01 June 2016

Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (Part 1)



Las expectativas ante la sexta temporada de la serie más seguida del mundo llevaban meses cociéndose a fuego a causa de dos hechos insólitos hasta la fecha: estaría basada en material no publicado con anterioridad, adelantándose a Vientos de invierno, el sexto y antepenúltimo volumen de la saga (poniendo al mismo nivel de “no-tengo-ni-ideismo” al fan de la serie y al ávido lector de las novelas);  y resolvería el misterio de la dolorosa desaparición de Jon Snow, uno de los personajes más queridos (¿e imprescindibles?) de esta canción de hielo y fuego.

Aunque nos encontramos en el ecuador de la sexta temporada y carecemos aún de perspectiva para determinar si acabará siendo una de las más potentes de toda la saga, lo que resulta innegable es que poseemos suficientes momentazos como para contentar e ilusionar a todo tipo de fans. Y es que, si algo tiene Juego de tronos (tal vez su mejor baza) es su capacidad para sorprender y suscitar un amplio registro emocional en el espectador (lo que, en términos vocales, la convertiría en la Maria Callas de las series). En un mismo episodio, podemos pasar de la intriga a las lágrimas, haciendo un tour por el horror y la alegría más genuinas. ¿Quién puede resistirse ante semejante chute de emociones?  

A partir de aquí, y en orden de visionado, “Con spoilers y a lo loco”.




* Rescate femenino (y feminista)

Tras un breve y reconfortante abrazo, cuando parecía que todo se ponía más negro que la boca de lobo huargo para Sansa y Theon (los dos personajes que, sin ningún género de dudas, más han sufrido física y emocionalmente de los siete reinos), una mujer, una maldita/puta mujer (dependiendo de la traducción), los rescata de la ira y venganza de Ramsay Bolton, el mayor y más peligroso psicópata que camina por Westeros. Después llegaría el emocionante juramento de lealtad de Brienne “Badass” of Tarth y la promesa de que la suerte comenzaría, por fin, a cambiar para la mayor de las hijas Stark.  




*La sexy bruja de 400 años

Desconocemos si será el misterioso collar o los efectos distractores de la magia negra, pero la otrora segura y perversa (y exhibicionista) Melisandre, se ha despojado real y metafóricamente de todas sus capas en una inolvidable y repelente escena, para reducirse a una frágil, consumida y muy envejecida anciana de la friolera de 400 años (no llega a los 969 de Matusalén, pero todo se andará). Además de su muy escondida verdadera edad, hemos descubierto que la muy incauta duerme desnuda ¡en el muro! (Death wish?). Si eso no es un síntoma de depresión profunda, que vengan los dioses antiguos y los nuevos y lo vean.




*Tyrion: Father of dragons?

Los animalistas del mundo aún no le habíamos perdonado a la Khaleesi que tuviera un estilo educativo punitivo y mantuviera a sus criaturas encadenadas y en la oscuridad más absoluta (si eso es amor, ¿qué haría si le cayeran mal?).  Así que, una vez más, es Tyrion el que coge el rábano por las hojas e, imitando al actor que le da vida en sus campañas para PETA, decide acabar con la muy evitable crueldad animal. Aterrorizado y vulnerable, pero hablándoles de igual a igual, consigue, no sólo conectar emocionalmente con las feroces criaturas, sino ganarse parcialmente su confianza, y liberarlos. Esta escena contiene, además, un plus de emoción, ya que podría ser una pista de los guionistas sobre una de las teorías más famosas de la saga (aquella que asegura que Tyrion es, en realidad, un Targaryen y que hay por ahí tres jinetes un “dragón con tres cabezas”). We’ll see…





