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03 March 2017

I, Daniel Blake/Yo, Daniel Blake: “Yo quijoteo. ¿Tú quijoteas?”


No comienza mal lo último de Ken Loach. Un personaje simpático y entrañable desgrana lúcido humor británico ante la frustración de la insultante red tape de las ayudas sociales, denunciando de forma clara y lúcida la brecha tecnológica que existe entre las jóvenes generaciones que han integrado la tecnología plenamente en sus vidas y la muy desorientada tercera edad. Y con la empatía en mode on, un@ piensa que tal vez la palma de oro en Cannes está total y completamente justificada, pero se equivoca.




El buen cine social debería ser un must, y aunque aplaudo fervientemente la faceta comprometida y de defensor de causas perdidas de Mr Loach (habría que irse a personalidades psicopáticas para no empatizar y no solidarizarse con los más desfavorecidos y los vergonzosos e imperdonables problemas sociales que nos atenazan), l, Daniel Blake, más que una denuncia de una dolorosa realidad, es una exhibición de pornografía emocional que atenta contra la sensibilidad, la sutileza y el buen gusto.




Básicamente, es como si, en manos de Loach, el sufrimiento real de miles de personas (ese que sabemos que existe y que es tan insoportablemente real que, en muchos casos, superará siempre la ficción), fuera instrumentalizado para subrayar de forma insistente el mismo mensaje machacón, todo en letras tan grandes que, junto con la muralla china, podrían verse claramente desde el espacio. Y el efecto es tan reiterativo y excesivo, tan dolorosamente obvio, que en lugar de emocionarnos, consigue exactamente lo opuesto: indiferencia absoluta y aburrimiento mortal.




Ken Loach se limita a poner en imágenes el tosco y torpe guión de Paul Laverty, su colaborador habitual, guionista para el que, al parecer, todo es blanco o negro, y del que se echa en falta la complejidad, la hondura psicológica y los matices que los personajes y las situaciones demandan (sabemos que la maldad, en muchísimas ocasiones, no tiene límites en nuestro podrido mundo, pero no es necesario “insultarnos” con tanto maniqueísmo y demagogia).




I, Daniel Blake, concluye, además, de forma excesivamente forzada y efectista. Su intención es reventar nuestros lacrimales, pero solo consigue la desquiciante última gota que colma el flagelador vaso de desgracias. En lugar de una (necesaria) bofetada de realidad, Mr Loach nos ofrece una muestra de bienintencionalidad caricaturizada. Posiblemente, lo peor que he visto en la pasada edición del Zinemaldia (y en todo el 2016). 


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03 March 2015

Semana Sci-Fi: Jupiter ascending (El destino de Júpiter) o Carta astral errada




Hay que agradecerles a the Wachowkis su afán de riesgo, su megalomanía creativa y su espíritu no acomodaticio. Quienes revolucionaran la ciencia ficción en los 90 con la visionaria Matrix ansían seguir haciéndolo en cada nuevo trabajo, incluso aunque eso les cueste su fortuna y firmar la carta de despido de la industria. El espectador lo sabe (o intuye) de alguna manera, por lo tanto, un nuevo film de estos ambiciosos hermanos siempre es percibido, potencialmente, como el último.




Desgraciadamente, eso es lo único positivo que se puede decir de Jupiter ascending. En un batiburrillo de géneros, influencias y sagas míticas sin precedentes, su deshilvanada e incoherente trama discurre entre La Cenicienta (o Princesa por sorpresa) más pasiva cuya única función es ser rescatada una y otra vez (Trinity, where are you?), Crepúsculo, un Asgard imperialista y fascista, el anime japonés, Guardianes de la galaxia y un sinfín de personajes sacados directamente de la starswasiana cantina de Mos Eisley, entre muchos otros.





Como viene siendo la tónica Hollywoodiense habitual, tanto se han afanado los “W brothers” por crear su particular y único universo, por poner el acento en su exuberante y barroca imaginería visual, que, una vez más, han olvidado la historia (un patético ejemplo es la estúpida forma en la que se enamoran sus protagonistas sintetizada en la frase “me encantan los perros”). Sus planísimos (y desaprovechados) personajes, no sólo parecen desubicados y perdidos en todo momento, sino que, con la excepción del siempre digno Sean Bean, llegan a dar pena/vergüenza ajena en algún momento de la trama.




Las comparaciones son especialmente odiosas en el caso de dos actores que acaban de ofrecer, hace muy poco, las mejores actuaciones de su aún corta carrera. Me refiero al surfista mestizo con ecos crepusculiles y alergia las camisetas en el que han convertido a Channing Tatum (si lo han visto en la estupenda Foxcatcher, sabrán a lo que me refiero), y sobre todo y ante todo, en el caso de ese villano-reinona histriónica, patética, chillona y carne de Razzie encarnada por el recientemente oscarizado Eddie Redmayne.





