05 April 2016

10 films extremadamente populares que aún no he visto




De entre mis más vergonzosas, imperdonables e inconfesables lagunas como cinéfila, destacaría algunos de los primeros títulos pioneros de la historia del cine (El nacimiento de una nación, El gabinete del doctor Caligari, El acorazado Potemkin…), buena parte del neorrealismo italiano y la mayoría de los westerns (posiblemente, el género que menos me entusiasma), pero también existen otros títulos, bastante más conocidos y digeribles, que forman parte del  mc menú cinematográfico de varias generaciones; películas que, para mi mayor vergüenza, han sido, en su mayoría, repetidas hasta el hartazgo por l@s inspirad@s programadores televisivos durante las últimas décadas.

Clásicos imprescindibles, películas palomiteras y algún que otro clásico del terror componen una lista que me atrevo a mostrar aún a riesgo de que algún/a lector/a, me tatúe “mala cinéfila” a punta de cuchillo en la frente. Here we go:




Alive/ ¡Viven! (Frank Marshall, 1993)

Hay un tema que constituye mi kriptonita cinematográfica y literaria, algo que inevitablemente, horripila a casi todo el mundo (psicópatas a un lado)  pero que, en mi caso, me provoca un terror visceral paralizante e insoportable: el canibalismo. Y aunque la gente suele calificarla como la  más inocua, light y blanca de las películas de come-humanos (forzosos), el hecho de que esté, además, inspirada en hechos reales, ha sido suficiente para que, por lo que a mí respecta, esos pobres jugadores de rugby jamás llegasen a los Andes…





Rocky (John G. Avildsen, 1976)

No tengo una explicación consciente de por qué se me ha resistido este famosérrimo film. Puede que mi escasa simpatía noventera por Sly unida a mi nula afición al boxeo me hayan alejado de ella. Sin embargo, y a pesar de conocer su famoso final (Phoebe Buffay fue mi spoileadora), recientemente, con la curiosidad oscaril de Creed, ha pasado a engrosar mi lista de pendientes. Who knows, algo me dice que puede que no permanezca en esta lista de la vergüenza mucho tiempo más…




American Psycho (Marry Harron, 2000)

La idea de ver a mi por entonces celebrity crush, Christian Bale, convertido en un yuppie psicópata adicto a los tratamientos de belleza (por cierto, las mascarillas se retiran de abajo hacia arriba, Chris), no me hacía especial ilusión. Con los años, tristemente, le he acabado cogiendo una tirria inmerecida, ya que Patrick Bateman fue en gran parte el culpable del cambio radical o la progresiva ida de pinza del, por entonces, chico vegetariano y encantador.  Nada más acabar el rodaje de esta película, Bale sintió, por primera vez en años,  y de forma incontenible “la llamada de la carne”, y acabó engullendo el equivalente a una vaca entera entre diversos restaurantes en una sola noche. Desde entonces ya no ha vuelto a ser el mismo. Y es que nada bueno puede venir de la carne roja…




The Blair Witch Project/ El Proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999)

Tras el western el género de terror es el que más he tendido a evitar a lo largo de los años, aunque por motivos muy distintos. Mientras que much@s disfrutan de la catarsis de sus fantasmas interiores, reconfortados por la firme seguridad de estar san@s y salv@s al otro lado de la pantalla, en mi caso,  la única seguridad que recibo es la certeza de saber que solo podré dormir con la luz encendida durante una semana. En este caso concreto, se me ha resistido incluso a pesar de su condición de pelotazo y pionera impulsando el auge del metraje encontrado (en cuyo revival está enfrascado el género hoy en día), y de que fuera la primera película que utilizó machacona e inteligentemente internet como vehículo de promoción.



