18 October 2016

Top 10 de la 64 edición del Zinemaldia




Hacer un top 10 de entre las 32 películas que tuve la suerte de ver en la última edición del zinemaldia, resulta una tarea masocamente meticulosa (además de tremendamente injusta) digna de los periodistas de Spotlight. Hay algunos títulos, de los que hablaré en futuras entradas, que podrían haberse colado en esta lista y que, posiblemente, incluso, resulten “objetivamente” mejores y más redondos que las películas que muestro a continuación. ¿Qué criterio he escogido, entonces? Simplemente, el cosquilleo en la nuca, como diría June Allyson en The Glenn Miller Story o la sensación de que esos films aportaban algo inusual, original, revitalizante y/o estimulante a mi bagaje cinéfilo.  Eso sí, el orden de este top, salvo el incuestionable número 1, es totalmente arbitrario. Pasen y lean ;)  







10- Porto, Gave Klinger (Nuev@s Director@s)

Cuando una ciudad como Oporto sirve como escenario para una love story, su evocador resultado solo puede estar impregnado de saudade. Dos jóvenes se enamoran y comparten una sola noche, la más intensa, íntima, apasionada y erótica de sus vidas. Las influencias que nutren este romance nos son muy familiares, desde Before sunrise, pasando por Eternal sunshine of the spotless mind, hasta In the mood for love (de Richard Linklater, por ejemplo, toma su capacidad para capturar los momentos mágicos que nos marcan y definen y de Wong Kar-wai su fascinante acercamiento poético al romance).

A Gave Klinger, antiguo crítico, ahora director y co-guionista, le pierden sus ínfulas linklaterianas y en ocasiones se le va la mano en los diálogos, que chirrían por excesivamente impostados y cursis, sin embargo hay muchos elementos en Porto que compensan sus imperfecciones y la convierten en un título más que recomendable. Dividida en tres capítulos, conocemos primero la historia desde el punto de vista de él, después del de ella y finalmente a través de ambos (centrada en el encuentro sexual, uno de los más emocionalmente intensos que he visto en mucho tiempo), pero nunca de manera convencional, sino en forma de retazos, saltando continuamente a través del tiempo y jugando con diferentes formatos (super 8, 35 mm y 16 mm).

Pero lo verdaderamente sobresaliente en Porto es el poso que deja en el espectador. Resulta imposible no encontrar nada autobiográfico en ella, así que, con el tiempo, no solo va creciendo en la memoria, sino que se redimensiona,  adquiere nuevos matices y nos duele más (como nuestros recuerdos). Si a todo esto añadimos que se trata del último trabajo del tristemente fallecido Anton Yelchin, al que se dedica la película, el sentimiento de saudade es absoluto.




9- Que Dios nos perdone,  Rodrigo Sorogoyen (Sección Oficial)

Que el thriller patrio viene muy fuerte este 2016 es ya un secreto a voces, y el mejor ejemplo lo encontramos en lo último de Rodrigo Sorogoyen. Aunque se le pueda achacar cierta falta de originalidad o cierto abuso del “Fincher style”,  Que Dios nos perdone es un potente y sólido film en el que todos sus elementos están muy cuidados y perfectamente integrados, más allá de su perturbadora trama policial. Destaca su afilado guión (merecidamente premiado en esta edición del zinemaldi), en el que, desde la capa más externa (la sociedad) a la más interna (sus protagonistas y su microcosmos, unos excepcionales y aparentemente opuestos Roberto Álamo y Antonio de la Torre), pasando por la media (el entorno policial) se analizan diferentes niveles de crueldad, violencia y miseria.

No hay buenos y malos en este film, tampoco catárticas dosis de justicia, sólo personajes dolorosamente humanos, contradictorios y extremadamente ricos en su complejidad, cuyos arcos dramáticos vemos transformarse brillantemente. Que Dios nos perdone habla de la responsabilidad social, ética y moral y muestra con áspera contundencia que nadie está a salvo de las heridas del pasado. Como dicen los psicólogos “tod@s somos víctimas de víctimas” (y, en algunos casos, verdugos de verdugos).




8- Nocturama, Bertrand Bonello (Sección oficial)

Resultaría tremendamente injusto que Nocturama pasara a la historia como “la película que rechazó Cannes”. El film de Bonello, emparentado con la notable Elephant de Gus Van Sant, presenta muchos aspectos atractivos más allá de su clara vocación polémica. Ante todo, es un film que te zarandea y desafía como espectador y como ser humano empático en busca de respuestas. Durante su desconcertante, intensa y frenética primera hora, vemos orquestarse un plan macabro llevado a cabo por un grupo de jóvenes de diferentes estratos sociales y orígenes raciales. En su segunda y más dispersa mitad, rodada íntegramente en un centro comercial, no sólo no se ofrece explicación alguna a lo contado con anterioridad, sino que confronta a sus (¿psicópatas?) protagonistas con sus propias ambivalencias y contradicciones, mostrándolos como seres infantiles, irresponsables y vacíos, y, en definitiva, como los resultados y víctimas del sistema al que pertenecen (genial la escena en la que uno de los jóvenes se topa con un maniquí vestido exactamente como él). Y, a pesar de las pocas pinceladas que poseemos de las personalidades de cada uno, resulta inevitable verlos como seres humanos en lugar de como repugnantes asesinos, y es entonces cuando surge la terrorífica, incomodísima e inquietante pregunta: ¿y si ciertos comportamientos psicopáticos pertenecieran a una especie de subcategoría extrema de histeria colectiva? ¿y si, en las más desafortunadas circunstancias, es@ joven hubiera podido ser yo?