Si nos esforzamos por destacar sus puntos positivos, además de la parte técnica, y dejando de lado la cansina obsesión wachoskiana por la reencarnación que ya iniciaran con El atlas de las nubes, encontramos un asomo de crítica consumista-capitalista-imperialista-ecologista, y un intento de reflexión científica sobre el tiempo y sus posibilidades. Sin embargo, todo eso adquiere escaso o nulo peso y desarrollo en un decepcionante y tristemente fallido film que acaba siendo poco más que intenciones y un potente empaque visual. ¡Que rabia y qué pena, ladies & gentlemen!




Desearía olvidar:  Todo; la posibilidad de que todo fuera un espejismo y nunca volvamos a ver chispazos de talento en los Wachoski; el hecho de que los otrora creadores de mujeres fuertes y con carácter, hayan elegido como protagonista a una sosa y despersonalizada damisela en apuros.


Guardo en mi baúl cinéfilo: Tristemente, nada. 











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06 October 2013

61 edición del Zinemaldia: Anti-perlas





Hace exactamente una semana que la última edición del festival de cine de San Sebastián echó anclas a la espera de la (esperemos menos “recortada”) 62 edición, sin embargo, ha supuesto un tiempo muy escaso como para que la (advenediza) autora de este blog haya tenido tiempo de digerir y asimilar las casi 30 películas que ha tenido el privilegio de disfrutar como acreditada por primera vez en su vida.
¿Por dónde empezar? Por las anti-perlas, para posteriormente pasar a las semi-perlas y acabar con las pequeñas y grandes joyas, of course.

 
Anti-perlas

 



The face of love (Perlas)

Cuando te encuentras con dos actorazos de la talla Annette Bening y Ed Harris derrochando química y complicidad en una historia, a priori, de lo más prometedora (una mujer viuda se encuentra con un clón de su difunto esposo 5 años después de su pérdida y se siente irremediablemente atraída por él) parece que nada puede salir mal, sin embargo, el film culebrea en su segunda mitad, y el enorme potencial de la historia queda fagocitado por una simple y facilona resolución telefilmil que deja en el espectador una indignante e imperdonable sensación de estafa.

 



Devil’s knot (Sección oficial)

Es difícil decidir qué es lo más triste del último trabajo de Atom Egoyan: si constatar que el director ha perdido definitivamente el norte o encontrar en su reparto a buenos actores como Colin Firth y Reese Witherspoon simplemente correctos y desperdiciados. Con ecos de Mistic River y vocación de telefilm, la película resulta aburrida, predecible y sin personalidad. Expone unos supuestos hechos reales con escaso atractivo o interés, para arrojarnos a un final torpe y anticlimático con los que, probablemente, sean los (super explicativos) rótulos finales más largos de la historia.

 


October, November (Sección oficial)

Esta cinta austríaca tiene el dudoso honor de haber sido, probablemente, la película de la sección oficial que más desbandadas ha provocado en el patio de butacas. A pesar de contar con el bueno de Sebastian Koch pululando por los Alpes, el film resulta aburrido, acartonado, predecible, sin ritmo, sin emoción, reiterativo e insoportablemente largo. Una escena se repite.:un pobre salmón agoniza y lucha desesperadamente por respirar sobre una piedra. Nada justifica la muerte de un animal no humano para subrayar insistentemente un proceso vital, pero, este film, menos que ninguno.

 


Enemy (Sección oficial)

Tal vez, dentro de unos años, me tire de los pelos y/o me haga cortes con cuchillas al más puro estilo trastorno borderline por no haber sido capaz de ver y apreciar la grandeza del film de Denis Villeneuve, pero, aquí y ahora, me resulta difícil ver un potencial diamante en bruto tras ese inconcluso, pretencioso y caótico manto de confusión. Se agradece un film que intente salirse de lo convencional y sorprender al espectador. También se aplaude la atmosfera inquietante, turbia y alucinógena y la inspirada elección de casting, pero no puedo darle la razón al director cuando afirma que “para entenderla o disfrutarla hay que verla más de una vez”.  Las segundas oportunidades cinematográficas, sólo se dan a quienes te han atrapado en su red (y nunca mejor dicho) tras un solo visionado.

 


 
Fruitvale Station (Perlas)

Tras ver Fruitvale Station y de confesar sentir una tirria especial por la sobrevaloradísima Bestias del sur salvaje, la ganadora anterior, me reafirmo en el hecho de que he perdido del todo la fe en el criterio del festival de Sundance. Resultaría difícil imaginar cómo ha podido llegar tan lejos una producción manipuladora, telefilmera, almibarada y maniquea (en la que la sensación de manipulación y nulo respeto hacia la inteligencia del público resultan constantes) si no fuera por los grandes nombres que se esconden en las labores de producción. Para indignarse ante una injusticia no hace falta que nos eleven a la santidad a su víctima (puede, incluso, resultar contraproducente, y de hecho, ni siquiera tiene que caernos bien). Un acto abominable siempre será abominable. Y punto.