A Clockwork Orange/ La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)

Probablemente esta sea una de las confesiones más vergonzosas y humillantes de esta lista, además de uno de sus mejores y más imitados títulos, pero me bastaron unos breves minutos de una de sus escenas más míticas, hace muchas lunas, para que las resistencias a asomarme a mundo de Alex & Co. no se hayan derribado todavía (la televisión ha colaborado, ya que de todos estos títulos, seguramente sea el menos emitido). Agujero cinéfilo inexcusable y must-see de cinéfilos y cinéfilas de medio mundo que ahora mismo estarán tirándose de los pelos (y/o las pestañas)… Yes, l know, yo me lo pierdo.




Easy Rider/ Easy Rider (Buscando mi destino), (Dennis Hopper, 1969)

Aunque me costó un tiempo entender a qué venía tanto revuelo y qué narices simbolizaba aquello de la ruta 66, el poder evocador de la que fuera la puesta de largo de la contracultura hippie era tal, que cada vez que escuchaba el ‘Born to be wild’, la icónica imagen de Dennis Hopper y Peter Fonda acudía instantáneamente a mi cabeza. De alguna manera, es como si ya la conociera sin haberla visto, como si todos los introyectos 100% yankees que he recibido a lo largo de mi vida funcionaran como uno de esos inmisericordes trailers destripadores de películas.




Fatal Attraction/ Atracción fatal (Adryan Line, 1987)

Sé que hay un asqueroso conejocidio, una frase mítica  (I won't be ignored, Dan!) y la impresión, no sé si injusta, de que esta vengativa post-efervescencia hormonal no es más que es otro descarado caso de misoginia. Shakespeare escribió “Hell hath no fury like a woman scorned” ("Ni el infierno tiene la furia de una mujer despechada") y varios siglos más tarde ciertos guionistas de Hollywood cómplices (in)voluntarios del boicot feminista, han intentado darle asquerosamente la razón (¿dónde quedaron las mujeres fuertes y decididas de los años 40?). Pues vale. Llámenlo prejuicios, pero yo no compro. No me interesa.




Independence Day (Roland Emmerich, 1996)

El hype noventero pudo con mi pereza. De nuevo una invasión de alienígenas malos malísimos y, una vez más, USA, exactamente en un día más yankee que la tarta de manzana y la salsa de arándanos juntas, salvando al planeta y la humanidad de la aniquilación total, espectacular catastrofismo arquitectónico digital mediante (marca de la casa Emmerich). Cinéfil@s del mundo, contestadme: ¿acaso me pierdo algo importante en mi educación cinéfilo-sentimental?




Rambo: First Blood/ Acorralado (Rambo), (Ted Kotcheff, 1982)

Si el sufrido Stallone no resultaba demasiado apetecible como un humilde y talentoso boxeador, como veterano boina verde ultrapatriota y repartidor de estopa, la resistencia llega a límites estratosféricos. Ni sus innumerables parodias y su más que mítica “I can't feel my legs!”) han sido suficientes para despertar mi curiosidad cinéfila. A pesar de que muchos niñ@s ochenteros y noventeros no me lo perdonen jamás, me temo que nunca nos conoceremos personalmente. I’m sorry, John Rambo!




The Texas Chainsaw Massacre/ La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

De nuevo el terror y el canibalismo. Y, para más señas, la madre del slasher y el sumun del gore. Sólo Holocausto Caníbal me da más respeto que esta ultrafamosa y revisitada película de culto. Tanto he leído sobre ella que no quiero que “su destacado uso de la cámara me conviertan en otra potencial víctima”. Lo que sí me intriga, a pesar de mis miedos, es que su descarada inspiración en los cruentos e inhumanos métodos empleados en los mataderos, la convierten, en la opinión de muchos, en toda una apología sobre el vegetarianismo. Tentador, pero no sé si me atreveré a descubrirlo algún día…



Analizando ahora estas 10 víctimas de la casualidad y de mis fobias, descubro cierta coherencia. De entrada, me queda clara una cosa: al parecer, no me gusta que me recuerden que los monstruos existen.

¿Y vosotr@s? ¿Cuáles son esos clásicos rabiosamente populares que aún no habéis visto?