Sólo por abducirnos emocionalmente con tanta intensidad, por resultar tan profundamente perturbadora y por hacernos plantear tan clara y contundentemente todas estas cuestiones, Nocturama merece aparecer en cualquier top este año.




7- After the storm, Hirokazu Koreeda (Perlas)

Siempre resulta una gozada reencontrarse con Koreeda. Importa poco que, con 9 films a sus espaldas, los elementos de su microcosmos y sus temáticas nos resulten agradablemente (y, para algun@s, entre l@s que no me encuentro, aburridamente) familiares. El director japonés, como tod@s l@s buen@s storytellers, sabe narrar situaciones universales desde lo personal y particular, crear personajes profunda y conmovedoramente humanos y, sobre todo, es capaz de retratar como nadie las relaciones familiares de principios de siglo XXI. Y lo hace siempre con tanta honestidad y calidez, que lo seguimos dócilmente durante cada tramo del relato.

En esta ocasión se nos presenta una situación con la que resulta difícil no identificarse. Un protagonista dolido, frustrado y consumido por unos sueños y expectativas ¿inalcalzables?, atrapado en un impasse vital en esa cruel etapa de la existencia en la que se nos exige materializar la vida en resultados. También está su encantadora madre, una ex esposa con la que espera reconciliarse y un hijo con el que no se sabe comunicar. Ah, y una tormenta, una fuerza de la naturaleza purificadora y catalizadora, capaz de poner en movimiento cualquier tipo de agua estancada. Y Koreeda nos lo cuenta todo tan bien, que sentimos pena de despedirnos de esta fracturada familia cuando llega el inevitable sayōnara.





6-La reconquista, Jonás Trueba (Sección oficial)

Si yo escribiera y/o dirigiera películas, seguramente, me gustaría hacer algo tan bonito y elegante como La Reconquista. Porque es de una sensibilidad, nostalgia y romanticismo desarmantes, y porque sus personajes reflexionan mucho y bien sobre el amor y la vida, con una sensibilidad rohmeriana y linklateriana que, hasta ahora, ha resultado tristemente insólito en el idioma español. Y con las alas de rara avis desplegadas, consciente de la responsabilidad de rellenar ese hueco fílmico, nos conduce por una primera hora mágica y subyugante en la que sus protagonistas se reencuentran, (se) escuchan, bailan, aprenden, se expresan y callan, delatándose y definiéndose siempre.

En su segunda mitad, pega un volantazo, se desvía casi dolorosamente de ese presente que nos gustaría protagonizar,  y nos conduce directamente al pasado de sus protagonistas, cuando ambos tenían unos precoces e insultantemente maduros 15 años. Y es aquí cuando llega la irregularidad y parte del desencanto como espectador, porque ese segundo acto no se siente tan intenso, contundente y fascinante. Pero tarde o temprano nos volvemos a enganchar para asistir a una más que interesante reflexión sobre el paso (y el peso) del tiempo, la fragilidad del amor y la irremediabilidad de sus cuentas pendientes.
Jonás Trueba confirma con La Reconquista que es un cineasta al que vale la pena seguir. Suya es la love story más bonita, intensa y personal del año. Lamentablemente, a menos que el boca-oreja u otros mecanismos promocionales funcionen, pocos espectadores sabremos que, como cantaba Rafael Berrio, “somos siempre principiantes” o que “debe estar la Arcadia en flor…”





5- La tortuga roja, Michael Dudok de Wit (Perlas)

Hay films que, al descubrirlos por vez primera, te plantean ideas e impresiones antitéticas. En el caso, de La tortuga roja, en mi mente surgió un “¿cómo se le habrá ocurrido a alguien semejante maravilla?” y, al mismo tiempo, “¿cómo es que nadie la había creado hasta ahora?”. Y es que esta fábula silente resulta tan universal, tan profundamente humana, tan deslumbrantemente simbólica y lírica que la conocemos desde siempre (o, más bien, la reconocemos).

La historia es aparentemente sencilla. Un hombre naufraga en una isla. Se le priva de todo, salvo de sí mismo y de su ingenio en plena naturaleza salvaje. Si intención inicial es huir en una balsa, pero no puede. Un obstáculo que no puede ver y que resulta más fuerte y poderoso que si mismo se lo impide. Finalmente el escollo se materializa: es una gigantesca tortuga roja. Loco de ira, el hombre decide atacarla, dominarla, asesinarla incluso. Y cuando el animal yace vulnerable y moribundo boca arriba, descubre que ha cometido un terrible e imperdonable error.

Tras este interesante punto de partida, se nos invita a reflexionar sobre nuestra condición de animales humanos en constante y sana comunión con una naturaleza de la que no podemos y no debemos escapar y a la que nunca podremos dominar, a riesgo de destruir el frágil equilibro que nos sustenta. Et voilà, un prodigio narrativo de 80 escasos minutos poseedor de un enorme carga simbólica, ecologista y emocional. Inolvidable y directa al baúl del inconsciente, como todos los buenos cuentos.





4-  Colossal, Nacho Vigalondo (Sección oficial fuera de concurso)

Lo peor que le puede pasar a lo último de Vigalondo es que un@ lea su sinopsis y espere encontrarse con un film de ciencia ficción “emmerichiano” catastrófico y ultratestosteróneo al uso, una parodia ingeniosa del cine de kaiju, una comedia romántica gamberra o una mezcla más o menos afortunada de todo lo anterior. Colossal no pretende ser nada de eso. Es otra cosa. Si hubiera que definirla sin conocer los 5 niveles que la sustentan, según su director, la calificaríamos como anti-comedia romántica-existencialista-feminista. O, al menos, así es cómo la ve esta humilde bloguera.

