Showing posts with label 2016. Show all posts
Showing posts with label 2016. Show all posts

12 March 2017

Top 20 del maldito 2016




¡Gracias, cine!

No puede ser casualidad que durante el año más fatídico y surrealista que me (¿nos?) ha tocado vivir la cosecha cinematográfica haya sido tan excelsa, como si alguna ley compensatoria cósmica (o ley de las polaridades) estuviera operando para tratar de compensar tanta desgracia y de reafirmar, de paso, nuestra cinefilia.

Sobre Frantz, su última película, François Ozon confiesa querer hacer “un elogio de la ficción para enfrentarnos a la realidad” y asegura que “para eso está el cine”. Por mi parte, solo puedo decir: gracias, séptimo arte, por rescatarme, una vez más, cuando más te necesitaba, gracias por ayudarme a vivir.


About this top

Cuando tienes la suerte de asistir a festivales de cine llega un momento en el que ves un número considerable de películas que no se han estrenado en salas. Por este motivo, cuando llega la hora de hacer un balance anual, observas con estupor como algun@s cinefil@s incluyen en su top películas que tu viste hace 2 o 3 años (y que ni sabías que se habían estrenado) y, al mismo tiempo, te ves obligad@ o excluir dolorosamente films que han marcado tu año pero que aún siguen pendientes de estrenar. Este año, por coherencia, además de las cintas que he visto es cines, voy a incluir, al mismo tiempo, películas que me quede con ganas de comentar en el 2015 y que se han estrenado este año y las que he visto en la última edición del zinemaldia y que están a punto de asomar a nuestras pantallas.

(El orden es prácticamente aleatorio. Nunca he sido capaz de hacer tops monolíticos o de asegurar con rotundidad a quién quiero más. Solo el número uno es incontestable).





20- The Witch/La Bruja (Robert Eggers, USA)

Lo mismo da que se vea como una crítica al fanatismo religioso, un poderoso retrato psicológico de proyecciones, expectativas y “profecías autocumplidas”, un cuento de terror o una mera reivindicación feminista o relato de empowerment femenino, La Bruja es de una sencillez y contundencia deslumbrantes, además de profundamente perturbadora. Resulta imposible olvidarla.




19- Anomalisa (Charlie Kaufman & Duke Johnson, USA)

Anomalisa no va sobre un hombre gris que es incapaz de conectar con l@s otr@s, va sobre un tipo filofobico incapaz de encontrar en su interior lo que inútilmente busca en su exterior. Ser hiperexigente y super selectivo en sus relaciones sociales es el único método de protegerse del dolor ineludible y evitar una conexión genuina con otro ser humano. Posiblemente, una de las obras de culto de estos deshumanizados y desconectados dosmiles. Dolorosamente lúcida.




18- Virgin Mountain/Corazón gigante (Dagur Kári, Islandia)

Una historia sobre un loser que, en realidad, no lo es tanto. Un retrato inolvidable, tierno y profundamente humano de la inadaptabilidad a la norma con el que casi tod@s, en mayor o menor medida, podemos identificarnos. Un film agridulce aunque esperanzador que duele y sana y un protagonista memorable y achuchable que no es de este mundo. Una delicia que crece, crece y crece en el recuerdo.




17- Mustang (Deniz Gamze Ergüven, Francia)

Sólo se le puede poner una pega: el maniqueísmo que demuestra hacia sus villanos masculinos. Por lo demás, Mustang es un delicioso y rabioso relato de rebeldía, feminismo y empoderamiento femenino, tan hermoso y agridulce como, y tan dolorosa y asperamente realista como esperanzador. El mundo sigue necesitando historias como esta. Su sola existencia es un milagro.




16- Zootopia/Zootrópolis (Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush, USA)

Disney, uno de los máximos culpables de perpetuar los introyectos sexistas más tóxicos y de abonar el inconsciente colectivo con expectativas (románticas o no) imposibles, ahora va y se saca de la manga una inspiradísima historia feminista pro-igualdad y anti-ismos (racismo, sexismo, especismo, clasismo, da para todo) protagonizada por una encantadora conejita que, además de combativa, para colmo es la mar de divertida. Y solo queda preguntarse, ¿por qué no la tuvimos de niñ@s, por qué? Y no queda más remedio que casi perdonarle al tito Walt los descalabros que ha causado en tu vida sentimental…