 



For those who can tell no tales (Sección oficial)

Los temas que acaricia no podrían ser más interesantes y rescatables, pero, lamentablemente, las buenas intenciones no bastan ni para conmover ni para sostener una película. El film de Jasmila Zbanic está situado a las antípodas de la emoción, como su australiana protagonista, y nos deja la frustrante sensación de haber visto una película fallida que pedía a gritos una buena ficción en lugar de una falsa y fría estructura de documental. Aunque le pongamos ganas y complicidad, su bienintencionado recorrido no nos conmueve, ni horroriza (y esto es lo peor que se puede decir de un film de denuncia), además, profundiza levemente en la herida y sus consecuencias y no acaba de resultar del todo creíble. Una pena.

 



El rey de Canfranc (Zabaltegi)

Durante la segunda guerra mundial hubo una Casablanca y un Rick's Cafe patrios, concretamente en la estación de ferrocarril de Canfranc (Huesca), donde Albert le Lay, un espía al servicio de la Resistencia francesa que se ocultaba bajo la normal apariencia del jefe de la aduana francesa, controlaba este punto estratégico de paso de mercancías entre España y Alemania, salvando unas cuantas vidas en el intento.
Con semejante argumento, a priori, resulta bastante improbable que este documental pueda resultar aburrido, pero, desgraciadamente, lo es. Su fascinante material está narrado sin pulso, sin originalidad y sin gracia (como si tratase de un documental medio de La2), se limita a ser funcional y toda su potencial magia (que daría para una película) se pierde en el camino. Qué rabia.


Próximamente: Semi-perlas

 
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26 August 2013

Elysium: Deus ex machina, porque yo lo valgo



[¡Cuidadín! Esta lista de preguntas sin respuesta contiene spoilers]


*¿Por qué los pobres habitantes de la tierra chapurrean spanglish mientras que los ricos y clasistas habitantes del Elysium hablan perfecto francés? Dada la forma en la cinta ningunea y desperdicia la crítica social, ¿no habría sido más inspirado que, al menos, en lugar de la lengua de Molière, hablasen alemán?

*¿Cómo es posible que, a pesar de nuestra complicidad y candidez (y una cantidad ingente de deus ex machina), pretendan que nos creamos que tras una descarga de radioactividad mortal, con plantarle un traje a lo Robocop y darle un par de pildorillas, el bueno de Damon adquiere super fuerza, no le duele nada, apenas sangra cuando le apuñalan (y seguro que ni suda), cuando, en realidad, debería estar consumiéndose a velocidad exponencial y dañando seriamente a las personas que tiene alrededor?
 
 
 

*¿Por qué el tal Spider, genio informático donde los haya (únicamente leyendo un código encriptado consigue descifrarlo. Ni el Neo de Matrix, oiga) insiste tanto en la dificultad de la misión que le encomienda a Damon, cuando horas más tarde se presenta él mismo en una nave que nadie detecta hasta que es demasiado tarde y sin un solo rasguño, like Peter around his home?
 
 
 
 
* ¿Por qué nos ilusionan ante la idea de contar con una mala de la categoría de la semi retirada Jodie Foster, cuando en realidad su personaje resulta vergonzosa y ridículamente secundario, y toda la película iba encaminada a un descarado duelo testosteróneo y mamporril entre el bueno buenísimo y el malo malísimo?
 
 
 
* ¿Cuál es el sentido de tanto subrayado sobre el carácter mesiánico del personaje principal, repitiéndonos las mismas cansinas escenas varias veces? ¿nadie más ha sentido la irreprimible urgencia de ponerle un esparadrapo en la boca a la irritante y manipuladora monja?
 

* ¿Por qué incluir la escena, forzadísima hasta la náusea, en la que la hija de la enfermera le cuenta la fábula a Damon? ¿es que no resultaba suficiente presión para el muchacho el hecho de saber que tiene en las manos el futuro de la hija del amor de tu vida? La reacción de la niña no tiene ningún sentido. Acaba de conocerlo, no hay vínculo, ni afecto, ni ná de ná.
 
 
 

* ¿El final estúpido, ridículo, edulcorado, nada coherente, es un insulto a la inteligencia o una advertencia e “invitación al futuro ahorro” a los incautos que han pagado por la entrada?

