Showing posts with label Una psicóloga en la butaca. Show all posts
Showing posts with label Una psicóloga en la butaca. Show all posts

29 December 2016

Nocturnal Animals: El arte como exorcizador de fantasmas



"Si quieres olvidar a una mujer, conviértela en literatura” escribía Henry Miller. Cualquier artista sabe hasta qué punto es cierta (y necesaria) tan rotunda afirmación aplicada a cualquier forma de arte, por eso no es extraño que el envidiablemente versátil Tom Ford se identificara con la novela Tres Noches de Austin Wright y decidiera llevarla al cine.




En Nocturnal Animals encontramos a Susan Morrow, una sofisticada  y exitosa galerista que parece serlo y tenerlo todo “de cara a la galería” (nunca mejor dicho), pero que vive inmersa en una continua insatisfacción/depresión cuyo síntoma más grave y preocupante es un insomnio crónico provocado por su sentimiento de culpa (y es que la culpa, como dicen los psicólogos, siempre busca castigo). Un día recibe el manuscrito de la novela de su ex marido Edward, escritor inédito, dedicado a ella junto a una nota. Una vez que se sumerge en su turbia y magnética trama, se verá obligada a replantearse su vida.




A lo largo de varias noches de lectura, realidad y ficción se entrelazan para la protagonista con especial intensidad en esa No Man’s land mental que surge del insomnio (y que algun@s, entre los que tristemente me encuentro, conocemos tan bien), en la que los fantasmas campan dolorosamente a sus anchas. Y en ese obligado ejercicio de introspección, en el que Ford acierta al presentarnos ambos planos, el de la realidad y el de la ficción, a pesar de su distancia, como casi paralelos, descubre algunas verdades sobre sí misma.




Aparentemente, Susan, que en el libro es una muy poco glamourosa ama de casa, es el alter ego de Ford, pero eso sería quedarse en la superficie de tan jugoso material. El famoso diseñador, como bien comentaban los propios protagonistas, es Susan, pero también su ex, al mismo tiempo, y Nocturnal Animals fascina y engancha en la medida en que el/la espectador/a se identifica con ambos personajes (cualquiera al que hayan partido el corazón, se sienta perdid@ y tenga inquietudes artísticas, puede hacerlo con mayor o menor intensidad). Al director texano podemos achacarle cierta asepsia emocional en los momentos más dramáticos de la película por culpa de un marcado esteticismo visual marca de la casa que tiñen de cierta impostura el conjunto (ese hallazgo clave sobre un impecable sofá rojo, al más puro estilo anuncio de perfumes), pero que, por otra parte (también hay que recalcarlo), no le arrebatan del todo su contundencia.




El film no funcionaría sin sus impecablemente escogidos actores a l@s que nos creemos, incluso, con 20 años de diferencia. Amy Adams, una vez más, está fantástica y Laura Linney tiene un pequeño pero decisivo papel, sin embargo, los roles “más agradecidos” en esa ocasión, son los masculinos. Gyllenhaal convence en su doble personaje y Michael Shannon y Aaron Taylor-Johnson están sencillamente soberbios (Taylor-Johnson resulta sexy incluso haciendo de redneck psicópata con un sentido de la higiene cuestionable. Tiene mérito).




La dictadura de la (auto)imagen, la culpa, la venganza, el vacío social, la cobardía artística y vital, la toxicidad suicida de la zona de confort, los roles sexuales y la masculinidad, el uso del arte como terapia y exorcizador de fantasmas… de todo esto y algo más habla la segunda película de Tom Ford. Como animal nocturno y contadora de historias, no puedo evitar rendirme ante este ejercicio de “arte que habla del arte” de una forma tan perversa como dolorosa. Nocturnal Animals es un film que me araña el alma y me recuerda, entre muchas cosas, aquella famosa cita de Woody Allen en Manhattan “El talento es suerte. Creo que lo importante en la vida es el coraje”. ¿Tú quién decides ser: Susan o Edward?





Spoiler Zone

Susan abandona a Edward, en parte porque no se corresponde con el macho alfa exitoso y proveedor que le garantizará el tipo de vida cómoda y lujosa a la que está acostumbrada, y en parte por cobardía filofóbica y artística (el amor y el arte requieren coraje). Estar con un hombre creativo y poco convencional la obliga a ser creativa y no convencional o a sentirse culpable y desleal por no serlo.