 *




15 January 2016

Las 15 del 2015




Aunque posiblemente el más bien regulero 2015 sea recordado, sobre todo, como el año de los reencuentros, secuelas y reboots de míticas e importantes sagas de aventuras y ciencia ficción (Mad Max: Fury Road, Jurassic World, Terminator Genisys, Los juegos del hambre: Sinsajo parte 2, Insurgente, Fast & Furious 7, Los Vengadores: La Era de Ultrón, Misión: Imposible - Nación Secreta, Spectre, y sobre todo, la esperadísima Star Wars: El despertar de la fuerza), también cabe destacar (y así es como yo quiero recordarlo) un nada desechable puñado de títulos que, cual martillo de Thor, han contribuido a golpear, resquebrajar o directamente destrozar (intocables) muros, prejuicios y convencionalismos.

Mientras que Nightcrawler nos muestra una dura y terrorífica radiografía del periodismo sensacionalista en la televisión yankee, Force Mayeur hace lo propio con los roles familiares y la masculinidad hegemónica. Por otra parte, El Club supone un esperadísimo y potente izquierdazo contra la hipocresía moral de la iglesia católica; Langosta es una incómoda y dolorosa alegoría sobre las relaciones de pareja, tal y como las conocemos; White God nos regala una maravillosa y conmovedora fábula sobre la represión, el poder y la rebelión de los underdogs, y films como Mad Max: Fury Road, The diary of a teenage Girl, Sicario, Crimson Peak y Star Wars: The Force awakens, nos presentan personajes femeninos insólitamente fuertes, “guerreros”, proactivos y/o desinhibidos (o directamente tridimensionales), reclamando el merecidísimo lugar que la industria hiper machista y los “introyectos cinéfilos” les habían robado desde siempre.

Y ya sin más dilación, para este 2015 guardo en mi baúl, en orden de estreno en Spain:





1-    Birdman (o La Inesperada Virtud de la Ignorancia), Alejandro González Iñárritu (Estados Unidos)

Intenso, inspirado y fascinante “Crepúsculo de los dioses” del siglo XXI, nos muestra tanto la amarga caída en picado de una estrella como los desquiciados entresijos entre bambalinas del mundo del teatro. Con un duelo actoral magistral (inolvidables Keaton-Norton), cuenta, además, con un equilibradísimo y agridulce guión a la altura de ambos, plagado de frases para el recuerdo. No inventa nada nuevo, pero se siente vibrante, inmensa y magnética.





2-    Nightcrawler, Dan Gilroy (Estados Unidos)

Te gustaría mirar hacia otro lado, fingir que se trata de una parodia y que hay cosas que sólo pueden ocurrir en la ficción, pero en tu fuero interno sabes que todo parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Descarnada, inquietantísima, asfixiante y más que desagradable, con un escalofriante y muy psicópata Jake Gyllenhaal a la cabeza, el periodismo sensacionalista (¿más allá del Atlántico?) es esto.





3-    Ex_machina, Alex Garland (Reino Unido)

Puede que esta turbadora mezcla de ciencia ficción, thriller psicológico y drama, a priori, parezca no ofrecer nada nuevo, pero a medida que avanza su trama, se van hilvanando algunas ideas y reflexiones de forma inteligente y fresca, de tal forma que logra que nos enfrentemos al conocido conflicto hombre vs máquina con una luz nueva. Está lejos de ser una feel-good movie (más bien todo lo contrario), pero su inteligente, satírica y reflexiva guerra de sexos bien vale un ticket hacia el país de las pesadillas.





4-    A most violent year/ El año más violento, J.C. Chandor (Estados Unidos)

Una atmósfera tensa, viciada y opresiva, fotografiada en tonos beige, envuelve esta crónica de la degradación moral que se ve con ese desasosiego y malrollismo de las tragedias, en las que el bad ending resulta inevitable. Protagonizada por la pareja Isaac-Chastain en estado de gracia, en ningún momento nos muestra esa violencia explícita y descarnada que suele abundar en films del mismo género. Lo suyo es una violencia soterrada, sutil, implosionada.