La ciencia ficción, aunque está ingeniosamente integrada, sólo es un MacGuffin para hablar de otra cosa: de la crisis de los 30, de las expectativas románticas, de la capacidad de influir/las consecuencias de nuestra irresponsabilidad sobre vidas ajenas, del empowerment femenino, del machismo y de las viejas masculinidades (especialmente la heteropatriarcal y tóxica). Y es en este insólito experimento fílmico o cocktail mezclado y no agitado, donde radica su mayor atractivo y su mayor defecto: sólo puede encantar o dejar indiferente. No hay término medio. Si no entras en sus constantes cambios de tono y género, estás perdid@, Colossal no es tu película.

A mi ya me habría ganado solo por su originalidad marciana, su condición de anti-comedia romántica, sus toques de hilaridad y por su estupenda Anne Hathaway (también productora ejecutiva), pero es su espíritu feminista y su catártico desenlace lo que me han convertido al “vigalondismo” irremediablemente (tanto es así que le perdono sus inconsistencias de guión, su pérdida de ritmo en su segunda mitad y el hecho de no aprovechar del todo sus posibilidades “monstruiles”). Que un film comercial se atreva a contar todo esto desde un agradecidísimo y tristemente insólito punto de vista femenino me anima a creer en el futuro de la humanidad. Gracias, Vigalondo.





3- Toni Erdmann, Maren Ade (Perlas)

La primera película galardonada con el premio Fipresci dirigida por una mujer (subrayado y suspiro de ¿pero cómo han podido tardar tanto?), es de una osadez y equilibrio funanbulil que cuesta creer que exista. Tan pronto resulta hilarante y absurda como dolorosamente seria, sabia y profunda. Y son tantas las veces que noquea que resulta imposible permanecer indiferente o no plegarse ante su inteligencia.

La agridulce relación paternofilial entre una yuppie ultraprofesional y su alocado, solitario y extravagante padre sirve de excusa para servirnos un delicioso cocktail de casi 3 horas perfectamente mezclado en el que, además de la depresión y de la dificultad de mantener relaciones humanas satisfactorias, nos habla de la deshumanización del trabajo y del capitalismo caníbal, entre otros muchos temas. Y la experiencia es tan gozosa, que le perdonamos cierto desmadejamiento hacia la mitad del film (podríamos recortarle media hora sin problemas).

Porque a lo largo de su metraje, los personajes crecen, evolucionan, se humanizan y, de paso, nos humanizan y reconcilian un poco con el mundo. Y por si su visionado no fuera suficiente, Toni Erdmann, con su descacharrante dentadura postiza, nos sigue visitando días después, para que sigamos riendo y enterneciéndonos con sus escenas clave (atención al emotivo momento “abrazo osuno”, la tronchante “the naked party” y a la reveladora interpretación de “The Greatest Love of All”). Gracias a este “dramedy” he aprendido una palabra clave en alemán que se repite a lo largo de todo su metraje y que no creo que sea capaz de olvidar jamás: glück (feliz, suerte, dicha, felicidad). Pues eso.





2- Ma vie de Courgette, Claude Barras (Perlas)

En un festival en el que la duración media de las películas es de 120 minutazos y cuya temática parece abducida, en parte, por desquiciados niños/adolescentes psicópatas, de repente, llega un pequeño huérfano ojeroso apodado Calabacín y nos regala un cuento luminoso, tierno y profundamente humanista de 70 minutos que es todo un prodigio de concisión narrativa y conexión emocional con el espectador. No es de extrañar que esté arrasando y que se lo haya llevado todo (mejor película y premio del público en el festival de Annecy, la candidatura suiza a mejor película de cara a los Oscars y ahora el premio del público del zinemaldi como mejor film europeo).

Delicia artística y visual de stop-motion, Ma vie de courgette es un cuento sobre niños pero en absoluto infantil, que no pierde en ningún momento su estilo grave, hondo, profundamente agridulce que le confiere un tono adulto. Temas como la orfandad, la falta de figuras de apego/amor, la soledad o el duelo en la época más vulnerable de la vida están presentes, pero sorteando una buena parte de sus tópicos y de forma cuidadosa y delicada en todo momento. Cada personaje, desde los niños a los no siempre entrañables adultos, tiene una personalidad muy clara y definida y resulta querible hasta el punto de derrochar emotividad. Contrapunto sano y necesario (no necesaria y exclusivamente festivalero), Ma vie de courgette es uno de esos films “prozac” hechos con tanto mimo y talento que confirman y renuevan tu cinefília.





1-Arrival, Denis Villeneuve (Perlas)

Si hubiera tenido que publicar esta crítica el día que vi la última película del (imparable) director canadiense (o el día siguiente), no habría podido escribir ni una línea. El shock emocional fue tan inmenso que bien podría describirse como síndrome de Stendhal. Y no fui la única. Me atrevo a asegurar que casi tod@s l@s que componíamos el pase de prensa sentimos el mismo doble gancho al corazón y a la cabeza y la misma sensación de trascendencia (no recordaba una reacción del público tan intensa desde Gravity) y lo supimos: Arrival haría historia.