Y a esa masculinidad no hegemónica que encarna Edward, plena de dudas e inseguridades, pero valiente y tenaz en cuanto a ser consecuente y fiel consigo mismo, le falta esa inyección de egolatría y egoísmo que todo creador necesita para llevar a cabo su obra. Aunque él cree haberlo perdido todo, irónicamente, el abandono de Susan le dota del material y la motivación necesarias (plus la crueldad) para convertirse en aquello que siempre había querido ser (y que Susan le insinuaba que no era). El precio de su vocación, la llave a su talento, ha sido su corazón roto.

¿Podrá surgir la creatividad, en su mejor y más deslumbrante forma, únicamente de la felicidad y la satisfacción personal? ¿se puede crear de forma brillante sin fantasmas?





El comentario

"Creo que muchas cosas de mi vida, de alguna manera, se abrieron espacio en el guión de la película. Uno de los temas que particularmente me tocó fue esa exploración de la masculinidad en nuestra cultura. Nuestro héroe aquí no posee los rasgos característicos que definen nuestra idea de masculinidad. Yo fui un chico que creció en Texas y no era considerado masculino, de la forma clásica, y sufrí mucho por eso".

Tom Ford







*

07 July 2016

Momentazos de la sexta temporada de Juego de tronos (part 2)




La decepción se había apoderado de hasta el fan más acérrim@ de Juego de tronos. Tras los 5 notables primeros capítulos, el sexto, séptimo y octavo, a pesar de brillantes pinceladas puntuales, resultaron preocupantemente sosos, descafeinados y narrativamente insustanciales, concentrándose en tramas secundarias o menos interesantes, incluyendo/alargando escenas prescindibles o abusando de anticlimáticas elipsis. Sin embargo, y para alegría de tod@s, los capítulos que han cerrado la irregular temporada, no sólo nos han hecho olvidar, de un plumazo, el mal sabor de boca, sino que han superado, en todos los niveles, tanto desde el punto de vista artístico como narrativo y argumental, los mejores episodios de la serie. Si quedaba alguna duda de que GoT acusaba signos de desgaste y no podía sorprender o reinventarse, se han disuelto por completo. Ya solo nos queda soñar a lo Bran con visiones futuras. ¿Lo mejor está por llegar? Repasemos, spoiler alert mediante, los motivos que nos invitan a ilusionarnos:




Lyanna “Badass” Mormont

En una temporada agradecidamente feminista, la guinda del pastel la ha puesto la robaescenas instantánea (y prima de Jorah) Lyanna Mormont, esa niña insultantemente autoritaria y precoz, capaz de infundir tanto respeto que, de haber entrado en Hogwarts, ni el propio sombrero seleccionador se habría atrevido a asignarle casa. Tras acceder casi a regañadientes (y Davos mediante), a prestarles “4 soldaditos2 para la batalla bastardil, acaba por deshacerse de sus recelos tras el resultado de la batalla, convirtiéndose en pieza clave para el nombramiento de Snow como King in the north (y tan convincente resulta la heredera de la isla del oso, que hay quien asegura que habría votado por ella en las últimas elecciones). ¿Pura generosidad o será que, además de todas las cualidades anteriores, la nena tiene buen gusto y sabe distinguir un “husband material” en cuanto lo ve? Cuidadín, Jon, que la chica comparte nombre con tu madre y puede no ser casualidad…





Volvieron de entre los muertos

Aunque sepamos que en Juego de tronos ninguna muerte está confirmada hasta que veamos al personaje en cuestión exhalar el último suspiro (y a veces ni eso), la sorpresa fue mayúscula al descubrir al muy desaparecido tito Benjen, rebautizado “Coldhands”, como rescatador de Bran y Meera. Ni vivo ni completamente muerto y con una frialdad más propia de ultratumbra, Benjen vuelve a desaparecer de nuestros ojos con la  misma rapidez y misterio con la que llegó. So soon? ¿Qué verso más tendrá que aportar su condición híbrida al final de esta canción de hielo y fuego?