 
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27 March 2013

Amor y letras ("Liberal Arts"): crisis vitales versión hipster



En una escena de Amor y letras (otra maravilla de “traducción” inspirada donde las haya), el personaje de Elizabeth Olsen le graba un CD de música clásica a Josh Radnor para que este amplíe sus gustos musicales más allá de “los grupos indies raros” que suele escuchar. Él, maravillado ante su belleza, reacciona (o despierta) con insights sobre la poesía de la belleza urbana al más puro estilo American Beauty.  ¡Qué bonito!
Hace unos 15 años, cayó en mis manos un CD doble titulado “La mejor música de relajación del  mundo” que contiene, aproximadamente, el 80% de los temas clásicos que se incluyen en esta película.  ¿Cuál es la diferencia entre estas dos situaciones tan aparentemente poco relacionadas? Pues que mi CD no intentaba engañar al consumidor, venía a ser lo que a la música pop son los grandes éxitos de The Beatles, mientras que en la película de Radnor, nos quieren vender esta selección de temas, no sólo como una muestra representativa de los fab four, sino de la música pop nivel principiante. Pues bien, esta metáfora musical puede aplicarse al resto de la película.
 
 
 
 
 
Casi todo en este film es pura pose hipster o gafapastil, perfectamente diseñada para parecer ingeniosa, fresca y trascendente, cuando en realidad, no lo es. Josh Radnor (que escribe y dirige, como ya hizo con su primer trabajo Happythankyoumoreplease) pretende hablarnos de las crisis vitales (la de los veinte, la de los pre-cuarenta y la de la post-jubilación) y sus aparentes coincidencias, de lo que implica aparcar los peterpanismos, abrazar la madurez con responsabilidad y aprender a estar más presente en el mundo real que en el acogedor mundo interno (ese que es alimentado por los libros que el personaje de Radnor parece devorar), entre otras muchas cosas. El problema, es que no profundiza ni desarrolla ninguno de estos temas. Se limita a rascar un poquito en su superficie, a soltar unas cuentas frases supuestamente profundas y lúcidas en algún dialogo resultón y a mostrarnos un catálogo de inadaptados encantadores (muy desaprovechados, casi todos ellos, sobre todo ese actorazo que es Richard Jenkins). Todo sin hacer demasiada pupita ni hacer meditar al espectador. Muy cool, muy bittersweet, muy “indie”, pero no cuela.
 
 
 
 
 
Por ejemplo, no nos creemos a Josh Radnor como ese lector inteligente y compulsivo. Salvo alguna escena en la que le vemos leyendo o soltando algún comentario prestado, lo único que nos lo confirma (además de oírle repetir “me encantan los libros” una y otra vez), es un ataque a la yugular de la saga Crepúsculo, que vendría a ser tan obvio y facilón como un grupo de leonas persiguiendo a una gacela “jubilada” en pleno Serengueti. Lo que realmente habría sido un síntoma de ingenio e inteligencia, habría sido meterse con alguna otra obra literaria mejor valorada por la crítica y más querida por el público en general, pero como casi todos sentimos tirria (o placer culpable) por la saga vampírica, nos reímos maliciosamente, felicitándonos por nuestros buen criterio y tan contentos.
 
 
 
 
En resumen, si lo que quieres es ver una película amable, agridulce, algo cursi, políticamente correcta, con algún actor carismático (atención a Elizabeth Olsen, lo mejor de la película con diferencia), perfectamente olvidable, aunque un poco más digna que la media de comedias de este tipo, puede que salgas del cine con una sonrisa. Si, por el contrario, exiges un film a la altura de la propuesta que inicialmente presenta al espectador (un film sencillo, fresco, nada pedante o pretencioso, con ingenio, inteligencia y cierta profundidad y originalidad), sentirás que la última hora y media de tu vida  es una vergonzosa tomadura de pelo… hipster.
 
 

P.S. Tiene guasa, I’ll give him that, que Radnor se meta con la saga Crepúsculo cuando una de las actrices de la adaptación cinematográfica sale en esta misma película, y él mismo tiene como novia a otra de sus vampiras.
 
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13 December 2012

La animalada de Pi




Durante este ya agonizante 2012 han surgido una serie de películas en las que no sólo se han utilizado animales (utilizar es un eufemismo de explotación cuando no se trata de dóciles canes) sino que también se han maltratado y asesinado, bien con premeditación y alevosía (3 toros en Blancanieves y decenas de peces recién pescados y/o agonizantes en Bestias del sur salvaje) o bien por supuesto accidente (caballos, cabras y aves en El Hobbit). En resumen: no ha sido un buen año para los forzados actores no humanos.
Recientemente ha llegado a nuestros cines la esperadísima La vida de Pi, que, entre otros temas, aborda el necesario y menospreciado respeto y empatía interespecies. Resulta, por lo tanto, lógico suponer que en un film en el que se recalca que los animales tienen alma, se haya cuidado con esmero el trato y el respeto hacia las otras especies.  Lo deseable y coherente con el argumento de la novela de Yann Martel habría sido que todos sus personajes no humanos hubieran sido creados digitalmente. Desgraciadamente, no ha sido así.
 