Una vez más, que nadie se deje “engañar” por su sinopsis (su guión no podría parecerse menos a las películas de invasiones y contactos extraterrestres que ya conocemos). Basada en el relato “Story of Your Life” de Ted Chiang, la experiencia que nos propone Villeneuve supera todas nuestras expectativas como espectadores porque el MacGuffin alienígena es la excusa perfecta para hablarnos, por un lado, de la celebración de comunicación como base moral, social y política de nuestra (y de todas) las sociedades y de la trascendencia del lenguaje como instrumento pacifista y, por otro, nos plantea el estudio del duelo por un ser querido que acaba resultando toda una celebración de la vida, todo ello desde una perspectiva intimista e insólita hasta la fecha.

Arrival es, además, impecable desde el punto de vista técnico y visual (ecos kubrikianos resuenan en más de un fotograma y en algún momento es imposible no pensar en 2001: Una odisea del espacio). Pero el corazón del film, además de la inspirada y ajustadísima música de Jóhann Jóhannsson (atención a la delicada aportación de Max Richter), es Amy Adams, excelente en su papel de lingüista y anti-heroína dividida entre la responsabilidad político-profesional y el abrumador peso de la pérdida (nos recuerda, inevitablemente, a Jodie Foster en Contact y a Jessica Chastain en Interstellar, films con los que Arrival comparte no pocos paralelismos). Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, el film posee uno de los más poderosos, líricos y emotivos clímax de la historia del cine reciente (que como espectadores, nos regala, además, una disyuntiva de lo más interesante). ¿Obra maestra? El tiempo lo dirá, pero lo que sí se puede asegurar es que su viaje emocional resulta absolutamente imprescindible. Mágica.


Esta misma entrada, mucho más cuca, en ifyouneedmewhistle.wordpress.com  ;)



07 July 2016

Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (part 2)




La decepción se había apoderado de hasta el fan más acérrim@ de Juego de tronos. Tras los 5 notables primeros capítulos, el sexto, séptimo y octavo, a pesar de brillantes pinceladas puntuales, resultaron preocupantemente sosos, descafeinados y narrativamente insustanciales, concentrándose en tramas secundarias o menos interesantes, incluyendo/alargando escenas prescindibles o abusando de anticlimáticas elipsis. Sin embargo, y para alegría de tod@s, los capítulos que han cerrado la irregular temporada, no sólo nos han hecho olvidar, de un plumazo, el mal sabor de boca, sino que han superado, en todos los niveles, tanto desde el punto de vista artístico como narrativo y argumental, los mejores episodios de la serie. Si quedaba alguna duda de que GoT acusaba signos de desgaste y no podía sorprender o reinventarse, se han disuelto por completo. Ya solo nos queda soñar a lo Bran con visiones futuras. ¿Lo mejor está por llegar? Repasemos, spoiler alert mediante, los motivos que nos invitan a ilusionarnos:




Lyanna “Badass” Mormont

En una temporada agradecidamente feminista, la guinda del pastel la ha puesto la robaescenas instantánea (y prima de Jorah) Lyanna Mormont, esa niña insultantemente autoritaria y precoz, capaz de infundir tanto respeto que, de haber entrado en Hogwarts, ni el propio sombrero seleccionador se habría atrevido a asignarle casa. Tras acceder casi a regañadientes (y Davos mediante), a prestarles “4 soldaditos2 para la batalla bastardil, acaba por deshacerse de sus recelos tras el resultado de la batalla, convirtiéndose en pieza clave para el nombramiento de Snow como King in the north (y tan convincente resulta la heredera de la isla del oso, que hay quien asegura que habría votado por ella en las últimas elecciones). ¿Pura generosidad o será que, además de todas las cualidades anteriores, la nena tiene buen gusto y sabe distinguir un “husband material” en cuanto lo ve? Cuidadín, Jon, que la chica comparte nombre con tu madre y puede no ser casualidad…





Volvieron de entre los muertos

Aunque sepamos que en Juego de tronos ninguna muerte está confirmada hasta que veamos al personaje en cuestión exhalar el último suspiro (y a veces ni eso), la sorpresa fue mayúscula al descubrir al muy desaparecido tito Benjen, rebautizado “Coldhands”, como rescatador de Bran y Meera. Ni vivo ni completamente muerto y con una frialdad más propia de ultratumbra, Benjen vuelve a desaparecer de nuestros ojos con la  misma rapidez y misterio con la que llegó. So soon? ¿Qué verso más tendrá que aportar su condición híbrida al final de esta canción de hielo y fuego?

Una pequeña comunidad rural amish en plena naturaleza construyendo con sus propias manos una iglesia de madera. ¿Único testigo? No, el retorno del perro. Más manso por fuera, pero igual de rabioso por dentro (al odio pone por testigo, a lo Scarlett O’Hara), encuentra finalmente su venganza/catarsis masacrando a los malnacidos que asesinaron a los miembros de su pacifica comunidad hippie. Pero el mocetón aún no ha descubierto su vocación/razón de existir, así que aunque temporalmente camine al lado de otros, quién sabe adónde le acabará llevando su olfato.

Edmure Tully, por su parte, ha resucitado brevemente al mundo de la palabra (¿había pronunciado alguna hasta la fecha?  Debe ser que su doble personaje en Outlander no le deja con energía para mucho más), en un espinoso y muy tenso dialogo en el que, básicamente, le recriminaba a Jamie Lanister su aparente mejor (y más identificativo) rasgo: “me duele la cara de ser tan guapo”.