Una pequeña comunidad rural amish en plena naturaleza construyendo con sus propias manos una iglesia de madera. ¿Único testigo? No, el retorno del perro. Más manso por fuera, pero igual de rabioso por dentro (al odio pone por testigo, a lo Scarlett O’Hara), encuentra finalmente su venganza/catarsis masacrando a los malnacidos que asesinaron a los miembros de su pacifica comunidad hippie. Pero el mocetón aún no ha descubierto su vocación/razón de existir, así que aunque temporalmente camine al lado de otros, quién sabe adónde le acabará llevando su olfato.

Edmure Tully, por su parte, ha resucitado brevemente al mundo de la palabra (¿había pronunciado alguna hasta la fecha?  Debe ser que su doble personaje en Outlander no le deja con energía para mucho más), en un espinoso y muy tenso dialogo en el que, básicamente, le recriminaba a Jamie Lanister su aparente mejor (y más identificativo) rasgo: “me duele la cara de ser tan guapo”.





Los genes lobunos de Sansa

El arco dramático de Sansa no tiene parangón en la saga de George R.R. Martin. De uno de los personajes menos interesantes e insulsos, ha pasado a convertirse, con permiso de Lyanna Mormont, en el mejor personaje femenino de la última temporada. La mayor de las hijas Stark encarna a la perfección el arquetipo de doncella inocente o Perséfone que es secuestrada de su mundo para ser sometida al muy cruel Hades/Barbazul de turno, hasta que consigue escapar, pero que en lugar de salir mortalmente herida/traumatizada de la durísima experiencia, emerge como la mejor versión de sí misma (al fin y al cabo, los genes lobunos Stark tarde o temprano tenían que expresarse). Sansa se ha convertido en toda una lady in the north, fuerte y decidida, fiera e incluso vengativa cuando la situación lo requiere, pero nunca cruel (o eso esperamos). Más astuta y mucho mejor estratega (y psicóloga) que Jon, es la máxima responsable de la victoria en la batalla de los bastardos y de que en Winterfell vuelva a ondear la flamante bandera Stark (snif!). No está nada mal para la chica que comenzara pintando corazones sobre los puntos de las íes y escribiendo Mrs Joffrey Baratheon compulsivamente en todos sus cuadernos.





La sutil declaración de amor de Jaime a Brienne

El amor imposible o directamente no correspondido sigue estando muy in en los 7 reinos. Brienne, con su sentido del honor y del deber y su eterna cruzada quijotesca, representa para Jaime lo más valioso y puro que ha encontrado en su despiadado y amoral mundo. La ama pero “no la merece”, es demasiado bad guy para ello (además, estar con otra persona que no sea Cersei supera los límites de su imaginación), y ella, por su parte, tiene muchos motivos de peso para escudarse en su armadura. Por eso resulta tan emocionante reecontrarnos con su eterna tensión sexual no resuelta en Riverlands. Cuando ella aprovecha para devolverle su espada, él contesta: “Keep it. It’s yours. It’s always been yours”. Lo que viene a decir “Quédate mi corazón, es tuyo”. Ains…





Arya Terminator            

La sosa, irregular y aburrida (para qué negarlo) subtrama de Arya de la secta cambia-rostros dio un interesante giro que provocó que tod@s l@s fans contuviesen el aliento: Arya había sido apuñalada por la puñetera chica Terminator. La sangré llegó al rio, pero la pequeña y luchadora Stark, demostrando una fortaleza y capacidad de recuperación wolverinesca, consiguió sanar sus heridas antes de que la cyborg contraatacara (¿un día después?). Y en una carrera-persecución digna de la saga de James Cameron, con miradas de acero, movimientos de cuello robotiles y salpicada, incluso, de un homenaje a El padrino (esas naranjas tiradas accidentalmente por el suelo NO pueden ser casualidad), culmina con una de las muertes-elipsis más insatisfactorias de la serie. Y cuando Arya se rebautiza de nuevo y abandona a los hombres sin rostro, vemos una sonrisa a lo “misión cumplida” en Jaqen H'ghar. Con los deberes hechos y sin ninguna de sus responsabilidades, Arya está lista para convertirse en la Terminator de su propia lista, pero lo escalofriante y preocupante de su misión es que todo apunta a que va a disfrutar de ello con una fiereza caníbal. Miedor.





