lista de títulos pendientes que han entusiasmado y que tú, por un motivo u otro, no pudiste ver. Mi lista, este año, es:

Perlas: Me and Earl and the Dying girl y Taxi Teheran.

Zabaltegi: Psiconautas  y Un día vi 10.000 elefantes.

Nuevos directores: Le Nouveau.

Horizontes Latinos: El Club, El abrazo de la serpiente, El botón de nácar, Desde Allá, Chronic, Paulina e Ixcanul.

Zinemira: Un otoño sin Berlín, Distric Zero y Walls.


Jose Luis Rebordinos, el director del zinemaldi, asegura que “el festival de San Sebastián es un milagro” y yo me lo creo. Y con tres firmes propósitos para la siguiente edición: llevar siempre colirio en el bolso, ver 4/5 películas por día y dormir más de 4 horas por noche, corto y cierro la crónica de la 63 edición del Zinemaldia. Gracias por haberme acompañado en la intermitente (y algo retrasada) travesía.


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06 October 2015

Zinemaldia 63, day 8: De terrores prepubescentes, mafiosos chanantes, homenajes maternos y musicales fallidos




Les démons

De alguna manera, los demonios internos y externos propuestos por el canadiense Philippe Lesage funcionan como el reverso de la edulcorada, simplificada e idealizada infancia que hace muy poco nos mostraba la pixeriana Del revés. La ingrata etapa prepúber, esa en la que coletean la inseguridad, el miedo y la desorientación de tu yo niño mezclados con la inquietante consciencia (y responsabilidad) de los peligros reales del mundo adulto, aparece magníficamente retratada en el film. Félix, su protagonista, un chaval de 10 años sensible, neurótico e imaginativo, percibe el mundo como una abrumadora amenaza constante (el potencial divorcio de sus padres, contraer una peligrosa enfermedad o ser víctima de algún psicópata pederasta, son algunos de sus miedos). Ya ha descubierto esa escalofriante certeza-mazazo universal: por muy sólidos, protectores y estables que parezcan los cimientos y muros de tu guarida, nunca estás realmente a salvo. Y en tratar de asimilar esa lección sin ser devorado por sus miedos, en asumir su responsabilidad y entender el mundo que le rodea, transcurre buena parte del (familiar) viaje que nos propone este denso y pausado thriller psicológico que es Les démons.

Sin embargo, los terrores no transitan, únicamente, por la imaginación de Félix. Sin ser plenamente consciente de ello y en un giro argumental, comprobamos que está continuamente expuesto a un peligro muy real. Y es que esa es otra de las hirientes piruetas-ironías de la vida: el azar como inoportuno y cruel arquitecto de destinos. Tal vez a estos demonios le falten un final más definido y unos cierres menos difuminados en todas sus líneas argumentales. Pero, lamentablemente, la vida también es así: un eterno y obstinado juego de malabarismo en el que, para bien o para mal, todas las pelotas permanecen en el aire.




Black Mass

Al igual que con la argentina El Clan, pesa sobre Black Mass (Perlas) la inevitable y odiosa comparación con las grandes obras gansteriles made by Scorsese, De Palma o Coppola (además de estar igualmente basada en hechos reales). Pero, ¿tiene el film de Scott Copper algo nuevo que ofrecer? La respuesta radicaría en el nudo de su trama: la ayuda que al mafioso James “Withey” Bulger (un recuperado Johnny Depp a pesar de su caracterización algo chanante) le brindó el FBI para erigirse como rey de las calles bostonianas a cambio de su colaboración con chivatazos clave sobre otras bandas rivales. Este novedoso aspecto, sin embargo, resulta tristemente desaprovechado en un film demasiado disperso y que no quiere renunciar a ninguna de las tramas clásicas del género (coralidad, familia, honor, corrupción, traición, extensión temporal, etc), pero que no resulta lo bastante minucioso, profundo y satisfactorio en ninguna. Sus personajes están tan poco definidos que acaban resultando meros refritos olvidables de otros tantos vistos en películas del mismo género. Lamentablemente, por mucho que nos esforcemos, Black Mass se queda, simplemente, en una película mafiosil correcta.