5-    Force Majeur (Tourist)/ Fuerza mayor, Ruben Östlund (Suecia)

¿Puede un sólo gesto de egoísmo y cobardía abrir una grieta lo suficientemente potente como para cuestionar una identidad y un rol (anquilosado) dentro de una relación? ¿La pareja, como la conocemos, está en peligro de extinción? Fuerza Mayor, además de responder a estas preguntas, desentierra “hanekemente” todo aquello que se esconde, convenientemente, bajo la nieve, de cara a todas las galerías.





6-    Song of the sea/ La canción del  mar, Tomm Moore (Irlanda)

La delicadeza hecha película. Visualmente deslumbrante y profundamente tierna y conmovedora, esta preciosa leyenda irlandesa, no sólo enamora a público de todas las edades (y sensibilidades), sino que, aún mucho tiempo después de su visionado, te sigue reclamando a través de sus nada engañosos cantos de sirena. En mi modesta opinión, la película de animación del año.





7-    Phoenix, Christian Petzold (Alemania)

Un argumento tan aparentemente poco creíble (una mujer que se reconstruye quirúrgicamente el rostro tras ser torturada durante la segunda guerra mundial, “aprende” a hacerse pasar por ella misma, al estilo Vértigo, guiada por su interesado marido, que la cree una doble de su difunta esposa), se vuelve fascinante gracias a una cuidada e intensa atmósfera y el magnífico trabajo interpretativo de sus protagonistas (especialmente de una genial Nina Hoss). Por si esto no fuera suficiente, Phoenix tiene un final tan redondo y deslumbrante que intensifica y revaloriza toda la película.






8-    White God, Kornél Mundruczó (Hungría)

En la inspiradísima lucha entre el bien y el mal que nos plantea este moderno cuento de hadas, no posicionarse o replantearse cuál es tu escalón de responsabilidad y privilegio es imposible. ¿Nos aporta algo valioso, como sociedad, el abuso de todos los considerados “inferiores”? ¿Nos condenamos como individuos con cada acto de no empatía hacia aquellos que pertenecen a una diferente etnia, raza, cultura, orientación sexual o especie? ¿Todo el sufrimiento innecesario que causamos vuelve a nosotros? El film comienza y acaba en un matadero. No puede ser casualidad. Posiblemente, mi film favorito del pasado 2015.





9-    Eden, Mia Hansen-Løve (Francia)

Eden es un film generacional pero no hace falta haber experimentado la vorágine noventera para empatizar con sus protagonistas o sumergirse de lleno en sus hipnóticos planos secuencia. Eden, básicamente, es un film sobre el peterpanismo, o más concretamente, sobre la creencia juvenil de que siempre habrá tiempo y espacio para convertirnos en las personas que estamos destinados a ser. Es por eso que en su segundo acto, cuando sus protagonistas ya no están en la primera juventud y lo hipotético debe convertirse en algo seguro, directo y tangible, el film nos da una bofetada en el rostro. Y es en esta última parte cuando Hansen-Løve nos demuestra que la aparentemente ligera, desenfrenada y algo excesiva primera parte tenía mucho (demasiado) sentido.





10- El Club, Pablo Larraín (Chile)

¿De qué tamaño debe ser una alfombra para contener algunas de las peores y más vergonzosas e imperdonables miserias humanas? ¿Quién tiene más responsabilidad: el hombre malo o el bueno hipócrita que aun siendo consciente de las maldades del otro elige no hace nada? Esta es la historia que la iglesia católica llevaba años pidiendo a gritos, pero que nadie se había atrevido a contar. El film de Larraín es, probablemente, el más desagradable, áspero, opresivo y dolorosamente incómodo que pasó por nuestras pantallas el año pasado, pero, al mismo tiempo, durante su visionado, un@ no puede evitar preguntarse por qué demonios ha tardado tanto.