Dragon Drogon Dragon

Los hijos pródigos de la Khaleesi han vuelto y son más grandes, más espectaculares y más fieros que nunca. Tras hacer las paces con su mamma humana (tal vez, simplemente, la echaban de menos), han decidido volver a casita para ayudarla en su misión de conquistar del trono de hierro. Y, como se puede comprobar, no le ponen pegas a nada. Si hay que hacer ejércitos o flotas humanas a la barbacoa, se hacen (sin degustarlas después, eso sí). Pero el plano estrella que nos han regalado está temporada no pertenece a ningún reencuentro ni a ningún ataque mortal. Ver volar a los 3 dragones sobre la muy generosa flota de Daenerys (con la presencia de barcos con las banderas de las casas Martell y Tyrell, lo cual explicaría la “ubicuidad” de Varys), en el genial plano final que cierra la sexta temporada pone los hairs like escarpias al/a más dragofobic@ (¡y esa B.S.O!).





La batalla bastardil

Aunque narrativa y argumentalmente el capítulo 10, Winds of winter, sea irreprochable y absolutamente redondo, la batalla de los bastardos es puro Eau de trônes. Una épica batalla de una calidad técnica y artística sin precedentes en televisión, rodada con tanto esmero y adrenalínica inmersión, que la única pega/frustración del/a espectador/a es no haberla podido disfrutar en pantalla grande. Resulta imposible que sus momentazos no formen ya parte de la memoria colectiva del fan. Aunque su guión resultaba completamente predecible (sabíamos que Jon no moriría, que Rickon no tenía ninguna posibilidad y que Sansa tenía un as en la manga), el potente cómo logró agarrarnos por el cuello e impedirnos respirar durante una hora. ¿Qué escena escoger? ¿El sádico asesinato a traición del incauto Rickon? ¿el feeling estrangulador de derrota inminente? ¿la casi muerte por asfixia del admirable Jon Snow? ¿el brillante rescate in the last minute de la gran estratega Sansa? ¿o la emotiva muerte del Wun Wun, el último gigante? Yo, particularmente, me quedo con el espectacular plano de espaldas de Jon frente a un implacable ejército en marcha y la bandera Stark reconquistando Winterfell. Wow!





La redonda muerte de Ramsay

Todos deseábamos asesinar con nuestras propias manos al psicópata de Ramsay Bolton (incluso el propio actor admitió que su personaje debía morir de una forma lenta y dolorosa) y Snow estuvo a punto de saborear ese vengativo placer, a base de catárticos mamporros, pero sabía que había otra persona en los 7 reinos que merecía y a la que le correspondía mucho más ejercer de verdugo: su prima-hermana Sansa (inspirado discurso included). Y es que su escalofriante muerte sólo podría haber sido más poéticamente justa si además de Sansa, Theon hubiera azuzado a esos maleducados (por él) canes hambrientos. Sin embargo, con su partida perdemos a un actorazo y uno de los mejores y más despreciables villanos que nos ha dado la serie. It’s a god-eat-dog world.





La venganza valiria de Cersei

Que sí, que la trama de la rubísima Lannister parecía a punto de expirar. Con todo en su contra, un juicio pendiente y cada vez más sola y vulnerable, ¿qué más podía aportar a la saga? Sin embargo, una vez más, la ficción de Martin nos noquea recordándonos que en Westeros las cosas nunca son lo que parecen. Aunque su padre Tywin le dijo en alguna ocasión que no era tan inteligente como ella pensaba, en una jugada maestra, Cersei ha planeado y ejecutado un brutal jaque mate, mientras sus enemig@s la habían relegado al margen del tablero. Es muy Lannister recurrir al fuego valirio y con este ha quemado, de un plumazo, todos los obstáculos  que le impedían ser libre para ejercer el poder. No obstante, hay una variable que se le escapó en su experimento: el suicidio de su hijo Tommen. Y sentada en el trono de hierro, sin nada que la modere e humanice, puede convertirse en la más peligrosa, inestable e impredecible de las villanas. Su hermano lo sabe. ¿Se cumplirá la profecía de la infancia de Cersei? ¿Tendrá que recurrir Jaime, por el bien de tod@s, a su desafortunado apodo de nuevo?