15- Sing Street (John Carney, Irlanda)

Sólo por ser capaz de trasladarte a los muy agridulces 16 años, Sing Street merecería estar en esta lista. Pero es que además de frescura y nostalgia a raudales, tiene buenas canciones, derrocha encanto, ternura y romanticismo y resulta profundamente conmovedora. Mr E en Cosas que los nietos deberían saber nos contó mejor que nadie que la música puede salvarte la vida. John Carney conoce la veracidad esta afirmación y la ha hecho película. Sólo le veo una gran pega: que siempre se nos cuenten estos relatos de iniciación vital/creativa/musical desde el punto de vista masculino. A las chicas los musos nos inspiran bastante más que el clásico (y odioso) radical cambio de look.




14- Right Now, Wrong Then/Ahora sí, antes no (Hong Sang-soo, Corea del Sur)

En el cine se permiten segundas oportunidades. En la vida no. Tal vez por eso resulta tan estimulante este ejercicio que nos propone Hong Sang-soo de narrarnos la misma historia de amor (chic@-comoce-a-chic@), pero con las suficientes variaciones, aparentemente sutiles, como para que el desenlace sea radicalmente diferente. Y este díptico rezuma tanto romanticismo y sabiduría y el resultado resulta tan deslumbrante, que no queda más remedio que rendirse ante él.




13- Kubo and the two strings/Kubo y las dos cuerdas mágicas (Travis Knight, USA)

La odisea en la que se embarca el pequeño Kubo resulta tan emotiva, original y bien narrada, como visualmente prodigiosa. Toda una oda al poder y la magia de la narrativa, emocionalmente compleja, oscura, llena de matices y de personajes inolvidables (esas hermanas gemelas de pesadilla) es una de las cintas más fascinantes y hermosas que este año se han podido ver en una pantalla grande. ¡Viva el origami!




12- Elle (Paul Verhoeven, Francia)

No hay nada de convencional en Elle, desde su protagonista, una ambigua y perversa Isabelle Hupert en (permanente) estado de gracia, hasta una trama compleja y acidísima, que abraza varios tonos y géneros con todo descaro, desafiando, golpeando y retorciendo la moral, los prejuicios e introyectos, hasta incomodar profundamente y noquear al espectador. Elle es un perturbador desafío salpicado de humor negrísimo que, además, supone un sacudida extra si la que se enfrenta a ella es una mujer. Imprescindible.




11- レッドタートル ある島の物語 (La tortue rouge)/La Tortuga roja/ (Michael Dudok de Wit, Francia)

Hay films que, al descubrirlos por vez primera, te plantean ideas e impresiones antitéticas. En el caso, de La tortuga roja, en mi mente surgió un “¿cómo se le habrá ocurrido a alguien semejante maravilla?” y, al mismo tiempo, “¿cómo es que nadie la había creado hasta ahora?”. Y es que esta fábula silente resulta tan universal, tan profundamente humana, tan deslumbrantemente simbólica y lírica que la conocemos desde siempre (o, más bien, la reconocemos).




10- Room/La habitación (Lenny Abrahamson, Irlanda)                                

Hay dos partes muy diferenciadas en Room. La primera es una obra maestra, estremecedora y llena de una intensidad desbordante. Sus dos intérpretes (prodigiosos ambos) consiguen que empatices con ellos hasta tan extremo que su cárcel se convierte provisionalmente en la tuya. Luego llega un desenlace menos deslumbrante, más convencional y mucho menos incisivo, desde un punto de vista psicológico, que la historia requería, pero a pesar de ello, Room narra una de esas historias tan desgarradoramente luminosas y profundamente humanas que el cine nos regala de vez en cuando, que nos araña irremediablemente todas y cada una de las fibras del cuerpo.




9- Saul fia (Son of Saul)/El hijo de Saúl (László Nemes, Hungría)

No es un film sobre el holocausto: es un film que te hace experimentar el holocausto prácticamente en primera persona. Posiblemente, una de las mejores (y más aterradores) experiencias fílmicas que tengamos este año (¡y es una ópera prima!). Dolorosísima y brutal, pero absolutamente imprescindible.




8- Carol (Todd Haynes, UK)

El film más exquisito, elegante y sutil del año. Sus escenas poseen tanta perfección y belleza que, en un primer visionado, pueden enmascarar el drama desgarrador que Haynes nos está contando. Es imposible no prendarse de ambas protagonistas, ambas perfectas, y no conmoverse ante uno de los mejores finales que el cine nos ha obsequiado este año. La belleza abrumadora de Carol crece y adquiere poderosos matices en el recuerdo. Maravillosa.