*El edípico y carnívoro nuevo Lord Bolton

Ya es oficial: Ramsay se ha convertido en el personaje más inquietante de la serie, ése cuya sola presencia suscita mal rollo haga lo que haga. Si creíamos que su psicopatía había alcanzado un nuevo nivel al “regalar” la “buena carne” de Myranda (la única persona que le despertaba alguna emoción de afecto), a sus perros, el bastardo ha dado un doble paso más allá. Haciendo gala de un carnivorismo rabioso, nos regala una relectura del complejo de Edipo asesinando a su (odioso) padre para, ¿minutos? más tarde, entregar el cuerpo de Lady Walda y su hermanastro recién nacido a sus hambrientos y (mal) entrenados canes asesinos, sin siquiera pestañear ante los gritos desgarrados de súplica de una y el llanto aterrorizado del otro (probablemente, la escena más desagradable y espeluznante de toda la serie, lo cual es mucho decir). No me cansaré de repetirlo: nada bueno puede salir de un carnívoro humano…




*Jon is alive, JON IS ALIVE!!!!

Much@s ya lo hemos apuntado en nuestro calendario frikil: el día 1 de mayo es el nuevo domingo de resurrección. Algunos lo sabían (cierto material en forma de futuras escenas clave que circulaba por la red), y la mayoría lo sospechaba, pero tod@s deseábamos verlo con nuestros emocionados ojos para seguir creyendo en la humanidad. Y fueron las manos y las palabras de la bruja roja las que obraron el milagro, sí, pero jamás habrían llegado a pronunciarse sin la petición y el toque de confianza extra que le inyecta el siempre honorable caballero de la cebolla (¡Loado sea Ser Davos!). Y ahora que se ha logrado lo imposible, las expectativas por lo mucho que aportará Snow en el último tramo de este juego tronil se han disparado más allá de los cuatro continentes. ¿Será realmente Azor Ahai? ¿conoceremos la verdadera identidad de sus padres por fin?





*¡Reencuentro Stark!

Cuando aún no nos habíamos recuperado del subidón del retorno de Jon Snow (Top 5, sin duda, de toda la serie), nos sorprenden con otro momento larga y dolorosamente postergado: el reencuentro entre dos hermanos Stark después de permanecer 6 intensísimas temporadas desperdigados por los siente continentes, sujetos a (sádicas) fuerzas que escapan su control. La cara desencajada y anhelante de Sansa (un rostro de alguien que ha pasado por el infierno y acaba de salir de él) y la sorpresa conmovida beyond-words de Snow se funden en un abrazo que lo expresa todo en el idioma universal. Y hay que tener la sangre de horchata para no emocionarse como Eliot despidiéndose de E.T. ante semejante emotivo e insólito momentazo.




*La lección a fuego de Daenerys

En un capitulo (el cuarto) lleno de muy agradecidas demostraciones de empowerment femenino, la khaleesi demuestra, una vez más, por qué es LA queen. Sus dos enamorados, Dario y Jorah, acuden a su rescate y tras una sesión muy bruta (muy dothraki) de burlas, humillaciones y amenazas físicas varias, ella…. ¡se rescata a si misma! (¿Dónde estaba Daenerys cuando a tod@s nos intoxicaban con introyectos Disney de doncellas desvalidas cuyas vidas cobran sentido cuando las rescata un hombre? ¿por qué ha tardado tanto?). Las llamas son su elemento y su arma y las utiliza para arrasar contra la tiranía del patriarcado, el sexismo y la masculinidad hegemónica, poniendo, de paso, a todo un pueblo a sus pies. “Reinar” y “gobernar” también se conjugan en femenino y el mundo (el creado por Martin y el nuestro) lo necesitan más que nunca. No es de extrañar que fuera trending topic durante horas.




*Bran es marcado a hielo

La trama de Bran ha pasado de ser la más aburrida, desaprovechada e insulta, a una de las más emocionantes en esta sexta temporada. Todas sus escenas contienen valiosísima información dispensada con cuentagotas y siempre nos dejan con ganas de más. Junto a esta especie de padawan de Cuervo de Tres Ojos, exploramos no sólo momentos clave del pasado, sino que descubrimos que Bran tiene un poder activo en sus visiones y puede influir en los entornos en los que se desplaza. No content@s con ver el origen de los caminantes blancos (en una escena demasiado escueta y sosa, también hay que decirlo), observamos aterrad@s como, en otro de sus viajes mentales, el rey de la noche agarra al adolescente del brazo marcándolo (¿para siempre?). ¿Será este el equivalente a decir “Volvemort” en el mundo potteril? ¿podrá escapar de su nueva condición de GPS? Intrigue!