    

 Nombramientos reales (the King in the north and the hand of the queen)

Aunque habíamos escuchado corear eso de “the king in the north!” antes, nunca hasta ahora había sonado tan sincero, emocionante y unánime (y resulta aún más rotundo cuando la idea proviene de una niña de 10 años). Marginado y ninguneado durante toda su vida por su condición de bastardo y con tantas buenas aptitudes, ¿existe alguien que se lo merezca más? Jon es el Aragorn de la canción de hielo y fuego, el héroe íntegro, valiente y humilde que no busca la gloria, pero que, por cualidades y herencia, se ve irremediablemente empujado a la grandeza, incluso a su pesar. Ante la inquietante y desaprobadora mirada de Little Finger/Meñique, Sansa teme por el futuro de su hermano, cuyo nombramiento aprueba y aplaude, pero quién sabe si en el futuro, celosa del nuevo cargo de este (una posición que le correspondería a ella por su condición de hija legítima de los Stark), no acabe traicionándolo (in)conscientemente. Crucemos los otros fingers para que no sea así…

Quién ha visto a Tyrion y quién lo ve. No sólo asegura que se ha deshecho de su cinismo para creer en algo/alguien o una causa mayor que el mismo (y su plan de negocios viniles), sino que no le cabe la emoción y el orgullo en el pecho cuando la Khaleesi le coloca “el pin” de mano de la reina. Obviamente, ambos confían y se apoyan el uno en el otro, y también, y aún más obviamente, el pequeño de los Lannister ha ingresado en el puesto que dejó vacante Jorah a todos los niveles: la friend zone. “Muchos te han amado y te amarán” asegura cuando Dany abandona a Daario Naharis, pero en realidad, le está diciendo “yo soy uno de ellos”. Poor Tyrion L





Introducing Jon (Stark) Targaryen

¡Por fin se ha confirmado la famosérrima teoría fan R+L=J! No veíamos la hora de que Bran subiera a la dichosa torre de la alegría y nos diera la ídem con este esperadísimo e interesante giro (y secreto mejor guardado de la serie). Aunque se omite intencionadamente el nombre del padre, la HBO lo ha confirmado con esta infografía: Jon Snow es hijo de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen, lo que significa que no solo no es un bastardo, sino que ser el hijo del antiguo rey el convertiría, con permiso de su tía Daenerys, en el heredero más directo del trono de hierro y potencial Azor Ahai.

Y es que de acuerdo a la mitología de GoT, Azor Ahai fue un héroe que detuvo hace más de 5.000 años la previa invasión de los white walkers, haciendo uso de una espada de fuego llamada Dueña de Luz (Lightbringer), que forjó atravesando el corazón de su verdadero amor, una mujer llamada Nissa Nissa. Los seguidores del Señor de la Luz creen que este mítico personaje volverá a la vida tras un largo verano, cuando la oscuridad se extienda nuevamente sobre el mundo (es decir, cuando los white walkers ataquen los Seven Kingdoms). En palabras de Rhaegar Targaryen “la suya es la canción de hielo y fuego”.

¿Qué condiciones tiene que cumplir la reencarnación de Azor Ahai? Veamos: Tener sangre de dragón, Haber nacido entre el humo y la sal, Haber nacido bajo una estrella que sangre, Haber despertado dragones de la piedra, Levantar Dueña de la Luz de las llamas y realizar un sacrificio. Aunque nos falte algún punto de la lista, ante tanta evidencia, ¿existe alguien que aún crea que Jon no es el elegido?





Juego de tronos nunca nos había regalado un final de temporada semejante. No sólo por su calidad y por el hecho de haber dejado todas las plot lines atadas, sino porque, por primera vez, todos nuestros personajes favoritos están sanos y salvos y su futuro se presenta emocionante y esperanzador. ¿Confirmarán los 13 capítulos restantes que nos encontramos ante la serie más feminista de la historia? ¿podrá nuestro fan side soportarlo sin morir en el intento? Para ir haciendo boca, marchando una de teorías frikiles para l@s más impacientes:


Y ya, sin más dilación, toca, con mucha tristeza, abandonar Westeros. Que los dioses antiguos y los nuevos os protejan hasta la séptima temporada ;)