7- Nocturnal Animals/Animales nocturnos (Tom Ford, USA)

La dictadura de la (auto)imagen, la culpa, la venganza, el vacío social, la cobardía artística y vital, la toxicidad suicida de la zona de confort, los roles sexuales y la masculinidad, el uso del arte como terapia y exorcizador de fantasmas… de todo esto y algo más habla la segunda película de Tom Ford. Como animal nocturno y contadora de historias, no puedo evitar rendirme ante este ejercicio de “arte que habla del arte” de una forma tan perversa como dolorosa. Nocturnal Animals es un film que me araña el alma y me recuerda, entre muchas cosas, aquella famosa cita de Woody Allen en Manhattan “El talento es suerte. Creo que lo importante en la vida es el coraje”.




6- Umimachi Diary/Nuestra hermana pequeña (Hirokazu Koreeda, Japón)

Hay una palabra que define la belleza y magia de esta película (y el cine Koreeda, en general) mejor que ninguna otra: sakura (flor de cerezo japonés). Umimachi diary no tiene vocación de obra maestra (ni falta que le hace). Es pequeñita y modesta, pero nadie negará que resulta imposible no caer embelesad@ bajo sus deslumbrantes túneles de cerezos en flor. Yo de mayor quiero vivir en una película de Kore-eda (y probar su licor de ciruela).




6- Ma vie de Courgette/La vida de Calabacín (Claude Barras, Suiza)

Este cuento luminoso, tierno y profundamente humanista de 70 minutos es todo un prodigio de concisión narrativa y conexión emocional con el espectador. Cada personaje, desde los niños a los no siempre entrañables adultos, tiene una personalidad muy clara y definida y resulta querible hasta el punto de derrochar emotividad. Contrapunto sano y necesario a los dark times que nos han tocado vivir, Ma vie de courgette es uno de esos films “prozac” hechos con tanto mimo y talento que confirman y renuevan tu cinefília.




4- Shan he gu ren (Mountains May Depart)/Más allá de las montañas (Jia Zhang Ke, China)

Jia Zhang Ke no sólo radiografía las transformaciones socioeconómicas, culturales y paisajísticas que vive la gran China, la sumisión a los valores del dinero y del triunfo, así como la pérdida de las raíces, del idioma y de la identidad cultural del nuevo paradigma capitalista, sino que muestra, de forma lucidísima, las consecuencias y las heridas de ser separado de los seres que amas (y lo potencialmente sanador que resultaría ese reencuentro). Maravillosa.




3- Paterson (Jim Jarmusch, USA)

Jarmusch no solo nos muestra la belleza de la (gris) vida cotidiana, nos enseña qué es ser poeta: vivir en la continua sinestesia, alimentarse de las pequeñas y grandes cosas que te rodean y maravillarse ente su magia. Pocas veces hemos podido ver este proceso en una película. Todo es sutil y delicado en Paterson, desde las poesías y la interpretación de Driver hasta su relación, no solo con su chica, sino con los personajes con los que se va relacionando (la escena de la niña y, sobre todo, la del encuentro con el japonés, son pura magia). Paterson “cae sobre nuestros hombros como los cabellos de una adolescente” y nos refresca.




2- Toni Erdmann (Maren Ade, Alemania)

La primera película galardonada con el premio Fipresci dirigida por una mujer (subrayado y suspiro de ¿pero cómo han podido tardar tanto?), es de una osadez y equilibrio funanbulil que cuesta creer que exista. Tan pronto resulta hilarante y absurda como dolorosamente seria, sabia y profunda. Y son tantas las veces que noquea que resulta imposible permanecer indiferente o no plegarse ante su inteligencia. Toni Erdmann no sólo crece en el recuerdo, sino que su protagonista masculino se queda contigo para siempre y a menudo te descubres recordándolo con una carcajada/sonrisa.