Los genes lobunos de Sansa

El arco dramático de Sansa no tiene parangón en la saga de George R.R. Martin. De uno de los personajes menos interesantes e insulsos, ha pasado a convertirse, con permiso de Lyanna Mormont, en el mejor personaje femenino de la última temporada. La mayor de las hijas Stark encarna a la perfección el arquetipo de doncella inocente o Perséfone que es secuestrada de su mundo para ser sometida al muy cruel Hades/Barbazul de turno, hasta que consigue escapar, pero que en lugar de salir mortalmente herida/traumatizada de la durísima experiencia, emerge como la mejor versión de sí misma (al fin y al cabo, los genes lobunos Stark tarde o temprano tenían que expresarse). Sansa se ha convertido en toda una lady in the north, fuerte y decidida, fiera e incluso vengativa cuando la situación lo requiere, pero nunca cruel (o eso esperamos). Más astuta y mucho mejor estratega (y psicóloga) que Jon, es la máxima responsable de la victoria en la batalla de los bastardos y de que en Winterfell vuelva a ondear la flamante bandera Stark (snif!). No está nada mal para la chica que comenzara pintando corazones sobre los puntos de las íes y escribiendo Mrs Joffrey Baratheon compulsivamente en todos sus cuadernos.





La sutil declaración de amor de Jaime a Brienne

El amor imposible o directamente no correspondido sigue estando muy in en los 7 reinos. Brienne, con su sentido del honor y del deber y su eterna cruzada quijotesca, representa para Jaime lo más valioso y puro que ha encontrado en su despiadado y amoral mundo. La ama pero “no la merece”, es demasiado bad guy para ello (además, estar con otra persona que no sea Cersei supera los límites de su imaginación), y ella, por su parte, tiene muchos motivos de peso para escudarse en su armadura. Por eso resulta tan emocionante reecontrarnos con su eterna tensión sexual no resuelta en Riverlands. Cuando ella aprovecha para devolverle su espada, él contesta: “Keep it. It’s yours. It’s always been yours”. Lo que viene a decir “Quédate mi corazón, es tuyo”. Ains…





Arya Terminator            

La sosa, irregular y aburrida (para qué negarlo) subtrama de Arya de la secta cambia-rostros dio un interesante giro que provocó que tod@s l@s fans contuviesen el aliento: Arya había sido apuñalada por la puñetera chica Terminator. La sangré llegó al rio, pero la pequeña y luchadora Stark, demostrando una fortaleza y capacidad de recuperación wolverinesca, consiguió sanar sus heridas antes de que la cyborg contraatacara (¿un día después?). Y en una carrera-persecución digna de la saga de James Cameron, con miradas de acero, movimientos de cuello robotiles y salpicada, incluso, de un homenaje a El padrino (esas naranjas tiradas accidentalmente por el suelo NO pueden ser casualidad), culmina con una de las muertes-elipsis más insatisfactorias de la serie. Y cuando Arya se rebautiza de nuevo y abandona a los hombres sin rostro, vemos una sonrisa a lo “misión cumplida” en Jaqen H'ghar. Con los deberes hechos y sin ninguna de sus responsabilidades, Arya está lista para convertirse en la Terminator de su propia lista, pero lo escalofriante y preocupante de su misión es que todo apunta a que va a disfrutar de ello con una fiereza caníbal. Miedor.





Dragon Drogon Dragon

Los hijos pródigos de la Khaleesi han vuelto y son más grandes, más espectaculares y más fieros que nunca. Tras hacer las paces con su mamma humana (tal vez, simplemente, la echaban de menos), han decidido volver a casita para ayudarla en su misión de conquistar del trono de hierro. Y, como se puede comprobar, no le ponen pegas a nada. Si hay que hacer ejércitos o flotas humanas a la barbacoa, se hacen (sin degustarlas después, eso sí). Pero el plano estrella que nos han regalado está temporada no pertenece a ningún reencuentro ni a ningún ataque mortal. Ver volar a los 3 dragones sobre la muy generosa flota de Daenerys (con la presencia de barcos con las banderas de las casas Martell y Tyrell, lo cual explicaría la “ubicuidad” de Varys), en el genial plano final que cierra la sexta temporada pone los hairs like escarpias al/a más dragofobic@ (¡y esa B.S.O!).





La batalla bastardil

Aunque narrativa y argumentalmente el capítulo 10, Winds of winter, sea irreprochable y absolutamente redondo, la batalla de los bastardos es puro Eau de trônes. Una épica batalla de una calidad técnica y artística sin precedentes en televisión, rodada con tanto esmero y adrenalínica inmersión, que la única pega/frustración del/a espectador/a es no haberla podido disfrutar en pantalla grande. Resulta imposible que sus momentazos no formen ya parte de la memoria colectiva del fan. Aunque su guión resultaba completamente predecible (sabíamos que Jon no moriría, que Rickon no tenía ninguna posibilidad y que Sansa tenía un as en la manga), el potente cómo logró agarrarnos por el cuello e impedirnos respirar durante una hora. ¿Qué escena escoger? ¿El sádico asesinato a traición del incauto Rickon? ¿el feeling estrangulador de derrota inminente? ¿la casi muerte por asfixia del admirable Jon Snow? ¿el brillante rescate in the last minute de la gran estratega Sansa? ¿o la emotiva muerte del Wun Wun, el último gigante? Yo, particularmente, me quedo con el espectacular plano de espaldas de Jon frente a un implacable ejército en marcha y la bandera Stark reconquistando Winterfell. Wow!