Mia madre

Una sabia y veterana actriz estadounidense asegura que no importa cuándo o en qué circunstancias se pierda a un/a padre/madre, porque siempre es demasiado pronto. Y demasiado pronto y demasiado desestabilizador, este inmisericorde e inevitable proceso de duelo es explorado por Nanni Moretti a través de un alter ego (la fantástica actriz italiana Margherita Buy), con una contención lejos del desgarro y dramatismo de La stanza del figlio. En este caso, el director italiano ha escogido un difícil tono tragicómico, que puede resultar perfecto para algun@s y demasiado “no man’s land” para otr@s. Y es que en lugar de la brutal “inundación emocional” que supuso el duelo de un hijo en el film del 2001, Moretti nos propone olas que nos van envolviendo en su ritmo intermitente, mientras la comedia, representada por un John Turturro inmenso (atención a su hilarante italiano macarrónico) hacen de sana “tabla de salvación”. Y si, resulta convencional (no hay nada en el film que no hayamos visto antes), pero Moretti consigue que su film fluya a través de un tono agridulce perfecto (que se da por hecho y que se infravalora en demasiados casos), y que resulta desarmantemente divertido en unas ocasiones y abrumadoramente triste en otras; además sabe transmitir con convicción esa dolorosa regresión a la infancia (o desestabilizador torrente emocional) que supone perder alla tua mamma, y todo sin necesidad de salir destrozado de la sala. Perla recomendabile, bella e sensibile.




London Road

Aceptamos (y celebramos) que nos propongan un musical alternativo (recitado, n lugar de cantado) basado en una obra de teatro homónima que el propio director, Rufus Norris, dirigió y que tiene como trama principal el asesinato de cinco prostitutas en la England profunda una década ha. Aceptamos que nos lo vendan como Los paraguas de Cherburgo del siglo XXI; e incluso aceptamos que nos adviertan que los testimonios de testigos y ciudadanos componen la totalidad del libreto. Lo que no podemos aceptar es una sucesión de “canciones” sin inspiración y sin garra alargadas, para dolor de nuestros oídos, hasta la extenuación; unas reiterativas letras que sólo los desprogramadores de sectas podrán borrar de nuestra memoria; un conjunto de personajes sosos e indefinidos que no nos transmiten absolutamente nada, y salvo un momento muy puntual, una total y absoluta falta de gracia. Y ni Tom Hardy haciendo de taxista (mira que le gusta conducir últimamente a este hombre), ni una esforzada Olivia Colman consiguen dotar, aunque se brevemente, de cierto interés o brillo a la soserrima trama. Finaliza con un necesario y amargo apunte de denuncia, es lo único positivo que podemos rescatar de los interminables 91 minutos de un fallido London Road que cierra, aunque fuera de concurso, la sección oficial (¡y el zinemaldia!).

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La anécdota festivalera:

Emily Watson, nuestra flamante premio Donosti de este año, ha confesado en la rueda de prensa, entre otras perlas, que aprendió lo que era la actuación gracias a Rompiendo las olas, y que ella, en temas reivindicativos-feministas, a diferencia de otras compañeras de profesión, no se pronuncia. Pues vaya…


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05 October 2015

Zinemaldia 63, day 7: De solidaridades ambiguas, mafias domésticas, inmersiones en el holocausto y homenajes infantiles



Una de las peores cosas de un festival de cine y su consecuente atracón fílmico, es la certeza de que el cansancio plomizo y la saturación de historias, impiden valorar y asimilar cada film como se merece. Y es que resulta irónico que las primeras personas que tienen el placer y el privilegio de ver y disfrutar en primicia de una más que interesante selección de películas aún por estrenar (y, por lo tanto, de sentar injustamente cátedra, de alguna manera), se encuentren en una más que dudosa condición física/intelectual/psicológica para hacerlo.

Sin embargo, hay un momento en cada edición (normalmente hacia su segunda mitad) en el que descubres que tu embotado cerebro funciona como una máquina de tetris. Poco a poco, cada film adquiere su forma y su lugar y se redimensiona, transforma, y adquiere/pierde matices. Por lo tanto, consciente de que el frenético ritmo festivalero hace prácticamente imposible no valorar de forma irreflexiva, torpe e injust@ cada film en el momento de visionarlo (miedo me da leer ahora las primeras reviews de esta edición), pido perdón a todas esas víctimas fílmicas colaterales desde aquí.


Les chevaliers blancs

¿Qué tienen en común la última película de ayer (Freeheld) y las dos primeras de hoy (Les chevaliers blancs y El Clan)? Pues que todas están basadas en hechos reales, aunque probablemente el “basado en…” del film de Joaquim Lafosse sea el más conocido y el que más polémica ha cosechado de las tres.