 1-Arrival/La Llegada (Denis Villeneuve, USA)      

La experiencia que nos propone Villeneuve supera todas nuestras expectativas como espectadores porque el MacGuffin alienígena es la excusa perfecta para hablarnos, por un lado, de la celebración de comunicación como base moral, social y política de nuestra (y de todas) las sociedades y de la trascendencia del lenguaje como instrumento pacifista y, por otro, nos plantea el estudio del duelo por un ser querido que acaba resultando toda una celebración de la vida. Todo ello desde una perspectiva intimista e insólita hasta la fecha. Estrenada (¡oh bendita causalidad!), en el momento en el que más se la necesita (reforzando así su mensaje), la cinta de Villeneuve contiene casi todas las cosas que amo en una película, y es, en mi modesta opinión, la mejor película de este fatídico y odioso 2016. ¿Obra maestra? Posiblemente.



Guilty pleasure?




Hail, Caesar!/¡Ave, César! (Joel & Ethan Coen, USA)

En un año en el que la risa debería tener la cualidad de prescripción médica, importa poco que esta sea una obra menor de los Coen, que resulte decepcionante en su conjunto o que sus historias estén deslavazadas, porque el buen rato que te hace pasar es incuestionable. ¡Gracias, Coen bros!


La frase



No por inteligente, profunda o incisiva, sino por necesaria:

“Rebellions are built on hope.” (Las rebeliones se basan en la esperanza), Rogue One.


*






*

10 March 2017

Ma vie de Courgette/La vida de Calabacín: Delicia anti-depresiva (#64SSIFF)



En una epoca en la que la duración media de las películas es de 120 minutazos y cuya temática parece abducida, en parte, por desquiciados niños/adolescentes psicópatas, de repente, llega un pequeño huérfano ojeroso apodado Calabacín y nos regala un cuento luminoso, tierno y profundamente humanista de 70 minutos que es todo un prodigio de concisión narrativa y conexión emocional con el espectador. No es de extrañar que esté arrasando y que se lo haya llevado todo (mejor película y premio del público en el festival de Annecy, la nominación al Oscar a mejor película de animación, el premio del público del Zinemaldi como mejor film europeo, o el recientísimo César a mejor film animado, entre otros), ¡y lo que le queda!




Delicia artística y visual de stop-motion, Ma vie de courgette es un cuento sobre niños pero en absoluto infantil, que no pierde en ningún momento su estilo grave, hondo, profundamente agridulce que le confiere un tono adulto. Temas como la orfandad, la falta de figuras de apego/amor, la soledad o el duelo en la época más vulnerable de la vida están presentes, pero sorteando una buena parte de sus tópicos y de forma cuidadosa y delicada en todo momento.




Cada personaje, desde los niños a los no siempre entrañables adultos, tiene una personalidad muy clara y definida. En el caso de l@s pequeñ@s, tod@s simbolizan problemáticas muy conocidas, y resultan desarmantemente tiernos y queribles en todo momento. Contrapunto sano y necesario a estos cínicos y pesimistas tiempos, Ma vie de courgette (una de mis películas favoritas de la pasada edición del Zinemaldia. ¡No veía la hora de que se estrenase!) es uno de esos films “prozac” hechos con tanto mimo y talento que confirman y renuevan tu cinefília.





*

29 December 2016

Nocturnal Animals: El arte como exorcizador de fantasmas



"Si quieres olvidar a una mujer, conviértela en literatura” escribía Henry Miller. Cualquier artista sabe hasta qué punto es cierta (y necesaria) tan rotunda afirmación aplicada a cualquier forma de arte, por eso no es extraño que el envidiablemente versátil Tom Ford se identificara con la novela Tres Noches de Austin Wright y decidiera llevarla al cine.




En Nocturnal Animals encontramos a Susan Morrow, una sofisticada  y exitosa galerista que parece serlo y tenerlo todo “de cara a la galería” (nunca mejor dicho), pero que vive inmersa en una continua insatisfacción/depresión cuyo síntoma más grave y preocupante es un insomnio crónico provocado por su sentimiento de culpa (y es que la culpa, como dicen los psicólogos, siempre busca castigo). Un día recibe el manuscrito de la novela de su ex marido Edward, escritor inédito, dedicado a ella junto a una nota. Una vez que se sumerge en su turbia y magnética trama, se verá obligada a replantearse su vida.




A lo largo de varias noches de lectura, realidad y ficción se entrelazan para la protagonista con especial intensidad en esa No Man’s land mental que surge del insomnio (y que algun@s, entre los que tristemente me encuentro, conocemos tan bien), en la que los fantasmas campan dolorosamente a sus anchas. Y en ese obligado ejercicio de introspección, en el que Ford acierta al presentarnos ambos planos, el de la realidad y el de la ficción, a pesar de su distancia, como casi paralelos, descubre algunas verdades sobre sí misma.