Esta entrada mejorada, como desde hace un año, también la puedes encontrar en wordpress


*

05 April 2016

10 films extremadamente populares que aún no he visto




De entre mis más vergonzosas, imperdonables e inconfesables lagunas como cinéfila, destacaría algunos de los primeros títulos pioneros de la historia del cine (El nacimiento de una nación, El gabinete del doctor Caligari, El acorazado Potemkin…), buena parte del neorrealismo italiano y la mayoría de los westerns (posiblemente, el género que menos me entusiasma), pero también existen otros títulos, bastante más conocidos y digeribles, que forman parte del  mc menú cinematográfico de varias generaciones; películas que, para mi mayor vergüenza, han sido, en su mayoría, repetidas hasta el hartazgo por l@s inspirad@s programadores televisivos durante las últimas décadas.

Clásicos imprescindibles, películas palomiteras y algún que otro clásico del terror componen una lista que me atrevo a mostrar aún a riesgo de que algún/a lector/a, me tatúe “mala cinéfila” a punta de cuchillo en la frente. Here we go:




Alive/ ¡Viven! (Frank Marshall, 1993)

Hay un tema que constituye mi kriptonita cinematográfica y literaria, algo que inevitablemente, horripila a casi todo el mundo (psicópatas a un lado)  pero que, en mi caso, me provoca un terror visceral paralizante e insoportable: el canibalismo. Y aunque la gente suele calificarla como la  más inocua, light y blanca de las películas de come-humanos (forzosos), el hecho de que esté, además, inspirada en hechos reales, ha sido suficiente para que, por lo que a mí respecta, esos pobres jugadores de rugby jamás llegasen a los Andes…





Rocky (John G. Avildsen, 1976)

No tengo una explicación consciente de por qué se me ha resistido este famosérrimo film. Puede que mi escasa simpatía noventera por Sly unida a mi nula afición al boxeo me hayan alejado de ella. Sin embargo, y a pesar de conocer su famoso final (Phoebe Buffay fue mi spoileadora), recientemente, con la curiosidad oscaril de Creed, ha pasado a engrosar mi lista de pendientes. Who knows, algo me dice que puede que no permanezca en esta lista de la vergüenza mucho tiempo más…




American Psycho (Marry Harron, 2000)

La idea de ver a mi por entonces celebrity crush, Christian Bale, convertido en un yuppie psicópata adicto a los tratamientos de belleza (por cierto, las mascarillas se retiran de abajo hacia arriba, Chris), no me hacía especial ilusión. Con los años, tristemente, le he acabado cogiendo una tirria inmerecida, ya que Patrick Bateman fue en gran parte el culpable del cambio radical o la progresiva ida de pinza del, por entonces, chico vegetariano y encantador.  Nada más acabar el rodaje de esta película, Bale sintió, por primera vez en años,  y de forma incontenible “la llamada de la carne”, y acabó engullendo el equivalente a una vaca entera entre diversos restaurantes en una sola noche. Desde entonces ya no ha vuelto a ser el mismo. Y es que nada bueno puede venir de la carne roja…




The Blair Witch Project/ El Proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999)

Tras el western el género de terror es el que más he tendido a evitar a lo largo de los años, aunque por motivos muy distintos. Mientras que much@s disfrutan de la catarsis de sus fantasmas interiores, reconfortados por la firme seguridad de estar san@s y salv@s al otro lado de la pantalla, en mi caso,  la única seguridad que recibo es la certeza de saber que solo podré dormir con la luz encendida durante una semana. En este caso concreto, se me ha resistido incluso a pesar de su condición de pelotazo y pionera impulsando el auge del metraje encontrado (en cuyo revival está enfrascado el género hoy en día), y de que fuera la primera película que utilizó machacona e inteligentemente internet como vehículo de promoción.



A Clockwork Orange/ La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)

Probablemente esta sea una de las confesiones más vergonzosas y humillantes de esta lista, además de uno de sus mejores y más imitados títulos, pero me bastaron unos breves minutos de una de sus escenas más míticas, hace muchas lunas, para que las resistencias a asomarme a mundo de Alex & Co. no se hayan derribado todavía (la televisión ha colaborado, ya que de todos estos títulos, seguramente sea el menos emitido). Agujero cinéfilo inexcusable y must-see de cinéfilos y cinéfilas de medio mundo que ahora mismo estarán tirándose de los pelos (y/o las pestañas)… Yes, l know, yo me lo pierdo.