A pesar de que un rodaje con animales casi siempre supone accidentes de algún tipo (caídas, heridas, peleas, ataques y agresividad debida al estrés, etc), resulta mucho más barato utilizar seres de carne y hueso y obligarlos a realizar actos que, muchas veces, van en contra de su propia naturaleza salvaje, que tirar de carísimos y sofisticadísimos efectos especiales. El mejor y más claro ejemplo en la película de Ang Lee sería Richard Parker, el tigre. Sólo se ha utilizado un animal en 3D en las escenas “imposibles de filmar en la realidad”. Seguro que el bueno de “Richard” disfrutó de lo lindo sometiéndose, contra su voluntad y sin cobrar ni un céntimo, al prestigioso “método látigo”.
 
Y es que el film cuenta con un entrenador (David Faivre) y un coordinador de tigres (Paul ‘Sled’ Reynolds) que cualquier animalista pondría en su lista negra. Para colmo de males, la exitosa película está rodada en Taiwan, donde la regulación de los derechos de los animales en el cine debe estar aún más vendida que la American Humane Association (AHA), que supuestamente regula el bienestar de esos animales SÓLO durante el rodaje (¿qué pasa, entonces, en todos los rodajes con animales del mundo, cuando se apagan las luces?), aunque, como bien es sabido, la graduación de sus gafas depende, en cada caso, de la generosidad de la productora.
 
 
 
 


Otros aseguran que La vida de Pi podría haber estado regulada por The Animal Welfare Board of India, la cual habría aceptado de buen grado que se rodara con 3 elefantes, 9 perros, 2 cabras, 81 aves, 6 vacas, 15 conejos, una mula, 5 gallos, un león, un tigre y un mono (de ser cierto, seguramente, excelentemente tratados desde la perspectiva de un domador de circo). Pero, se mire por donde se mire, el sadismo está practicamente garantizado.
 
¿Puede una película con supuesto mensaje animalista explotar animales no humanos bajo la premisa de que el fin justifica los medios? ¿acaso es coherente maltratar y despreciar unas cuantas vidas con la excusa de instar al público a respetar y proteger otras? ¿Es ético utilizar animales (a menudo salvajes) en los rodajes y someterlos a todo tipo de estreses y maltratos cuando sus personajes podrían ser creados digitalmente? ¿cuánto tiempo más van a seguir sufriendo inútilmente otras especies en nombre del séptimo arte? Y, desde nuestra responsabilidad como espectadores, ¿cuánto más seguiremos acudiendo a las salas para abrir el corazón y cerrar los ojos ante brutales (e imperdonables) contradicciones como esta?
 
 
 
 
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07 August 2012

Prometheus: la amenaza fantasma



Nunca se pierde del todo la fe en los viejos directores que han sido capaces de deslumbrarnos, por muchos síntomas de “descreatividad senil” que muestren. Y es que a pesar de mucho film regulero (o directamente fallido) a años luz de su época dorada, la carrera de Ridley Scott mostraba esperanzadores síntomas de regeneración tras películas tan apreciables como Red de mentiras o American Gangster.



Las expectativas hacia el famoso director británico se multiplicaron exponencialmente, además, desde que Prometheus se puso en marcha. Su atractivo argumento sci-fi (que anunciaba, además, ser una precuela de la mítica Alien), su reparto de campañillas y los muy prometedores trailers que durante meses circularon por la red, habían puesto los dientes largos hasta al cinéfilo más escéptico. Sin embargo, y con todo el dolor de mi corazón, he de admitir que Prometheus ha acabado siendo a la saga Alien lo que La amenaza fantasma a Star Wars: técnicamente impecable pero totalmente hueca, ridícula, indigna, fallida y prescindible.


Y es que si, hay que admitirle a lo último de Scott su poderío y fascinación visual a la hora de crear escenarios y universos (aunque teniendo en cuenta el presupuesto con el que cuentan producciones como esta, la perfección técnica está prácticamente garantizada), esta historia de serie B no hay por donde cogerla, ni aunque se olvide momentáneamente la saga en la que supuestamente se inspira y se sea más creyente que su incauta protagonista. Su guión incoherente, superficial, inverosímil, infantiloide y lleno de agujeros, da vergüenza ajena a cualquier fan de la ciencia ficción (y, por descontando, a cualquier fan de Alien). Teniendo en cuenta que estaba firmado al 50% por Damon Lindelof, uno de los creadores de Lost, todos esperábamos encontrar al escritor de las primeras temporadas perdidiles, pero, desgraciadamente, nos hemos encontrando con el de las últimas. Una pena.