Aparentemente, Susan, que en el libro es una muy poco glamourosa ama de casa, es el alter ego de Ford, pero eso sería quedarse en la superficie de tan jugoso material. El famoso diseñador, como bien comentaban los propios protagonistas, es Susan, pero también su ex, al mismo tiempo, y Nocturnal Animals fascina y engancha en la medida en que el/la espectador/a se identifica con ambos personajes (cualquiera al que hayan partido el corazón, se sienta perdid@ y tenga inquietudes artísticas, puede hacerlo con mayor o menor intensidad). Al director texano podemos achacarle cierta asepsia emocional en los momentos más dramáticos de la película por culpa de un marcado esteticismo visual marca de la casa que tiñen de cierta impostura el conjunto (ese hallazgo clave sobre un impecable sofá rojo, al más puro estilo anuncio de perfumes), pero que, por otra parte (también hay que recalcarlo), no le arrebatan del todo su contundencia.




El film no funcionaría sin sus impecablemente escogidos actores a l@s que nos creemos, incluso, con 20 años de diferencia. Amy Adams, una vez más, está fantástica y Laura Linney tiene un pequeño pero decisivo papel, sin embargo, los roles “más agradecidos” en esa ocasión, son los masculinos. Gyllenhaal convence en su doble personaje y Michael Shannon y Aaron Taylor-Johnson están sencillamente soberbios (Taylor-Johnson resulta sexy incluso haciendo de redneck psicópata con un sentido de la higiene cuestionable. Tiene mérito).




La dictadura de la (auto)imagen, la culpa, la venganza, el vacío social, la cobardía artística y vital, la toxicidad suicida de la zona de confort, los roles sexuales y la masculinidad, el uso del arte como terapia y exorcizador de fantasmas… de todo esto y algo más habla la segunda película de Tom Ford. Como animal nocturno y contadora de historias, no puedo evitar rendirme ante este ejercicio de “arte que habla del arte” de una forma tan perversa como dolorosa. Nocturnal Animals es un film que me araña el alma y me recuerda, entre muchas cosas, aquella famosa cita de Woody Allen en Manhattan “El talento es suerte. Creo que lo importante en la vida es el coraje”. ¿Tú quién decides ser: Susan o Edward?





Spoiler Zone

Susan abandona a Edward, en parte porque no se corresponde con el macho alfa exitoso y proveedor que le garantizará el tipo de vida cómoda y lujosa a la que está acostumbrada, y en parte por cobardía filofóbica y artística (el amor y el arte requieren coraje). Estar con un hombre creativo y poco convencional la obliga a ser creativa y no convencional o a sentirse culpable y desleal por no serlo.




Y a esa masculinidad no hegemónica que encarna Edward, plena de dudas e inseguridades, pero valiente y tenaz en cuanto a ser consecuente y fiel consigo mismo, le falta esa inyección de egolatría y egoísmo que todo creador necesita para llevar a cabo su obra. Aunque él cree haberlo perdido todo, irónicamente, el abandono de Susan le dota del material y la motivación necesarias (plus la crueldad) para convertirse en aquello que siempre había querido ser (y que Susan le insinuaba que no era). El precio de su vocación, la llave a su talento, ha sido su corazón roto.

¿Podrá surgir la creatividad, en su mejor y más deslumbrante forma, únicamente de la felicidad y la satisfacción personal? ¿se puede crear de forma brillante sin fantasmas?





El comentario

"Creo que muchas cosas de mi vida, de alguna manera, se abrieron espacio en el guión de la película. Uno de los temas que particularmente me tocó fue esa exploración de la masculinidad en nuestra cultura. Nuestro héroe aquí no posee los rasgos característicos que definen nuestra idea de masculinidad. Yo fui un chico que creció en Texas y no era considerado masculino, de la forma clásica, y sufrí mucho por eso".