*Jorah sale del armario “friend zone”

Cuando tod@s pensábamos que el eternamente enamorado Mormont moriría de psoriagris (o de cualquier otra cosa) o se autoinmolaría a los dioses antes que mostrarle a su Khaleesi sus verdaderos sentimientos, éste, en plan “from lost to the river” se arma de valor y le confiesa a la rubísima su amor eterno (“Tyrion tenía razón. Te quiero. Siempre te querré. Adiós, Khaleesi”). Y ella, profundamente conmovida y entre lágrimas, descubre que el otrora traidor Mormont es un “must” en su vida y sus planes de reinad. En consecuencia, le ordena que se cure antes de regresar a su lado (¿como alcalde de la zona de los amigos? Preguntaría Joey Tribbiani).




*¡‘Hodor’ era un acrónimo!

La intensa y dramática escena que cierra el quinto episodio suscita sentimientos encontrados en el espectador. Por una parte, asienta nuevas líneas argumentales y proporciona una cantidad de información valiosa sobre un misterio de la serie, el del pasado del gran Hodor, pero, por otra, resulta demasiado devastadora como para disfrutarla. Bran-cuervo-padawan con su recién descubierto poder de ser actor de sus visiones, es el responsable de una paradoja temporal que ha marcado-traumatizado-destrozado la vida de uno de los personajes más “puros” y entrañables. En pleno ataque de los caminantes blancos, Bran viaja al pasado e influye (entra) en el joven pre-Hodor, que no puede evitar escuchar los gritos de Meera en el presente: “Hold the door!” dedicados al Hodor adulto. Ante la “visión” de su futura muerte, el orondo adolescente entra en un estado de pánico-shock en el que ya solo podrá repetir, una y otra vez, y durante el resto de su vida, esa ya mítica frase hasta convertirla en acrónimo. Y mientras nuestro corazón se encoje hasta tamaño bonsai, una vez más, ya sólo nos queda decir: G.G. Martin, ¿por qué eres tan cruel?

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Dedicado a Lady Stark, para que no olvide que siempre hay libélulas, linternas, e incluso, rayos de sol precoces cuando “the night is dark and full of terrors”.


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05 April 2016

10 films extremadamente populares que aún no he visto




De entre mis más vergonzosas, imperdonables e inconfesables lagunas como cinéfila, destacaría algunos de los primeros títulos pioneros de la historia del cine (El nacimiento de una nación, El gabinete del doctor Caligari, El acorazado Potemkin…), buena parte del neorrealismo italiano y la mayoría de los westerns (posiblemente, el género que menos me entusiasma), pero también existen otros títulos, bastante más conocidos y digeribles, que forman parte del  mc menú cinematográfico de varias generaciones; películas que, para mi mayor vergüenza, han sido, en su mayoría, repetidas hasta el hartazgo por l@s inspirad@s programadores televisivos durante las últimas décadas.

Clásicos imprescindibles, películas palomiteras y algún que otro clásico del terror componen una lista que me atrevo a mostrar aún a riesgo de que algún/a lector/a, me tatúe “mala cinéfila” a punta de cuchillo en la frente. Here we go:




Alive/ ¡Viven! (Frank Marshall, 1993)

Hay un tema que constituye mi kriptonita cinematográfica y literaria, algo que inevitablemente, horripila a casi todo el mundo (psicópatas a un lado)  pero que, en mi caso, me provoca un terror visceral paralizante e insoportable: el canibalismo. Y aunque la gente suele calificarla como la  más inocua, light y blanca de las películas de come-humanos (forzosos), el hecho de que esté, además, inspirada en hechos reales, ha sido suficiente para que, por lo que a mí respecta, esos pobres jugadores de rugby jamás llegasen a los Andes…