11- Lilting, Hong Khaou (Reino Unido)

Una historia pequeña y sutil, de esas que susurran mucho y nunca subrayan, que aparentemente parecen hablar de algo personalísimo y concreto, pero que en el fondo esconden rutas universales por las que todas y todos hemos transitado (o transitaremos) alguna vez. Profundamente conmovedora, Lilting nos muestra a dos personajes heridos y magníficamente retratados en un duelo en el que ambos sólo pueden ganar o perder. Su delicado mosaico emocional acaba siendo una muy potente lección de humanidad.





12- The diary of a teenage girl, Marielle Heller (Estados Unidos)

Nos han contado esta historia muchas veces, pero el protagonista casi nunca era una mujer. Por eso, libre de cualquier tipo de corsé moral, su voz resulta tan fresca y (tristemente, aún hoy,) valiente y transgresora. Sin embargo, esta estupenda opera prima no sólo resulta notable por su más que necesaria lección de feminismo, sino por la honestidad, personalidad y hondura con la que está narrada. Acompañar a la muy precoz Minnie Goetze mientras se enamora (muy comprensiblemente) del novio de su madre, para perderse y reencontrarse por los muy libres años setenta, resulta fascinante y, a ratos, liberador.





13- The Lobster/ Langosta, Yorgos Lanthimos (Grecia)

Es imposible olvidar el muy raruno y descaradamente misántropo film de Lanthimos. Tanto si tienes una relación estable (convencional o no), como si estás solter@ (voluntariamente o no), The Lobster te colocará en la sala de espejos de La dama de Shangai y sabrás que, al menos, una de balas que van dirigidas hacia ti te alcanzará de pleno. Los absurdos convencionalismos que encorsetan la necesidad del otro, el amor y las relaciones de pareja, como no los has visto (y sufrido) hasta ahora. Detectora y asesina de introyectos (como todos los cuentos), se asentará en tu inconsciente mucho antes de llegar a la consciencia.





14- 45 years/ 45 años, Andrew Haigh (Reino Unido)

¿Es posible vivir toda una vida olvidando e ignorando la fragilidad y transitoriedad de las cosas? Sólo se le puede poner una pega a este interesantísimo film británico: que su caja de Pandora, posiblemente, tarde más de una semana en abrirse del todo. Sin embargo, su sintética narración resulta fluida y creíble porque nos la narran con honestidad y sencillez, y sin abusar, en ningún momento, de desgarrados subrayados y dramatismos (lo que nos cuenta Charlotte Rampling a través de sus miradas, sin siquiera pronunciar una palabra, no es de este mundo). 45 years llegó casi a final del año, como un regalo de navidad con su envoltorio aparentemente inmaculado. Quien nos iba a decir que, al abrirla, acabaría resultando la película más dura, pesimista y descarnada del año.





15-  Star Wars. Episode VII: The force awakens/ Star Wars: El despertar de la fuerza, J.J. Abrams (Estados Unidos)

Llevábamos tanto tiempo esperándola… Hay demasiados mundos y galaxias por explorar y J.J. Abrams y su equipo han demostrado que son capaces de hacer cosas aparentemente fáciles en teoría pero dificilísimas en su práctica (y que Lucas dio por sentadas): prácticamente desde su presentación, simpatizas y/o te encariñas con los personajes, te sumerges alegremente en su trama obviando que no todos sus homenajes/copias de guión o deus ex machina son afortunados, te emocionas, ríes, lloras, sufres, agradeces todos y cada uno de los reencuentros y celebras, casi con aplausos, que el jedi con más potencial que nos han presentado hasta la fecha sea (¡por fin!) una mujer (Spoiler: esa escena en la que Rey le “arrebata” el sable laser a Kylo Ren debería estar ya en algún top de los mejores momentos cinéfilo-feministas de la historia). Como prometedora carta de presentación, nos sugiere que lo mejor está por llegar, y tal vez sea especialmente por este motivo por lo que resulta difícil no entusiasmarse con ella. En mi caso, no sé a quién le ha gustado más: si a mi friki adolescente o a mi yo feminista.