Tom Ford







*

The Neon Demon: “La belleza produce monstruos”




Aunque Nicolas Winding Refn, probablemente, ni lo conozca, ni haya oído hablar de su autor, una de las asociaciones pavlovianas que acudieron a mi cabeza mientras asimilaba y rumiaba su polémica (¿y cuando no?) The Neon Demon, fue el famoso grabado de Goya ‘El sueño de la razón produce monstruos’. Y es que la fantasía abandonada de la razón, como la de la belleza, produce monstruos imposibles y eso es precisamente lo que Winding Refn, que es muy hijo de su tiempo (tarde o temprano alguien tenía que dirigir un film tan contradictorio y visualmente subyugante como este), pretendía plasmar en su último film con su personalísimo estilo.




Y en este psicodélico y epidérmico diablo de neón siento que, una vez más, hay dos películas que de alguna manera muestran las dos facetas más características del director danés. Por una parte tenemos un arranque prometedor, perturbador y fascinante (su casi primera hora), que nos propone una corrosiva reflexión sobre el vacuo y frívolo mundo de la moda y la idolatría de la eterna juventud y la belleza imposibles, y por otra tenemos una segunda mitad que parece más empeñada en noquear emocionalmente al espectador y convertirse en un ejercicio de estilo que en desarrollar su prometedora historia o dotarla de profundidad.




Nadie puede negarle a Refn su deslumbrante capacidad de crear atmósferas hipnóticas y llenas de una gran carga simbólica y onírica (en The Neon Demon su magnetismo visual es de 10) pero, al mismo tiempo, también está presente su torpe habilidad como storyteller sin caer en lo grueso y lo gratuito. Tanto es así que, al llegar el desenlace, parece que todo es una mera excusa para que Refn vuelva a regodearse en magnéticas y, al mismo tiempo, repulsivas imágenes que explotan la violencia sin sentido, el morbo y las parafilias.




Afortunadamente, contamos con Elle Fanning, cuyo talento, junto con su serena y luminosa belleza casi renacentista (si Botticelli hubiera vivido en el siglo XXI, sus Venus, posiblemente, se parecerían a ella), dotan de convicción y fuerza a su difícil Jesse. La acompañan 3 vampiresas de la belleza y eterna juventud que representan, según mi punto de vista, las 3 bestias o proyecciones negativas de la belleza: la envidia, el deseo enfermizo y la crueldad (A Jena Malone, una vez más, le ha tocado “bailar con el más feo”). SPOILER ALERT: Refn nos muestra la deslumbrante belleza física como una fiera salvaje, pero no indómita, cuyo destino sólo puede limitarse a ser “despellejada”, “canibalizada” y fácilmente olvidada y reemplazada (durante una escena un gran felino se cuela en la habitación de Jesse, mientras que en su tramo final, cuando la vida de su protagonista se ve amenazada, se nos muestra otro gran felino disecado. La escena de la piscina que la sucede y que confirma todo lo anterior, es demasiado terrorífica y horripilante para ser analizada). END OF SPOILER.




Nicolas Winding Refn resulta cool haga lo que haga y confieso que siento una extraña ambivalencia hacia The Neon Demon. Por una parte, no puedo calificar de fallida o de castaña pretenciosa una cinta tan poderosa, subyugante y absorbente a nivel visual y sonoro que es capaz de abarcar todo una paleta emocional en el espectador (aunque algunos “colores” resulten extremadamente desagradables, cuando no directamente traumáticos), pero por otra, con el paso de los días, descubro que no me ha quedado ningún poso del supuesto espíritu crítico que debería sostener al film. Resulta un oxímoron muy discutible el estilo narrativo que Refn utiliza para criticar la obsesión por la belleza imposible y la futilidad del mundo de la moda, donde solo cuenta la juventud inmaculada y la cara a la galería, cuando solo es capaz de quedarse en la epidermis de ambas. La belleza produce monstruos, sí, pero podrían ser más sutiles y contundentes que los de esta “casquería de neón”.




Punto en contra: Atención a la firma en mayúsculas final de Refn junto al título del film. La megalomanía, mal que nos pese, parece una condición indispensable para ser un gran contador de historias, pero, ¿es necesario alardear de ella?

Punto a favor: ¿Quién iba a decirnos a l@s “hij@s de Matrix” que Keanu Reeves podría dar tanto miedo?

Punto en contra: El (inútil) sello de la American Humane Association al final de los títulos de crédito confirma que el gran felino que aparece en el film, desgraciadamente, no ha sido creado por ordenador. No quiero ni imaginarme la vida y el “entrenamiento” al que se ha visto y se ve sometido un gran gato salvaje. Imperdonable, Refn.





*
Related Posts with Thumbnails