Rocky (John G. Avildsen, 1976)

No tengo una explicación consciente de por qué se me ha resistido este famosérrimo film. Puede que mi escasa simpatía noventera por Sly unida a mi nula afición al boxeo me hayan alejado de ella. Sin embargo, y a pesar de conocer su famoso final (Phoebe Buffay fue mi spoileadora), recientemente, con la curiosidad oscaril de Creed, ha pasado a engrosar mi lista de pendientes. Who knows, algo me dice que puede que no permanezca en esta lista de la vergüenza mucho tiempo más…




American Psycho (Marry Harron, 2000)

La idea de ver a mi por entonces celebrity crush, Christian Bale, convertido en un yuppie psicópata adicto a los tratamientos de belleza (por cierto, las mascarillas se retiran de abajo hacia arriba, Chris), no me hacía especial ilusión. Con los años, tristemente, le he acabado cogiendo una tirria inmerecida, ya que Patrick Bateman fue en gran parte el culpable del cambio radical o la progresiva ida de pinza del, por entonces, chico vegetariano y encantador.  Nada más acabar el rodaje de esta película, Bale sintió, por primera vez en años,  y de forma incontenible “la llamada de la carne”, y acabó engullendo el equivalente a una vaca entera entre diversos restaurantes en una sola noche. Desde entonces ya no ha vuelto a ser el mismo. Y es que nada bueno puede venir de la carne roja…




The Blair Witch Project/ El Proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999)

Tras el western el género de terror es el que más he tendido a evitar a lo largo de los años, aunque por motivos muy distintos. Mientras que much@s disfrutan de la catarsis de sus fantasmas interiores, reconfortados por la firme seguridad de estar san@s y salv@s al otro lado de la pantalla, en mi caso,  la única seguridad que recibo es la certeza de saber que solo podré dormir con la luz encendida durante una semana. En este caso concreto, se me ha resistido incluso a pesar de su condición de pelotazo y pionera impulsando el auge del metraje encontrado (en cuyo revival está enfrascado el género hoy en día), y de que fuera la primera película que utilizó machacona e inteligentemente internet como vehículo de promoción.



A Clockwork Orange/ La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)

Probablemente esta sea una de las confesiones más vergonzosas y humillantes de esta lista, además de uno de sus mejores y más imitados títulos, pero me bastaron unos breves minutos de una de sus escenas más míticas, hace muchas lunas, para que las resistencias a asomarme a mundo de Alex & Co. no se hayan derribado todavía (la televisión ha colaborado, ya que de todos estos títulos, seguramente sea el menos emitido). Agujero cinéfilo inexcusable y must-see de cinéfilos y cinéfilas de medio mundo que ahora mismo estarán tirándose de los pelos (y/o las pestañas)… Yes, l know, yo me lo pierdo.




Easy Rider/ Easy Rider (Buscando mi destino), (Dennis Hopper, 1969)

Aunque me costó un tiempo entender a qué venía tanto revuelo y qué narices simbolizaba aquello de la ruta 66, el poder evocador de la que fuera la puesta de largo de la contracultura hippie era tal, que cada vez que escuchaba el ‘Born to be wild’, la icónica imagen de Dennis Hopper y Peter Fonda acudía instantáneamente a mi cabeza. De alguna manera, es como si ya la conociera sin haberla visto, como si todos los introyectos 100% yankees que he recibido a lo largo de mi vida funcionaran como uno de esos inmisericordes trailers destripadores de películas.




Fatal Attraction/ Atracción fatal (Adryan Line, 1987)

Sé que hay un asqueroso conejocidio, una frase mítica  (I won't be ignored, Dan!) y la impresión, no sé si injusta, de que esta vengativa post-efervescencia hormonal no es más que es otro descarado caso de misoginia. Shakespeare escribió “Hell hath no fury like a woman scorned” ("Ni el infierno tiene la furia de una mujer despechada") y varios siglos más tarde ciertos guionistas de Hollywood cómplices (in)voluntarios del boicot feminista, han intentado darle asquerosamente la razón (¿dónde quedaron las mujeres fuertes y decididas de los años 40?). Pues vale. Llámenlo prejuicios, pero yo no compro. No me interesa.