No es necesario ver en la red imágenes promocionales de Prometheus con un Guy Pearce cuarenteño (que únicamente aparece cutremente envejecido en la película), para darnos cuenta de que han debido pasárselo pipa rescribiendo el guión sobre la marcha o mutilando en postproducción una buena parte del metraje que habría dado un poco (o un mucho) más de coherencia a la trama. De otra forma no se explica que el film sea una sucesión de guiños cinéfilos kubrikianos o alienianos sin gracia, copias descaradas o fuegos artificiales que impacten visual y emocionalmente para no hacer pensar demasiado al espectador; ni tampoco que los personajes sean tan planos y estén tan tristemente desaprovechados y poco definidos (o que directamente aparezcan de atrezzo) y que sus motivaciones nunca se expliquen (más que un grupo de serios y ultraprofesionales científicos embarcados en el proyecto del siglo, parecen un grupo de atolondrados adolescentes faroleros sacados de la cantera de Jackass).


 



Aunque ambos sean los mejores personajes y se reserven las escenas más memorables del film (una sometiéndose a una impactante y ridícula auto-cesárea y el otro a un auto-teñido rubio-Lawrence de Arabia), ni siquiera una solvente Noomi Rapace y un magnético (como siempre) Michael Fassbender salvan de la quema la que, probablemente, no sólo sea la gran decepción del verano, sino del año. Personalmente, me importa un pepino del espacio que se reserven una edición especial con metraje extra en Blue-ray o que dentro de tres años estrenen una deslumbrante second part a la altura de El imperio contraataca. Como diría Rhett Butler: Frankly, Mr Scott, I don’t give a damn.



P.S. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que Logan Marshall-Green (Holloway en Prometheus y letra B en la pic) y Tom Hardy (actualmente en cartel con El caballero oscuro: la leyenda renace) parecen mellizos?

14 September 2009

Ñoñocinefília



Si la relación amor-odio que mantengo con mi ciudad fuera una goma, ocasionalmente, ambos lados se tensarían tanto, que acabarían por romperse, dándome en plena face.
El momento del año en que más adoro mi ciudad, es en septiembre, durante el Zinemaldi y, al mismo tiempo, el período en el que odio Donosti con la furia de las Siete Plagas, es a lo largo su festivalera semana. "¿Por qué?" sería la question. Por culpa de la ñoñocinefília, of course.

Ayer se pusieron a la venta las entradas de tan esperado evento. Chachi. Como cinéfila aplicada que soy, me dispuse a madrugar para sacar, con suerte, la mayor parte de los preciados tickets que tenía in mind. Doce era mi número de la suerte y cuatro fue el seleccionado por el cajero hasta descuajeringarse sin remedio. No problemo. Me fui al meollo, al epicentro, al big kahuna de la venta anticipada de entradas. Me sorprendió encontrarme únicamente con un grupo de, aproximadamente, 50 personas, pero la heidil sonrisa fue eliminada quirúrgicamente de mi rostro cuando un alma caritativa de mediana edad me señaló: “hay que coger ticket, como en la pescadería”. Dejando de lado el efecto sinestésico de tan repulsiva comparación (si a Neruda le hacía llorar el olor de las peluquerías, mi kriptonita se encuentra en otros lares), cogí un biglietto y comprobé con estupor y espanto que mi numero era el 414... ¡e iban por el 90!.

Afortunadamente, un conocido ángel con el number 103, me rescató. El sol brillaba, los pájaros cantaban, Donosti molaba y toda mi energía se colocó del lado amoroso de la goma again... pero no por mucho tiempo. Las entradas para TODAS las sesiones de Whatever works, la última de Allen, estaban agotadas. Pupita güan. Las entradas para TODAS las sesiones de Inglorious Basterds, el esperado film de Tarantino eran un rotundo sold out. Pupita chu. No quedaba ningún miserable ticket para La cinta blanca, made in Haneke y premio Fipresci a la mejor película del año. Pupita zri. Había un error tipográfico en Five minutes of heaven, de Olivier Hirschbiegel y lo que parecía una sesión normal, era para la prensa. Pupita for. Y de London River, muy bien acogida en el festival de Berlin, no quedaban ni las raspas. Pupita faif. Balance: siete de doce.


A pesar de que la vendedora, muy amablemente, me confirmara que para la última woodyallenada y tarantinada, por ejemplo, las entradas se habían agotado desde el minuto uno, no cuela. La dolorosa experiencia, año tras año, me confirma que el enchufismo horrendo funciona desde el principio de los times, y supe que algún/a repelente suertud@ hijo, amante, amig@ o herman@ de tal, antes de abrir la taquilla y sin siquiera mover un finger, ya tenía en su poder la entrada que, por justicia, nos correspondía a algun@ de l@s que nos lo hemos currado y amamos el cine.