Easy Rider/ Easy Rider (Buscando mi destino), (Dennis Hopper, 1969)

Aunque me costó un tiempo entender a qué venía tanto revuelo y qué narices simbolizaba aquello de la ruta 66, el poder evocador de la que fuera la puesta de largo de la contracultura hippie era tal, que cada vez que escuchaba el ‘Born to be wild’, la icónica imagen de Dennis Hopper y Peter Fonda acudía instantáneamente a mi cabeza. De alguna manera, es como si ya la conociera sin haberla visto, como si todos los introyectos 100% yankees que he recibido a lo largo de mi vida funcionaran como uno de esos inmisericordes trailers destripadores de películas.




Fatal Attraction/ Atracción fatal (Adryan Line, 1987)

Sé que hay un asqueroso conejocidio, una frase mítica  (I won't be ignored, Dan!) y la impresión, no sé si injusta, de que esta vengativa post-efervescencia hormonal no es más que es otro descarado caso de misoginia. Shakespeare escribió “Hell hath no fury like a woman scorned” ("Ni el infierno tiene la furia de una mujer despechada") y varios siglos más tarde ciertos guionistas de Hollywood cómplices (in)voluntarios del boicot feminista, han intentado darle asquerosamente la razón (¿dónde quedaron las mujeres fuertes y decididas de los años 40?). Pues vale. Llámenlo prejuicios, pero yo no compro. No me interesa.




Independence Day (Roland Emmerich, 1996)

El hype noventero pudo con mi pereza. De nuevo una invasión de alienígenas malos malísimos y, una vez más, USA, exactamente en un día más yankee que la tarta de manzana y la salsa de arándanos juntas, salvando al planeta y la humanidad de la aniquilación total, espectacular catastrofismo arquitectónico digital mediante (marca de la casa Emmerich). Cinéfil@s del mundo, contestadme: ¿acaso me pierdo algo importante en mi educación cinéfilo-sentimental?




Rambo: First Blood/ Acorralado (Rambo), (Ted Kotcheff, 1982)

Si el sufrido Stallone no resultaba demasiado apetecible como un humilde y talentoso boxeador, como veterano boina verde ultrapatriota y repartidor de estopa, la resistencia llega a límites estratosféricos. Ni sus innumerables parodias y su más que mítica “I can't feel my legs!”) han sido suficientes para despertar mi curiosidad cinéfila. A pesar de que muchos niñ@s ochenteros y noventeros no me lo perdonen jamás, me temo que nunca nos conoceremos personalmente. I’m sorry, John Rambo!




The Texas Chainsaw Massacre/ La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

De nuevo el terror y el canibalismo. Y, para más señas, la madre del slasher y el sumun del gore. Sólo Holocausto Caníbal me da más respeto que esta ultrafamosa y revisitada película de culto. Tanto he leído sobre ella que no quiero que “su destacado uso de la cámara me conviertan en otra potencial víctima”. Lo que sí me intriga, a pesar de mis miedos, es que su descarada inspiración en los cruentos e inhumanos métodos empleados en los mataderos, la convierten, en la opinión de muchos, en toda una apología sobre el vegetarianismo. Tentador, pero no sé si me atreveré a descubrirlo algún día…



Analizando ahora estas 10 víctimas de la casualidad y de mis fobias, descubro cierta coherencia. De entrada, me queda clara una cosa: al parecer, no me gusta que me recuerden que los monstruos existen.

¿Y vosotr@s? ¿Cuáles son esos clásicos rabiosamente populares que aún no habéis visto?


 *




21 August 2015

Del revés: Disneiniano secuestro emocional




En los años 70 el psicólogo Paul Eckman, en un “darwiniano” trabajo pionero, descubrió que las expresiones faciales de las emociones, en lugar de determinadas culturalmente, son más bien universales y tienen, por consiguiente, un origen biológico. En su primera lista de emociones básicas incluyó la alegría, la ira, el asco, el miedo, la sorpresa y la tristeza. Dos décadas más tarde añadiría a la lista la vergüenza, la satisfacción, el alivio, la culpa, el desprecio y  el orgullo/soberbia, entre otras.