Independence Day (Roland Emmerich, 1996)

El hype noventero pudo con mi pereza. De nuevo una invasión de alienígenas malos malísimos y, una vez más, USA, exactamente en un día más yankee que la tarta de manzana y la salsa de arándanos juntas, salvando al planeta y la humanidad de la aniquilación total, espectacular catastrofismo arquitectónico digital mediante (marca de la casa Emmerich). Cinéfil@s del mundo, contestadme: ¿acaso me pierdo algo importante en mi educación cinéfilo-sentimental?




Rambo: First Blood/ Acorralado (Rambo), (Ted Kotcheff, 1982)

Si el sufrido Stallone no resultaba demasiado apetecible como un humilde y talentoso boxeador, como veterano boina verde ultrapatriota y repartidor de estopa, la resistencia llega a límites estratosféricos. Ni sus innumerables parodias y su más que mítica “I can't feel my legs!”) han sido suficientes para despertar mi curiosidad cinéfila. A pesar de que muchos niñ@s ochenteros y noventeros no me lo perdonen jamás, me temo que nunca nos conoceremos personalmente. I’m sorry, John Rambo!




The Texas Chainsaw Massacre/ La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

De nuevo el terror y el canibalismo. Y, para más señas, la madre del slasher y el sumun del gore. Sólo Holocausto Caníbal me da más respeto que esta ultrafamosa y revisitada película de culto. Tanto he leído sobre ella que no quiero que “su destacado uso de la cámara me conviertan en otra potencial víctima”. Lo que sí me intriga, a pesar de mis miedos, es que su descarada inspiración en los cruentos e inhumanos métodos empleados en los mataderos, la convierten, en la opinión de muchos, en toda una apología sobre el vegetarianismo. Tentador, pero no sé si me atreveré a descubrirlo algún día…



Analizando ahora estas 10 víctimas de la casualidad y de mis fobias, descubro cierta coherencia. De entrada, me queda clara una cosa: al parecer, no me gusta que me recuerden que los monstruos existen.

¿Y vosotr@s? ¿Cuáles son esos clásicos rabiosamente populares que aún no habéis visto?


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15 January 2016

Las 15 del 2015




Aunque posiblemente el más bien regulero 2015 sea recordado, sobre todo, como el año de los reencuentros, secuelas y reboots de míticas e importantes sagas de aventuras y ciencia ficción (Mad Max: Fury Road, Jurassic World, Terminator Genisys, Los juegos del hambre: Sinsajo parte 2, Insurgente, Fast & Furious 7, Los Vengadores: La Era de Ultrón, Misión: Imposible - Nación Secreta, Spectre, y sobre todo, la esperadísima Star Wars: El despertar de la fuerza), también cabe destacar (y así es como yo quiero recordarlo) un nada desechable puñado de títulos que, cual martillo de Thor, han contribuido a golpear, resquebrajar o directamente destrozar (intocables) muros, prejuicios y convencionalismos.

Mientras que Nightcrawler nos muestra una dura y terrorífica radiografía del periodismo sensacionalista en la televisión yankee, Force Mayeur hace lo propio con los roles familiares y la masculinidad hegemónica. Por otra parte, El Club supone un esperadísimo y potente izquierdazo contra la hipocresía moral de la iglesia católica; Langosta es una incómoda y dolorosa alegoría sobre las relaciones de pareja, tal y como las conocemos; White God nos regala una maravillosa y conmovedora fábula sobre la represión, el poder y la rebelión de los underdogs, y films como Mad Max: Fury Road, The diary of a teenage Girl, Sicario, Crimson Peak y Star Wars: The Force awakens, nos presentan personajes femeninos insólitamente fuertes, “guerreros”, proactivos y/o desinhibidos (o directamente tridimensionales), reclamando el merecidísimo lugar que la industria hiper machista y los “introyectos cinéfilos” les habían robado desde siempre.