And…




What we do in the shadows/ Lo que hacemos en las sombras, Taika Cohen, Jemaine Clement (Nueva Zelanda)

Agradecidísima marcianada sobre los sinsabores del hastío del vampiro moderno. Este mockumentary chupasangril es tan simpático, gamberro, raruno y divertido que se merece un puesto en cualquier lista de the best of 2015. Que podamos recordarla con cariño y una sonrisa meses después de su visionado Y7o estemos deseando volver a verla, reafirma por qué ya la han proclamado la comedia de culto de la temporada. A quien corresponda: mil gracias por el hilarante gag de los retratos. Jim Jarmusch, what did you think?


Echando de menos…




A la hora de realizar esta lista me he encontrado con un frustrante problema: casi la mitad de mis títulos escogidos, vistos en la última edición del Zinemaldia, no se han estrenado aún en España, así que he tenido que sustituirlos por otros que, aunque notables, no han llegado a llenarme y entusiasmarme de la misma forma.

Y es que el 2016 nos traerá (crucemos los dedos) maravillas como Son of Saul (este durérrimo must-see de László Nemes se estrena YA: el 15 de enero); Nuestra hermana pequeña o la última maravilla de Hirokazu Kore-eda; esa esperada genialidad  dirigida por Duke Johnson y Charlie Kaufman llamada Anomalisa; Mountains may depart, del realizador chino Jia Zhang Ke; la inquietantísima y asfixiante Evolution de Lucile Hadzihalilovicy; y la adaptación al cine, made by Ben Wheatley, de la muy controvertida High-Rise.

¿Cuáles son las vuestras? ;)


P.S. Por cierto, me he trasladado. Seguiré actualizando en ambos, pero mi casa oficial es If you need me, whistle! :)


*


08 October 2015

Zinemaldia 63, day 9: De Marcos sin Amedio, pasiones lorquianas, quiniela y conclusiones.



El noveno y último día del zinemaldi, libre de pases de prensa oficiales, parece destinado a ser una suerte de jornada de reflexión hasta el momento (aproximadamente entre las 21:30-22:00 de la noche) en el que la/el president@ del jurado (en esta ocasión la actriz Paprika Steen), nos desvele su fallo. Pero en lugar de limitarse a tuitear tops 5 o tops 10, o de hacer porras compulsivamente en los bares y cafeterías, el/la acreditad@ medi@, no satisfech@ con la media de 40-50 películas vistas en 8 maratonianos días (hagan cuentas, ladies & gentlemen), aprovecha hasta el último minuto de festival para poder echarse aún más fotogramas a sus sobreestimuladas retinas. E, invitación mediante, nos seguimos encontrando en las colas (tanto que parece que los pases “normales” no se diferencian demasiado de los de prensa). ¿Qué más da que no podamos sentir las piernas, que arrastremos una contractura en los hombros o que los ojos acaben, cada día, cual berenjenas? Como bien me recuerda mia mamma: sarna con gusto no pica.




Adama

Esta producción francesa nos cuenta la historia de Adama, un niño de 12 años que vive en una remota aldea de la África Occidental. Una noche, Samba, su hermano mayor, desaparece y Adama, desafiando la prohibición por su edad, decide ir en su busca. Y esta odisea (al más puro estilo de un Marco fraterno) lo llevará más allá de los mares del norte, al frente de batalla de la Primera Guerra Mundial (estamos en 1916).