La redonda muerte de Ramsay

Todos deseábamos asesinar con nuestras propias manos al psicópata de Ramsay Bolton (incluso el propio actor admitió que su personaje debía morir de una forma lenta y dolorosa) y Snow estuvo a punto de saborear ese vengativo placer, a base de catárticos mamporros, pero sabía que había otra persona en los 7 reinos que merecía y a la que le correspondía mucho más ejercer de verdugo: su prima-hermana Sansa (inspirado discurso included). Y es que su escalofriante muerte sólo podría haber sido más poéticamente justa si además de Sansa, Theon hubiera azuzado a esos maleducados (por él) canes hambrientos. Sin embargo, con su partida perdemos a un actorazo y uno de los mejores y más despreciables villanos que nos ha dado la serie. It’s a god-eat-dog world.





La venganza valiria de Cersei

Que sí, que la trama de la rubísima Lannister parecía a punto de expirar. Con todo en su contra, un juicio pendiente y cada vez más sola y vulnerable, ¿qué más podía aportar a la saga? Sin embargo, una vez más, la ficción de Martin nos noquea recordándonos que en Westeros las cosas nunca son lo que parecen. Aunque su padre Tywin le dijo en alguna ocasión que no era tan inteligente como ella pensaba, en una jugada maestra, Cersei ha planeado y ejecutado un brutal jaque mate, mientras sus enemig@s la habían relegado al margen del tablero. Es muy Lannister recurrir al fuego valirio y con este ha quemado, de un plumazo, todos los obstáculos  que le impedían ser libre para ejercer el poder. No obstante, hay una variable que se le escapó en su experimento: el suicidio de su hijo Tommen. Y sentada en el trono de hierro, sin nada que la modere e humanice, puede convertirse en la más peligrosa, inestable e impredecible de las villanas. Su hermano lo sabe. ¿Se cumplirá la profecía de la infancia de Cersei? ¿Tendrá que recurrir Jaime, por el bien de tod@s, a su desafortunado apodo de nuevo?



    

 Nombramientos reales (the King in the north and the hand of the queen)

Aunque habíamos escuchado corear eso de “the king in the north!” antes, nunca hasta ahora había sonado tan sincero, emocionante y unánime (y resulta aún más rotundo cuando la idea proviene de una niña de 10 años). Marginado y ninguneado durante toda su vida por su condición de bastardo y con tantas buenas aptitudes, ¿existe alguien que se lo merezca más? Jon es el Aragorn de la canción de hielo y fuego, el héroe íntegro, valiente y humilde que no busca la gloria, pero que, por cualidades y herencia, se ve irremediablemente empujado a la grandeza, incluso a su pesar. Ante la inquietante y desaprobadora mirada de Little Finger/Meñique, Sansa teme por el futuro de su hermano, cuyo nombramiento aprueba y aplaude, pero quién sabe si en el futuro, celosa del nuevo cargo de este (una posición que le correspondería a ella por su condición de hija legítima de los Stark), no acabe traicionándolo (in)conscientemente. Crucemos los otros fingers para que no sea así…

Quién ha visto a Tyrion y quién lo ve. No sólo asegura que se ha deshecho de su cinismo para creer en algo/alguien o una causa mayor que el mismo (y su plan de negocios viniles), sino que no le cabe la emoción y el orgullo en el pecho cuando la Khaleesi le coloca “el pin” de mano de la reina. Obviamente, ambos confían y se apoyan el uno en el otro, y también, y aún más obviamente, el pequeño de los Lannister ha ingresado en el puesto que dejó vacante Jorah a todos los niveles: la friend zone. “Muchos te han amado y te amarán” asegura cuando Dany abandona a Daario Naharis, pero en realidad, le está diciendo “yo soy uno de ellos”. Poor Tyrion L





Introducing Jon (Stark) Targaryen

¡Por fin se ha confirmado la famosérrima teoría fan R+L=J! No veíamos la hora de que Bran subiera a la dichosa torre de la alegría y nos diera la ídem con este esperadísimo e interesante giro (y secreto mejor guardado de la serie). Aunque se omite intencionadamente el nombre del padre, la HBO lo ha confirmado con esta infografía: Jon Snow es hijo de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen, lo que significa que no solo no es un bastardo, sino que ser el hijo del antiguo rey el convertiría, con permiso de su tía Daenerys, en el heredero más directo del trono de hierro y potencial Azor Ahai.

Y es que de acuerdo a la mitología de GoT, Azor Ahai fue un héroe que detuvo hace más de 5.000 años la previa invasión de los white walkers, haciendo uso de una espada de fuego llamada Dueña de Luz (Lightbringer), que forjó atravesando el corazón de su verdadero amor, una mujer llamada Nissa Nissa. Los seguidores del Señor de la Luz creen que este mítico personaje volverá a la vida tras un largo verano, cuando la oscuridad se extienda nuevamente sobre el mundo (es decir, cuando los white walkers ataquen los Seven Kingdoms). En palabras de Rhaegar Targaryen “la suya es la canción de hielo y fuego”.

¿Qué condiciones tiene que cumplir la reencarnación de Azor Ahai? Veamos: Tener sangre de dragón, Haber nacido entre el humo y la sal, Haber nacido bajo una estrella que sangre, Haber despertado dragones de la piedra, Levantar Dueña de la Luz de las llamas y realizar un sacrificio. Aunque nos falte algún punto de la lista, ante tanta evidencia, ¿existe alguien que aún crea que Jon no es el elegido?