Y ya sin más dilación, para este 2015 guardo en mi baúl, en orden de estreno en Spain:





1-    Birdman (o La Inesperada Virtud de la Ignorancia), Alejandro González Iñárritu (Estados Unidos)

Intenso, inspirado y fascinante “Crepúsculo de los dioses” del siglo XXI, nos muestra tanto la amarga caída en picado de una estrella como los desquiciados entresijos entre bambalinas del mundo del teatro. Con un duelo actoral magistral (inolvidables Keaton-Norton), cuenta, además, con un equilibradísimo y agridulce guión a la altura de ambos, plagado de frases para el recuerdo. No inventa nada nuevo, pero se siente vibrante, inmensa y magnética.





2-    Nightcrawler, Dan Gilroy (Estados Unidos)

Te gustaría mirar hacia otro lado, fingir que se trata de una parodia y que hay cosas que sólo pueden ocurrir en la ficción, pero en tu fuero interno sabes que todo parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Descarnada, inquietantísima, asfixiante y más que desagradable, con un escalofriante y muy psicópata Jake Gyllenhaal a la cabeza, el periodismo sensacionalista (¿más allá del Atlántico?) es esto.





3-    Ex_machina, Alex Garland (Reino Unido)

Puede que esta turbadora mezcla de ciencia ficción, thriller psicológico y drama, a priori, parezca no ofrecer nada nuevo, pero a medida que avanza su trama, se van hilvanando algunas ideas y reflexiones de forma inteligente y fresca, de tal forma que logra que nos enfrentemos al conocido conflicto hombre vs máquina con una luz nueva. Está lejos de ser una feel-good movie (más bien todo lo contrario), pero su inteligente, satírica y reflexiva guerra de sexos bien vale un ticket hacia el país de las pesadillas.





4-    A most violent year/ El año más violento, J.C. Chandor (Estados Unidos)

Una atmósfera tensa, viciada y opresiva, fotografiada en tonos beige, envuelve esta crónica de la degradación moral que se ve con ese desasosiego y malrollismo de las tragedias, en las que el bad ending resulta inevitable. Protagonizada por la pareja Isaac-Chastain en estado de gracia, en ningún momento nos muestra esa violencia explícita y descarnada que suele abundar en films del mismo género. Lo suyo es una violencia soterrada, sutil, implosionada.





5-    Force Majeur (Tourist)/ Fuerza mayor, Ruben Östlund (Suecia)

¿Puede un sólo gesto de egoísmo y cobardía abrir una grieta lo suficientemente potente como para cuestionar una identidad y un rol (anquilosado) dentro de una relación? ¿La pareja, como la conocemos, está en peligro de extinción? Fuerza Mayor, además de responder a estas preguntas, desentierra “hanekemente” todo aquello que se esconde, convenientemente, bajo la nieve, de cara a todas las galerías.





6-    Song of the sea/ La canción del  mar, Tomm Moore (Irlanda)

La delicadeza hecha película. Visualmente deslumbrante y profundamente tierna y conmovedora, esta preciosa leyenda irlandesa, no sólo enamora a público de todas las edades (y sensibilidades), sino que, aún mucho tiempo después de su visionado, te sigue reclamando a través de sus nada engañosos cantos de sirena. En mi modesta opinión, la película de animación del año.





7-    Phoenix, Christian Petzold (Alemania)

Un argumento tan aparentemente poco creíble (una mujer que se reconstruye quirúrgicamente el rostro tras ser torturada durante la segunda guerra mundial, “aprende” a hacerse pasar por ella misma, al estilo Vértigo, guiada por su interesado marido, que la cree una doble de su difunta esposa), se vuelve fascinante gracias a una cuidada e intensa atmósfera y el magnífico trabajo interpretativo de sus protagonistas (especialmente de una genial Nina Hoss). Por si esto no fuera suficiente, Phoenix tiene un final tan redondo y deslumbrante que intensifica y revaloriza toda la película.