A priori, Adama tiene todo lo que necesita un film (de animación o no) para tocar la fibra sensible del espectador: historia emotiva de amor fraterno, cuento de iniciación, drama histórico, “retorno a las raíces” y apunte reivindicativo-racial de personajes habitual e injustamente sin voz (no fueron pocos los soldados africanos que lucharon y murieron en la primera gran guerra), entre otros. Sin embargo, a pesar de tocar todos estos temas y de poseer una bella factura (el film es intachable desde el punto de vista técnico), su odisea nos resulta demasiado ajena, demasiado fría, como si en un intento de huir de innecesarios sentimentalismos (tan habituales en este tipo de producciones), se hubieran olvidado de insuflarle la dosis justa de emotividad o de alma (por mucho que intentemos empatizar y sufrir con su personaje, nos resulta imposible). Adama, mal que nos pese, es un bonito, desangelado, bienintencionado y desaprovechado cuento. Otro más…




Quiniela y top

Y mientras espero pacientemente para ver mi última película, elaboro una pequeña quiniela en mi cabeza (que conste en acta que que me he perdido 3 films que podrían haber alterado mi top 5: Sunset Song, Sparrows y 21 nuits aver Pattie). Por lo tanto, mis pelis favoritas de la sección oficial, más o menos en este orden, son High-Rise, Evolution, The boy and the beast, Les démons y Truman, y me encantaría que entre las 5 se repartieran el pastel. Si el jurado tiene el mismo sentido del riesgo que el zinemaldi, debería ganar High-Rise y el premio al mejor director tendría que ser para su director, Ben Wheatley. El premio especial del jurado podría caer en Evolution o The boy and the beast. Las actrices de Freeheld (Ellen Page y Julianne Moore) podrían rascar algo en el apartado mejor actriz (aunque lo dudo, dado que son estrellas y los jurados de Donosti tienen complejo de ONG); y el mejor actor, por otra parte, podría ir a (suspiro) Tom Hiddleston (aunque lo dudo, por los motivos anteriores), o bien recaería ex aequo en el duo Darín-Cámara en Truman (no tiene sentido que premien a uno sin el otro). El mejor guión me tiene desquiciada. ¡No sé a cuál escoger! Pero… ¡shush, silencio sepulcral! Se apagan las luces y comienza mi última película…




La novia

“¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba”.

Tal vez el film de Paula Ortiz sea, más que cualquier otra película presente en esta edición, el test de Rorschach definitivo para conocer la sensibilidad fílmica, estética y lírica (y el nivel de complicidad) del espectador. Si no se habita en el mundo de la sinestesia y/o no se posee una viva imaginación sensorial, la radical propuesta de La novia puede quedarse en una mera sucesión de bonitas postales o de una preciosista y artificial lucha entre el fondo y la forma, donde casi siempre acaba ganando la segunda. En mi caso, por ejemplo (no sé hasta qué punto debido a la altas expectativas o a la saturación fílmica), viví instantes de una belleza abrumadora, junto a otros que me chocaron/chirriaron, sacándome momentáneamente de la película (como, por ejemplo, la versión de un mítico tema de Leonard Cohen en cierta escena clave de lucha).

Sin embargo, a pesar de su potencialmente chocante juego visual, el auténtico protagonista de la obra, ese cuchillito que se clava, sigue siendo el verso lorquiano. Ortiz es fiel a su idiosincrasia y materializa brillantemente todos los símbolos del escritor granadino: la luna (mensajera femenina de la muerte), la sangre (prolongación de la estirpe, oposición entre la vida y la muerte, casta, sexualidad),  el bosque (la pasión más primaria), el caballo (instinto, muerte y potencia masculina), y el color amarillo (la amargura de la tierra seca, que envejece el cuerpo y el alma).

El film, por otra parte (y esto no admite discusiones), resulta sobresaliente tanto en su fotografía, dirección artística, vestuario e interpretación. Una deslumbrante y entregadísima Inma Cuesta, brillante en todos los registros de su personaje (atención a su sensual versión de La Tarara), se clava en tu inconsciente como la novia definitiva, aunque Luisa Gavasa, la suegra terribilis, tampoco le va a la zaga comiéndose la pantalla en cada una de sus apariciones (si el zinemaldi resulta, como viene siendo habitual, la antesala de los Goya, los premios de mejor actriz y mejor actriz de reparto deberían ser suyos).