La factoría Pixar ha hecho los deberes de la parte que le ha interesado (¿por qué se ha reducido tanta complejidad a esas 5 caprichosas emociones básicas y quién ha nombrado presidenta a la totalitaria alegría?) y nos ofrece una historia tierna e imaginativa por encima de cualquier producción de animación media, pero por la que, en mi caso concreto, me es imposible no sentir cierta ambivalencia. Y es que hay elementos del film por los que resulta inevitable no caer rendido (la fábrica de sueños o los borradores de recuerdos, por ejemplo) y otros que generan frustración, decepción, tristeza y (por qué no admitirlo) cierta vergüenza ajena (ese paupérrimo inconsciente… ¡ay si Freud y Jung levantaran la cabeza!).




El “inside out” de Riley, su joven protagonista, en lugar de una película, merecía una serie al más puro estilo “Erase una vez… la mente”. En un afán economizador y simplificador y con una mano demasiado larga de “infantilizator blanqueador”, la mente humana, ese eterno gran misterio, ha quedado reducida a una cartesiana, ordenada, pulcra y multicolor sucesión de brillantes y chisposos terrenos perfectamente definidos, delimitados y etiquetados en los que no hay ambigüedades, interconexiones, grisuras, sombras, lados oscuros, o simplemente, mala leche. Pero, ¡oh, my God, la infancia es intocable! ¿Cómo vamos a ser valientes y turbios? ¡Tito Walt nos libre!




Y es que, en realidad, puestos a hacer comparaciones, el cerebro (infantil o no) humano, en lugar de un azucarado parque temático, posiblemente se parezca bastante más al castillo Hogwarts del universo potteril: siempre está en construcción, es oscuro, laberíntico y sucio, fantasmas rondan sus pasillos cómo y cuándo les da la gana, las habitaciones cambian de sitio o mutan de aspecto, hay pasadizos secretos interconectados, las puertas no siempre se abren (o aparecen donde no deben), las escaleras que parecen llevarte a un destino, en realidad, te conducen a un lugar distinto, y siempre hay miembros de slytherin dispuestos a recordarte/mostrarte lo que no quieres ver, sabotearte o tocarte machaconamente las narices.




Tampoco cuela esa idílica y nada disfuncional familia tradicional en la que todo es tan perfecto y blanco (apunte feminista: se mudan por el trabajo del padre y la madre, no sólo parece no tener profesión, sino que, a diferencia de Riley, tampoco siente ningún tipo de rencor hacia el responsable). Un traslado, en una niña con su bagaje emocional y apoyo (su reacción es desproporcionada, precipitada, incoherente con el personaje y muy “by the face”) no es un conflicto o trauma a la altura de una película (aunque sepamos, con sus pinceladas gruesas, que representa la pérdida de la infancia). Al menos, films dirigidos a un público infantil como Big Hero 6 con la muerte del hermano mayor, o incluso, Cómo entrenar a tu dragón, con la mutilación del protagonista, narrando el mismo proceso esencial, se atreven a poner la dosis necesaria de trauma y “asquerosa realidad” a la altura dramática de la historia.




¿Por qué no ha habido más riesgo, más valentía, más arañazos, grisuras y grietas y menos empalago familiar en este muy disneiniano secuestro emocional? ¿Por qué todo es tan férreo, sólido, claro, delimitado y cursi? ¿Por qué convertir desde el principio en capitana y oficial al mando a una sola emoción cuando la navegación SÓLO puede ser conjunta o no ser? "La verdadera patria del hombre es la infancia" escribía Rilke. Pero no hace falta llegar a la preadolescencia y caer en la tristeza, la nostalgia y la melancolía de las pérdidas necesarias, para saber que la dictadura de la alegría infantil más férrea no puede existir, en ningún momento, sin la tristeza y el dolor. No, Disney/Pixar, esa patria idealizada que nos muestras no existe. No ha existido jamás. Incluso Peter Pan, desde Nunca jamás, lo sabía…




*
Related Posts with Thumbnails