Y es que Donosti nunca dejará de fascinarme. Del palomiterismo descarado exhibido durante 356 días del año, se pasa a una entusiasta y voraz cinéfilia en menos que se dice Piolín. La gente acude en masa a leer subtítulos de films de paises tercermundistas, con el fervor de quien visita a la meca. Why? Porque es muy cool y queda monísimo de cara a la galería (o, a la barandilla de la Concha, en este caso).
Mi ñoñocinefil@ favorito es ese/a tristerrim@ individu@ de mediana/tercera edad, que es fan de Cine de barrio, y acude a ver todas las pelis de la Sección Oficial para criticarlas con saña a la hora del café con sus amigos. Otro ñoñocinéfil@ dign@ de estudio es el/la que nunca (o casi never) va al cine pero, acude emperifolladísim@ a las galas (entregas de premios, ceremonia de inauguración, clausura y demás) con aires de VIP, para lucir palmito y ver al famosete/homenajeado de turno.

Y es que cuando viene una super star la cosa se sale de mother... (and father and Holly Spirit). Me temo que este año, el virus bradpittil nos asolará con bastante más saña y contundencia que la omnipresente Gripe A. Todos y todas querrán tocarle, babosearle, darle jabón Nenuco, sacarle fotos y exhibirlas después en su féisbuk. De hecho, auguro que dentro de 10 años nadie se acordará de qué película ganó la concha de plata, quién fue premio Donosti, o qué nivel medio tuvieron Zabaltegi o la Sección Oficial. No, “brotha”, el 2009 pasará a ser, irremediablemente, “el año que vino Brad Pitt”.




Pd: ayer estaba tan furiosunda, que revisando las últimas ofertas de megavideo, encontré Five minutes of heaven, una de mis "pelis robadas" en esta futura edición, en excelente quality y V.O y como a falta de bread, buenas son pancakes, me la vi. Así que puedo decir que es recomendabilísima, con un duelo actoral que deja K.O. (ese contenido y doliente Liam Neeson, ais) y que, además, tiene uno de esos finales redondos que tantisísimo me gustan.

07 August 2009

¿Qué aprender de Harry Potter y el misterio del príncipe?



- Viendo la quinta, uno puede pensar que es imposible ver una adaptación potteriana peor, pero se equivoca...
- El guionista, Steve Kloves (al que siempre agradeceré la magnífica Los fabulosos Baker boys) ha vuelto después de la masacre del título anterior.... pero pa’ que lo hiciera...
- Más que una película, parece que estamos viendo un collage hilvanado sin gracia y con puntadas muy gruesas
- Ron y Hermione están más preocupados por sus efervescencias romántico-hormonales que por la seguridad del mundo mágico (y ella casi nos hace olvidar que es la primera de su clase)
- Lavender Brown, el ligue de Ron, tiene más protagonismo que Voldemort (además de un cierto parecido con la Elsa Pataky de Al salir de clase)
- Una de sus mayores bazas, es ir comparando las evoluciones físicas de los protagonistas (lo cual no dice mucho a favor del argumento)
- A pesar de que mi acompañante no este de acuerdo, Ron cada vez está más buenorro (¡por Yoda, que no me le corten el pelo!)
- Si se van a poner en plan “Sweet sixteen”, que lo hagan bien. La historia de amor entre Harry y Ginny está mutilada y el primer beso de la novela, es de esos que reducen la vida en uno o dos años. ¡Aprovechad el material original, leñe!
- Habría que practicarle un cruciatus al estilista que ha ideado el corte de pelo de Harry en las dos últimas entregas. Un chico al que le vuelve a crecer el pelo a minutos de cortárselo y que, haga lo que haga, siempre lo tiene revuelto, no puede llevar ese peinado de primera comunión
- Dumbledore cada día se parece mas a Gandalf
- El niño que hace de Voldemort preadolescente (Hero Fiennes Tiffin) tiene mucho futuro.... en todos los sentidos. Se nota que de Fiennes le viene al galgo...
- Las actuaciones, en general, son más convincentes. Siempre es un placer ver a Alan Rickman y a Jim Broadbent nos lo creemos todito todo
- ¿John Williams ha sido eliminado con algún maleficio o lleva la capa de invisibilidad?
- Un final que debería poner los pelos cual púas de Espinete en el Ártico se queda en “Ya es otoño en El corte inglés”
- ¡Que mayor está mi McGonagall, jop!
- Harry anuncia que es el elegido con mas convicción y orgullo que Neo al final de Matrix (la primera, of course. Las otras dos, en lo que a mi respecta, no existen)
- Han subestimado la memoria freakil presentando como nuevo "septumsempra", un encantamiento que ya aparecía en la dos...



Sí, lo sé. Mi retonno se ha retrasado mucho. Demasiado. Pero es que cuando más lo postergaba, más espectacular tenía que ser el regreso. Y, al final, lo que me ha hecho regresar, no ha sido un artículo más o menos currado, si no la necesidad de desahogar mi freakismo.