Juego de tronos nunca nos había regalado un final de temporada semejante. No sólo por su calidad y por el hecho de haber dejado todas las plot lines atadas, sino porque, por primera vez, todos nuestros personajes favoritos están sanos y salvos y su futuro se presenta emocionante y esperanzador. ¿Confirmarán los 13 capítulos restantes que nos encontramos ante la serie más feminista de la historia? ¿podrá nuestro fan side soportarlo sin morir en el intento? Para ir haciendo boca, marchando una de teorías frikiles para l@s más impacientes:


Y ya, sin más dilación, toca, con mucha tristeza, abandonar Westeros. Que los dioses antiguos y los nuevos os protejan hasta la séptima temporada ;)


Esta entrada mejorada, como desde hace un año, también la puedes encontrar en wordpress


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01 June 2016

Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (Part 1)



Las expectativas ante la sexta temporada de la serie más seguida del mundo llevaban meses cociéndose a fuego a causa de dos hechos insólitos hasta la fecha: estaría basada en material no publicado con anterioridad, adelantándose a Vientos de invierno, el sexto y antepenúltimo volumen de la saga (poniendo al mismo nivel de “no-tengo-ni-ideismo” al fan de la serie y al ávido lector de las novelas);  y resolvería el misterio de la dolorosa desaparición de Jon Snow, uno de los personajes más queridos (¿e imprescindibles?) de esta canción de hielo y fuego.

Aunque nos encontramos en el ecuador de la sexta temporada y carecemos aún de perspectiva para determinar si acabará siendo una de las más potentes de toda la saga, lo que resulta innegable es que poseemos suficientes momentazos como para contentar e ilusionar a todo tipo de fans. Y es que, si algo tiene Juego de tronos (tal vez su mejor baza) es su capacidad para sorprender y suscitar un amplio registro emocional en el espectador (lo que, en términos vocales, la convertiría en la Maria Callas de las series). En un mismo episodio, podemos pasar de la intriga a las lágrimas, haciendo un tour por el horror y la alegría más genuinas. ¿Quién puede resistirse ante semejante chute de emociones?  

A partir de aquí, y en orden de visionado, “Con spoilers y a lo loco”.




* Rescate femenino (y feminista)

Tras un breve y reconfortante abrazo, cuando parecía que todo se ponía más negro que la boca de lobo huargo para Sansa y Theon (los dos personajes que, sin ningún género de dudas, más han sufrido física y emocionalmente de los siete reinos), una mujer, una maldita/puta mujer (dependiendo de la traducción), los rescata de la ira y venganza de Ramsay Bolton, el mayor y más peligroso psicópata que camina por Westeros. Después llegaría el emocionante juramento de lealtad de Brienne “Badass” of Tarth y la promesa de que la suerte comenzaría, por fin, a cambiar para la mayor de las hijas Stark.  




*La sexy bruja de 400 años

Desconocemos si será el misterioso collar o los efectos distractores de la magia negra, pero la otrora segura y perversa (y exhibicionista) Melisandre, se ha despojado real y metafóricamente de todas sus capas en una inolvidable y repelente escena, para reducirse a una frágil, consumida y muy envejecida anciana de la friolera de 400 años (no llega a los 969 de Matusalén, pero todo se andará). Además de su muy escondida verdadera edad, hemos descubierto que la muy incauta duerme desnuda ¡en el muro! (Death wish?). Si eso no es un síntoma de depresión profunda, que vengan los dioses antiguos y los nuevos y lo vean.




*Tyrion: Father of dragons?

Los animalistas del mundo aún no le habíamos perdonado a la Khaleesi que tuviera un estilo educativo punitivo y mantuviera a sus criaturas encadenadas y en la oscuridad más absoluta (si eso es amor, ¿qué haría si le cayeran mal?).  Así que, una vez más, es Tyrion el que coge el rábano por las hojas e, imitando al actor que le da vida en sus campañas para PETA, decide acabar con la muy evitable crueldad animal. Aterrorizado y vulnerable, pero hablándoles de igual a igual, consigue, no sólo conectar emocionalmente con las feroces criaturas, sino ganarse parcialmente su confianza, y liberarlos. Esta escena contiene, además, un plus de emoción, ya que podría ser una pista de los guionistas sobre una de las teorías más famosas de la saga (aquella que asegura que Tyrion es, en realidad, un Targaryen y que hay por ahí tres jinetes un “dragón con tres cabezas”). We’ll see…





*El edípico y carnívoro nuevo Lord Bolton

Ya es oficial: Ramsay se ha convertido en el personaje más inquietante de la serie, ése cuya sola presencia suscita mal rollo haga lo que haga. Si creíamos que su psicopatía había alcanzado un nuevo nivel al “regalar” la “buena carne” de Myranda (la única persona que le despertaba alguna emoción de afecto), a sus perros, el bastardo ha dado un doble paso más allá. Haciendo gala de un carnivorismo rabioso, nos regala una relectura del complejo de Edipo asesinando a su (odioso) padre para, ¿minutos? más tarde, entregar el cuerpo de Lady Walda y su hermanastro recién nacido a sus hambrientos y (mal) entrenados canes asesinos, sin siquiera pestañear ante los gritos desgarrados de súplica de una y el llanto aterrorizado del otro (probablemente, la escena más desagradable y espeluznante de toda la serie, lo cual es mucho decir). No me cansaré de repetirlo: nada bueno puede salir de un carnívoro humano…




*Jon is alive, JON IS ALIVE!!!!