Jacques Arnault, presidente de la ONG Sud Secours, planea una gran operación humanitaria: él y su equipo piensan sacar de Chad a 300 huérfanos víctimas de la guerra civil y entregarlos a franceses que han tramitado solicitudes de adopción. Sin embargo, inmersos en la brutal realidad de un país en guerra, los miembros de la ONG empiezan a cuestionar sus convicciones y tienen que afrontar los límites de la intervención humanitaria. Y último esto es, tal vez, lo más interesante del film del director belga: proponer un dilema moral sin respuesta. Y el espectador, incapaz de posicionarse entre la disyuntiva mercadeo vs solidaridad, valora el tono documental y la honestidad de Lafosse, pero, al mismo tiempo, echa en falta un mayor calado emocional y se lamenta de la atonía, distancia y frialdad en la que está narrada esta, por otra parte, interesantísima historia. Es una pena. Estos caballeros blancos no sólo resultan demasiado correctos, sino que les falta alma.

“¿Somos cazadores o leones?”.




El Clan

Alguien podría pensar, medio broma o medio en serio, que cuando se nace bajo el apellido Puccio un@ está destinado a caer en el lado oscuro de por vida. Arquímedes, el patriarca (todo un padrino en domestic versión), debía opinar exactamente lo mismo, ya que arrastra sin vacilar (y mediante la manipulación más vil) a todos los miembros de su familia a su siniestro negocio de secuestros-asesinatos caseros sin valorar las consecuencias (y obsequiándonos, de paso, con un escalofriante relato de la (post)dictadura argentina). Pablo Trapero, ganador del león de plata a la mejor dirección por este film (presentado en Donosti en la sección Perlas), ha sido injustamente comparado con Scorsese y De Palma hasta la extenuación, y aunque es cierto que el film carece de una mayor intensidad, calado o garra y se echa en falta un retrato psicológico más minucioso de sus miembros (ni los odiamos ni empatizamos lo suficiente y DEBERÍAMOS despreciarlos), posee contundencia, solidez y cierta fascinación (macabra). Atención a la estupenda banda sonora, llena de temazos de la época y a su uso dentro del film.




Son of Saul

¿Qué tiene que aportar este film al horror del holocausto que no hayamos visto antes?” y “¿Realmente es tan buena como para merecerse el calificativo de obra maestra?” eran las dos preguntas que tenía en mente sobre esta Perla cuando la sala de cine se sumió en la siempre reveladora oscuridad. Y cuando dos horas más tarde nos envolvieron las luces, no tuve la sensación de haber contemplado un film sobre el holocausto: había vivido la incomodísima y aterradora experiencia visual y auditiva de caminar por él. Y es que esta brillante opera prima (¡OPERA PRIMA!), aunque parezca imposible a estas desgastadas alturas, nos ofrece una visión inédita, certera, objetiva y sin el más mínimo sentimentalismo sobre la Shoah. Y todo utilizando la cámara en mano, sugiriendo mediante planos desenfocados, gritos, golpes y sonidos inquietantes, nunca mostrando directamente el infierno (no hay nada más espeluznante que el poder evocador/rellenador de la imaginación). La frialdad en su narración contrarresta con la profundad y desgarradora emotividad de la historia que cuenta, y el espectador, cómplice y preso involuntario, sigue a su sufriente protagonista hasta el final con la doble y ambivalente esperanza de que le sigan asombrando con esta impresionante historia y que todo acabe lo antes posible. Posiblemente, una de las mejores (y más aterradores) experiencias fílmicas que tengamos este año. Dolorosísima, pero absolutamente imprescindible.




Un día perfecte per volar

Hay una persona que agradecerá y apreciará infinitamente esta película de Marc Recha: su hijo Roc, protagonista, junto a Sergi Lopez, de la cinta. Bajo un ejercicio de naturalismo y minimalismo extremo, de dejar fluir la vida (muchos han intentado mostrárnoslo sin impostaciones y sólo unos pocos lo han conseguido), se esconde (o tal vez no) una declaración de amor de un padre a un hijo (en este caso de Marc a Roc). Posiblemente improvisado durante buena parte de sus 70 excesivos minutos, esta oda a la paternidad, a pesar de cierto encanto intermitente, deja fuera de  juego casi desde el comienzo a tod@s l@s que no seamos padres, no nos sintamos fascinados con interminables (y aburridos) cuentos sobre gigantes y/o no nos derritamos ante el genuino y explorador espíritu infantil. Tal vez un metraje bastante más reducido y ciertos elementos que anticipan cierto giro amargo final de la trama, conseguirían situarnos en el paisaje empordanés, con una sonrisa de oreja a oreja y cometa en mano, list@s para retrotraernos a nuestra infancia. Recha, en esta ocasión, y mal que nos pese, no lo ha conseguido.



Mañana es el último día oficial del festival (el viernes l@s acreditad@s sólo podemos asistir a algún pase en caso de que consigamos invitación). ¡Oh, my God, esto se acaba! :(


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