No olviden pasar por la encuesta de la derecha. Prometo no arrancar (demasiadas) cabezas si no gana Wall·E ;)

05 January 2009

La vida frustrada de las palabras



Las traducciones de los títulos cinematográficos más sangrantes se dividen en:

* Los indignantes, cutres y despreciables que no tienen sentido ni justificación posible y que merecen el harakiri o, en su defecto, que te arranque todos los pelos del body con una pinza de depilar un miembro de la mafia rusa:

- El poético Eternal sunshine of the spotless mind (Eterno amanecer de la mente inmaculada), se redujo al supermegaoriginaldelamuerte ¡Olvídate de mi!.
- After Hours fue (inspiradamente) transformada en ¡Jo, que noche! (ya puestos, sólo habría faltado añadir "¡Jo, que nochecita toledana, Pepe!").
- Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb, pasó a ser ¿Teléfono rojo?, volamos hacia moscú. Mary, Jesus and Joseph…
- La maravillosisisisima Some like it hot, se convirtió en el zafio, vulgaris y chavacano Con faldas y a lo loco (¡Cuánta censura, por Dios! Si Saint Wilder solo estaba hablando de jazz...¿no?).
- Die Hard o La jungla de Cristal, que es lo pispo, provoca otro big no entender. ¡Pobre calvorota y discriminado Mc Clain!. Con lo testosteróneo que es él y lo bien que luce su camiseta...
- Monkey bussiness, por algún capricho ridículo, se conoce en nuestro país como Me siento rejuvenecer. Y menos mal. Si la peli llega a estrenarse en nuestros días, podrían haberla titulado “Botox”, “Viagra” o ”¡Ponga un yogurín en su vida!

* Los que demuestran que el translator se ha licenciado con el método de las 1000 palabras (o que han sido traducidos por Gunilla o Michael Robinson):

- El Bugsbunnyano What’s up, Doc? Acaba siendo ¿Qué me pasa, doctor? cuando en la película de Bogdanovich no aparece un sólo medico y ni falta que le hace...
-Marry to the Mob se tradujo aquí como Casada con todos, sin saber que "Mob" es una forma de denominar a la mafia, que era lo que pasaba en el film. Ya de paso, podían haberlo dejado en “Pelandrusca” para orgullo de la Pfeiffer...
- La hitchcockiana Torn Curtain no significa Cortina rasgada, sino telón de acero. Imagina que dolor. ¿Cuántas uñas tu romper?

* Los spoilers (o destripators):

- Rosemary’s baby es un título sencillito, abierto, con múltiples posibilidades. Pero nor, tenían que llamarlo La semilla del diablo para fastidiarnos más de la mitad de la trama...
- Sleeping with the enemy o Durmiendo con su enemigo (que es casi lo mismo, pero ligeramente más suavizadito), casi se podría haber llamado ”Con un psicópata maníaco-compulsivo, ni te cases ni te embarques”.
- Aunque se trata de una traducción mejicana, no he podido resistirme. ¿Alguien sabe como se tituló en este país la inolvidable Thelma y Louise? Un final inesperado. Juaz, juaz, juaz y rejuaz...

* Los que intentan ser más comerciales que el original, pero acaban dando penita y un ataque insoportable de vergüencitis ajena:

- Carlito’s way es, tachán tachán: Atrapado por su pasado. Pos si, pos vale, pos bien. Una peli como esta, se merece algo mejor que el desgastadísimo “atrapado...”, “acorralado...”, “perdido...”etc, etc, etc. Supongo que al traductor le entró un ataque de cursilería por la word Carlitos, o tal vez temió que el público spanish lo confundiera con una de dibujoh animaoh...
- El horroroso Esta casa es una ruina, era bastante menos cutre en el original The money pit. O, sino, juzguen ustedes pisp@s...
- Airplane! sentó un precedente que debería haber sido como el arca de la alianza y no haberse abierto jamás. Me estoy refiriendo, a la horrenda y explotadísima coletilla de los “como puedas” que tantas sagas nos han martirizado (al final, eligió un mal día, pero aterrizó...)
- Admito tenerle un cariñín especial a Groundhog day. El sufrido Bill Murray, se emparenta con Carlitos y nos lía la manta al quedar también atrapado, pero esta vez en el tiempo. ¿Tan difícil habría sido llamarlo El dia de la marmota? ¿Ein?
- Y mi title supermegachachiguay favorito, es sin ninguna duda, Ice princess o Soñando, soñando... triunfé patinando. Nada puede superarlo.

Leyendo estas cosillas, una no puede evitar recordar a la hermana Maria, corriendo con sus agiles pinrelillos por los montes, mientras entona “Climb every mountain, bord every stream, follow every rainbow, till you find your dreeeeeeeeam”. Hablando de la hiperazucarada Sonrisas y lagrimas, ¿qué leches tiene que ver con el original The sound of music?


¿Recordais alguna traducción tan sui generis que os haya dejado infección ocular?

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