Y es que La novia, bien extasíe o desespere, es, no sólo un must de la temporada, sino uno de esos films cuya simple existencia hay que celebrar (y ha sido dirigida, cosa aún más tristemente insólita, por una mujer, por lo tanto la celebración es doble). Y es que son las joyitas originales, rompedoras y frescas como esta las que nutren y dotan de alas al cine. ¿Le habría gustado a Lorca? Definitiva y rotundamente, sí.

“Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas”.




Conclusiones

Con el pastel descubierto y el triunfo desapasionado de Sparrows (ya es mala baba que haya ganado uno de los pocos films que no he visto), sólo queda, una desafortunada edición más, digerir la decepción y rumiar las conclusiones.

A tenor de la nota media de las películas presentes en la sección oficial, esta ha sido la edición 6.0. Más bien descafeinada, libre de grandes bodrios, pero también de ese peliculón que despierte un entusiasmo colectivo e incontestable, el sentimiento agridulce se ve incrementado este año por la incomprensible programación (las pelis más arriesgadas, rompedoras e interesantes se presentaron los primeros días, alejando, más si cabe, el poso agrio del dulce).

Sin embargo, no sólo de la sección oficial vive el/la cinéfil@. Las perlas son la apuesta segura que solo ocasionalmente falla, y tanto Nuev@s Director@s como Zabaltegi han tenido buen nivel. Sin embargo, la sección estrella, en esta ocasión, ha sido Horizontes Latinos, donde todas las películas presentes (premiadas y/o muy bien valoradas por la crítica en otros festivales) han traído de cabeza al acreditad@ medi@ por aquello de no estar incluidas en su programación oficial (¡snif!).

Siempre me ha resultado difícil elaborar tops, así que, mis recomendaciones, sin orden de preferencia, solo puedo agruparlas en:

*Películas que me han removido, impactado profundamente, traumatizado, dejado en estado de shock y/o han sido todo un “food for thought”:

High-Rise (Ben Wheatley, S.O), Evolution (Lucile Hadzihalilovic, S.O.) y Son of Saul (László Nemes, Perlas).

*Películas que me han reconciliado con la vida:

Umimachi diary (Hirokazu Kore-eda, Perlas).

*Películas que consiguen que me reenamore del cine:

Mountains may depart (Jia Zhang Ke, Perlas),  Anomalisa (Charlie Kaufman y Duke Johnson, Perlas) y La novia (Paula Ortíz, Zabaltegi).

*Películas “abrazo cómplice”:

Trois souvenirs de ma jeunesse (Arnaud Desplechin, Perlas),  Bakemono no ko / The Boy and the Beast (Mamoru Hosoda, S.O) y Les démons (Philippe Lesage, S.O.)

*Películas “mantita”:

Truman (Cesc Gay, S.O) y Mia madre (Nanni Moretti, Perlas).

*Películas “subidón adrenalínico”:

El Clan (Pablo Trapero, Perlas) y Sicario (Denis Villeneuve, Perlas).





Sin embargo, y aunque resulte algo paradójico por aquello de la mucha rabia que da, uno de los regalos del festi, es la larga lista de títulos pendientes que han entusiasmado y que tú, por un motivo u otro, no pudiste ver. Mi lista, este año, es:

Perlas: Me and Earl and the Dying girl y Taxi Teheran.

Zabaltegi: Psiconautas  y Un día vi 10.000 elefantes.

Nuevos directores: Le Nouveau.

Horizontes Latinos: El Club, El abrazo de la serpiente, El botón de nácar, Desde Allá, Chronic, Paulina e Ixcanul.

Zinemira: Un otoño sin Berlín, Distric Zero y Walls.


Jose Luis Rebordinos, el director del zinemaldi, asegura que “el festival de San Sebastián es un milagro” y yo me lo creo. Y con tres firmes propósitos para la siguiente edición: llevar siempre colirio en el bolso, ver 4/5 películas por día y dormir más de 4 horas por noche, corto y cierro la crónica de la 63 edición del Zinemaldia. Gracias por haberme acompañado en la intermitente (y algo retrasada) travesía.


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