8-    White God, Kornél Mundruczó (Hungría)

En la inspiradísima lucha entre el bien y el mal que nos plantea este moderno cuento de hadas, no posicionarse o replantearse cuál es tu escalón de responsabilidad y privilegio es imposible. ¿Nos aporta algo valioso, como sociedad, el abuso de todos los considerados “inferiores”? ¿Nos condenamos como individuos con cada acto de no empatía hacia aquellos que pertenecen a una diferente etnia, raza, cultura, orientación sexual o especie? ¿Todo el sufrimiento innecesario que causamos vuelve a nosotros? El film comienza y acaba en un matadero. No puede ser casualidad. Posiblemente, mi film favorito del pasado 2015.





9-    Eden, Mia Hansen-Løve (Francia)

Eden es un film generacional pero no hace falta haber experimentado la vorágine noventera para empatizar con sus protagonistas o sumergirse de lleno en sus hipnóticos planos secuencia. Eden, básicamente, es un film sobre el peterpanismo, o más concretamente, sobre la creencia juvenil de que siempre habrá tiempo y espacio para convertirnos en las personas que estamos destinados a ser. Es por eso que en su segundo acto, cuando sus protagonistas ya no están en la primera juventud y lo hipotético debe convertirse en algo seguro, directo y tangible, el film nos da una bofetada en el rostro. Y es en esta última parte cuando Hansen-Løve nos demuestra que la aparentemente ligera, desenfrenada y algo excesiva primera parte tenía mucho (demasiado) sentido.





10- El Club, Pablo Larraín (Chile)

¿De qué tamaño debe ser una alfombra para contener algunas de las peores y más vergonzosas e imperdonables miserias humanas? ¿Quién tiene más responsabilidad: el hombre malo o el bueno hipócrita que aun siendo consciente de las maldades del otro elige no hace nada? Esta es la historia que la iglesia católica llevaba años pidiendo a gritos, pero que nadie se había atrevido a contar. El film de Larraín es, probablemente, el más desagradable, áspero, opresivo y dolorosamente incómodo que pasó por nuestras pantallas el año pasado, pero, al mismo tiempo, durante su visionado, un@ no puede evitar preguntarse por qué demonios ha tardado tanto.





11- Lilting, Hong Khaou (Reino Unido)

Una historia pequeña y sutil, de esas que susurran mucho y nunca subrayan, que aparentemente parecen hablar de algo personalísimo y concreto, pero que en el fondo esconden rutas universales por las que todas y todos hemos transitado (o transitaremos) alguna vez. Profundamente conmovedora, Lilting nos muestra a dos personajes heridos y magníficamente retratados en un duelo en el que ambos sólo pueden ganar o perder. Su delicado mosaico emocional acaba siendo una muy potente lección de humanidad.





12- The diary of a teenage girl, Marielle Heller (Estados Unidos)

Nos han contado esta historia muchas veces, pero el protagonista casi nunca era una mujer. Por eso, libre de cualquier tipo de corsé moral, su voz resulta tan fresca y (tristemente, aún hoy,) valiente y transgresora. Sin embargo, esta estupenda opera prima no sólo resulta notable por su más que necesaria lección de feminismo, sino por la honestidad, personalidad y hondura con la que está narrada. Acompañar a la muy precoz Minnie Goetze mientras se enamora (muy comprensiblemente) del novio de su madre, para perderse y reencontrarse por los muy libres años setenta, resulta fascinante y, a ratos, liberador.





13- The Lobster/ Langosta, Yorgos Lanthimos (Grecia)

Es imposible olvidar el muy raruno y descaradamente misántropo film de Lanthimos. Tanto si tienes una relación estable (convencional o no), como si estás solter@ (voluntariamente o no), The Lobster te colocará en la sala de espejos de La dama de Shangai y sabrás que, al menos, una de balas que van dirigidas hacia ti te alcanzará de pleno. Los absurdos convencionalismos que encorsetan la necesidad del otro, el amor y las relaciones de pareja, como no los has visto (y sufrido) hasta ahora. Detectora y asesina de introyectos (como todos los cuentos), se asentará en tu inconsciente mucho antes de llegar a la consciencia.