Much@s ya lo hemos apuntado en nuestro calendario frikil: el día 1 de mayo es el nuevo domingo de resurrección. Algunos lo sabían (cierto material en forma de futuras escenas clave que circulaba por la red), y la mayoría lo sospechaba, pero tod@s deseábamos verlo con nuestros emocionados ojos para seguir creyendo en la humanidad. Y fueron las manos y las palabras de la bruja roja las que obraron el milagro, sí, pero jamás habrían llegado a pronunciarse sin la petición y el toque de confianza extra que le inyecta el siempre honorable caballero de la cebolla (¡Loado sea Ser Davos!). Y ahora que se ha logrado lo imposible, las expectativas por lo mucho que aportará Snow en el último tramo de este juego tronil se han disparado más allá de los cuatro continentes. ¿Será realmente Azor Ahai? ¿conoceremos la verdadera identidad de sus padres por fin?





*¡Reencuentro Stark!

Cuando aún no nos habíamos recuperado del subidón del retorno de Jon Snow (Top 5, sin duda, de toda la serie), nos sorprenden con otro momento larga y dolorosamente postergado: el reencuentro entre dos hermanos Stark después de permanecer 6 intensísimas temporadas desperdigados por los siente continentes, sujetos a (sádicas) fuerzas que escapan su control. La cara desencajada y anhelante de Sansa (un rostro de alguien que ha pasado por el infierno y acaba de salir de él) y la sorpresa conmovida beyond-words de Snow se funden en un abrazo que lo expresa todo en el idioma universal. Y hay que tener la sangre de horchata para no emocionarse como Eliot despidiéndose de E.T. ante semejante emotivo e insólito momentazo.




*La lección a fuego de Daenerys

En un capitulo (el cuarto) lleno de muy agradecidas demostraciones de empowerment femenino, la khaleesi demuestra, una vez más, por qué es LA queen. Sus dos enamorados, Dario y Jorah, acuden a su rescate y tras una sesión muy bruta (muy dothraki) de burlas, humillaciones y amenazas físicas varias, ella…. ¡se rescata a si misma! (¿Dónde estaba Daenerys cuando a tod@s nos intoxicaban con introyectos Disney de doncellas desvalidas cuyas vidas cobran sentido cuando las rescata un hombre? ¿por qué ha tardado tanto?). Las llamas son su elemento y su arma y las utiliza para arrasar contra la tiranía del patriarcado, el sexismo y la masculinidad hegemónica, poniendo, de paso, a todo un pueblo a sus pies. “Reinar” y “gobernar” también se conjugan en femenino y el mundo (el creado por Martin y el nuestro) lo necesitan más que nunca. No es de extrañar que fuera trending topic durante horas.




*Bran es marcado a hielo

La trama de Bran ha pasado de ser la más aburrida, desaprovechada e insulta, a una de las más emocionantes en esta sexta temporada. Todas sus escenas contienen valiosísima información dispensada con cuentagotas y siempre nos dejan con ganas de más. Junto a esta especie de padawan de Cuervo de Tres Ojos, exploramos no sólo momentos clave del pasado, sino que descubrimos que Bran tiene un poder activo en sus visiones y puede influir en los entornos en los que se desplaza. No content@s con ver el origen de los caminantes blancos (en una escena demasiado escueta y sosa, también hay que decirlo), observamos aterrad@s como, en otro de sus viajes mentales, el rey de la noche agarra al adolescente del brazo marcándolo (¿para siempre?). ¿Será este el equivalente a decir “Volvemort” en el mundo potteril? ¿podrá escapar de su nueva condición de GPS? Intrigue!




*Jorah sale del armario “friend zone”

Cuando tod@s pensábamos que el eternamente enamorado Mormont moriría de psoriagris (o de cualquier otra cosa) o se autoinmolaría a los dioses antes que mostrarle a su Khaleesi sus verdaderos sentimientos, éste, en plan “from lost to the river” se arma de valor y le confiesa a la rubísima su amor eterno (“Tyrion tenía razón. Te quiero. Siempre te querré. Adiós, Khaleesi”). Y ella, profundamente conmovida y entre lágrimas, descubre que el otrora traidor Mormont es un “must” en su vida y sus planes de reinad. En consecuencia, le ordena que se cure antes de regresar a su lado (¿como alcalde de la zona de los amigos? Preguntaría Joey Tribbiani).




*¡‘Hodor’ era un acrónimo!

La intensa y dramática escena que cierra el quinto episodio suscita sentimientos encontrados en el espectador. Por una parte, asienta nuevas líneas argumentales y proporciona una cantidad de información valiosa sobre un misterio de la serie, el del pasado del gran Hodor, pero, por otra, resulta demasiado devastadora como para disfrutarla. Bran-cuervo-padawan con su recién descubierto poder de ser actor de sus visiones, es el responsable de una paradoja temporal que ha marcado-traumatizado-destrozado la vida de uno de los personajes más “puros” y entrañables. En pleno ataque de los caminantes blancos, Bran viaja al pasado e influye (entra) en el joven pre-Hodor, que no puede evitar escuchar los gritos de Meera en el presente: “Hold the door!” dedicados al Hodor adulto. Ante la “visión” de su futura muerte, el orondo adolescente entra en un estado de pánico-shock en el que ya solo podrá repetir, una y otra vez, y durante el resto de su vida, esa ya mítica frase hasta convertirla en acrónimo. Y mientras nuestro corazón se encoje hasta tamaño bonsai, una vez más, ya sólo nos queda decir: G.G. Martin, ¿por qué eres tan cruel?

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Dedicado a Lady Stark, para que no olvide que siempre hay libélulas, linternas, e incluso, rayos de sol precoces cuando “the night is dark and full of terrors”.


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