14- 45 years/ 45 años, Andrew Haigh (Reino Unido)

¿Es posible vivir toda una vida olvidando e ignorando la fragilidad y transitoriedad de las cosas? Sólo se le puede poner una pega a este interesantísimo film británico: que su caja de Pandora, posiblemente, tarde más de una semana en abrirse del todo. Sin embargo, su sintética narración resulta fluida y creíble porque nos la narran con honestidad y sencillez, y sin abusar, en ningún momento, de desgarrados subrayados y dramatismos (lo que nos cuenta Charlotte Rampling a través de sus miradas, sin siquiera pronunciar una palabra, no es de este mundo). 45 years llegó casi a final del año, como un regalo de navidad con su envoltorio aparentemente inmaculado. Quien nos iba a decir que, al abrirla, acabaría resultando la película más dura, pesimista y descarnada del año.





15-  Star Wars. Episode VII: The force awakens/ Star Wars: El despertar de la fuerza, J.J. Abrams (Estados Unidos)

Llevábamos tanto tiempo esperándola… Hay demasiados mundos y galaxias por explorar y J.J. Abrams y su equipo han demostrado que son capaces de hacer cosas aparentemente fáciles en teoría pero dificilísimas en su práctica (y que Lucas dio por sentadas): prácticamente desde su presentación, simpatizas y/o te encariñas con los personajes, te sumerges alegremente en su trama obviando que no todos sus homenajes/copias de guión o deus ex machina son afortunados, te emocionas, ríes, lloras, sufres, agradeces todos y cada uno de los reencuentros y celebras, casi con aplausos, que el jedi con más potencial que nos han presentado hasta la fecha sea (¡por fin!) una mujer (Spoiler: esa escena en la que Rey le “arrebata” el sable laser a Kylo Ren debería estar ya en algún top de los mejores momentos cinéfilo-feministas de la historia). Como prometedora carta de presentación, nos sugiere que lo mejor está por llegar, y tal vez sea especialmente por este motivo por lo que resulta difícil no entusiasmarse con ella. En mi caso, no sé a quién le ha gustado más: si a mi friki adolescente o a mi yo feminista.


And…




What we do in the shadows/ Lo que hacemos en las sombras, Taika Cohen, Jemaine Clement (Nueva Zelanda)

Agradecidísima marcianada sobre los sinsabores del hastío del vampiro moderno. Este mockumentary chupasangril es tan simpático, gamberro, raruno y divertido que se merece un puesto en cualquier lista de the best of 2015. Que podamos recordarla con cariño y una sonrisa meses después de su visionado Y7o estemos deseando volver a verla, reafirma por qué ya la han proclamado la comedia de culto de la temporada. A quien corresponda: mil gracias por el hilarante gag de los retratos. Jim Jarmusch, what did you think?


Echando de menos…




A la hora de realizar esta lista me he encontrado con un frustrante problema: casi la mitad de mis títulos escogidos, vistos en la última edición del Zinemaldia, no se han estrenado aún en España, así que he tenido que sustituirlos por otros que, aunque notables, no han llegado a llenarme y entusiasmarme de la misma forma.

Y es que el 2016 nos traerá (crucemos los dedos) maravillas como Son of Saul (este durérrimo must-see de László Nemes se estrena YA: el 15 de enero); Nuestra hermana pequeña o la última maravilla de Hirokazu Kore-eda; esa esperada genialidad  dirigida por Duke Johnson y Charlie Kaufman llamada Anomalisa; Mountains may depart, del realizador chino Jia Zhang Ke; la inquietantísima y asfixiante Evolution de Lucile Hadzihalilovicy; y la adaptación al cine, made by Ben Wheatley, de la muy controvertida High-Rise.

¿Cuáles son las vuestras? ;)


P.S. Por cierto, me he trasladado. Seguiré actualizando en ambos, pero mi casa oficial es If you need me, whistle! :)


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