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16 October 2017

Blade Runner 2049: ¿Juegan los androides con canes eléctricos?



[Todo lo que escriba puede ser utilizado en mi contra dentro de 35 años]

2019 (y muchas lágrimas en la lluvia después)

Cuando se estrenó Blade Runner, hace 35 años, un considerable número de crític@s la masacró sin piedad. A este lado del charco, Diego Galán, crítico de cine y futuro director del Zinemaldia, la calificó como “historieta pretenciosa”, y añadió “me parece en ocasiones un spot televisivo que una película hecha seriamente”. No fue el único en considerarla pretenciosa y vacía. Sin embargo, hoy día, solo algún/a millennial pedante se atrevería a ponerle pegas o a despojarla de la etiqueta de “obra maestra” (yo misma necesité más de un visionado durante mi adolescencia para enamorarme irremediablemente de ella).

Lejos de mi intención equiparar el impacto y la trascendencia de la original con su recién estrenada secuela, pero tras una semana rumiándola (obsesivamente), lo único que tengo claro es que necesito más visionados y un DeLorean para tener la suficiente perspectiva como para hacerle justicia. Es imposible ver el film de Villeneuve sin las expectativas infladas y/o las garras de Wolverine muy afiladas. Al fin y al cabo, (casi) tod@s la queremos mucho y, a estas alturas, ya hemos visto demasiadas naves en llamas más allá de Orión.




2049

En esta reinvención/continuación/evolución de la mitología Blade Runner, nos encontramos con un planeta ya definitivamente devastado tras los efectos del calentamiento global + gran apagón digital, en los que la naturaleza y (¿todos?) sus habitantes no humanos han sido eliminados, mientras que la civilización, por otra parte, ha sufrido un retroceso a casi todos los niveles y se muestra irremediablemente condenada. El terrorífico y postapocalíptico panorama la emparentaría con La Carretera de McCarthy, sino fuera por la aparición de un gurú (nuevo dueño, además, de la Tyrell Corporation), capaz de crear cosechas sintéticas y, de este modo, salvar a la humanidad temporalmente de la extinción (Vemos “granjas de proteínas” o criadores de gusanos, una solución especista e innecesaria, que parece querer subrayar la humillación antropocentrista de un ser humano que tiene que rebajarse a comer al único ser que podría sobrevivirle).




Y en este familiar, opresivo y decadente clima de degradación humana, siguen existiendo nuevas versiones de ell@s, los nexus, esclav@s cuasi perfect@s diseñad@s para convertirse en versiones mejoradas de los humanos en (casi) todos los aspectos  (que en esta versión adquiere interesantes matices darwinistas). Ell@s se encargan de todo lo que nosotr@s no queremos hacer, e  incluso, de “retirar”, paradójicamente, a individuos de su propia especie mediante policías llamad@s blade runners (Y todo, sin fecha de caducidad). Mediante el viaje emocional y vital de uno de estos blade runners, el agente K (soberbio Ryan Gosling), encontramos, casi, la misma ruta filosófico-humanista-existencial del film del 82, pero ampliada, desarrollada y actualizada (si con acierto o de forma superficial, depende del criterio de cada espectador/@). 




Opinión

Blade Runner 2049 es una delicia sensorial, un espectáculo visual, artística y técnicamente exquisito y apabullante, eso es innegable. Por lo tanto, quienes planeen verla en pantalla pequeña, por el motivo que sea, deberían replantearse esa opción, además de su supuesta cinefilia (allá vosotr@s si no queréis quedaros sin aliento).
En el plano interpretativo brillan absolutamente tod@s, especialmente Silvia Hoeks (descubrimiento y el mejor y más definido personaje femenino, en mi opinión), Ford (ojo a la escena interrogatorio) y (suspiro) Gosling, cuya elección como replicante deprimido con crisis de identidad no podría entusiasmarme más.

Los contras no tienen tanto que ver con el ritmo plomizo (básicamente, igual que el de la primera parte), el “excesivo” metraje (cuando acabó me quedé clavada con un “¿ya está?” en la butaca), o con la falta de una soundtrack que haga justicia a su dirección artística y fotografía prodigiosas (Vangelis, I miss you!), sino con algún cuestionable y caprichoso giro de guión que no desvelaré y lo desaprovechado de algún personaje (Hello, Niander Wallace!).




Que este futuro distópico este profundamente hipersexualizado no es una sorpresa. Sin embargo, llama poderosamente la atención que se subrayen en los personajes femeninos, básicamente y de forma insistente, el rol de madre y el de geisha (no, Ana de Armas está estupenda, pero esa Her/Criada/Chica-para-todo complaciente y unidimensional no mola nada y solo existe para definir y exteriorizar los pensamientos/sentimientos de K y ampliar su arco dramático). L.A vende sexo por todos sus rincones, desde las calles hasta los monumentales hologramas, pero todas esas ofertas, TODAS, vienen de la mano de mujeres y solo son ellas las que se desnudan y sexualizan en el film.

Aunque en un primer momento lo interpreté como un imperdonable muestra de sexismo por parte de su guionista y director, ahora quiero pensar (¿autoengaño?) que este subrayado de todas las formas de explotación hacia la mujer tienen una intencionalidad de denuncia coherente con el discurso del film (Al fin y al cabo, la humanidad ha sufrido un retroceso brutal y las libertades y derechos sociales no son una excepción).




También llama una atención la hetero-homogeneidad sexual del film ante la que es difícil no preguntarse: ¿Por qué no hay hologramas de hombres desnudos? ¿Es que los hombres no pueden ser objetos sexuales en las distopías? ¿dónde están los personajes gays? ¿No se supone que el futuro es bisexual? Una crítica aseguraba muy lúcidamente que “aún no hay formas de encajar ciertas narrativas no heterohegemónicas sin que resulte forzado”. Es una “food for thought” que, enlazada con la hipótesis anterior, explicaría por qué la mayoría de las historias de ciencia ficción (o no) que nos llegan parecen dirigidas por Vladimir Putin, pero a mí, personalmente, me habría encantado conocer, por poner un ejemplo, a un agente K bisexual.




Conclusión

Blade Runner 2049 es un magnético, sugerente, elegante e imperfecto cuento visual, que prefiere susurrar/introyectar ideas a través de unas poderosísimas imágenes que ofrecer respuestas claras (imágenes que, posiblemente, acaben formando parte del inconsciente colectivo). Narrativamente más sutil y menos lírica que su predecesora (no por ello fría, como he leído en varias críticas),  contiene, a pesar de todo, suficientes elementos como para poseer entidad y personalidad propias y justificar su existencia. ¿Se perderá en el tiempo como copos de nieve sobre los rostros? Yo apuesto que no, pero solo nuestros yo del futuro tienen la respuesta.
   



*

29 December 2016

Nocturnal Animals: El arte como exorcizador de fantasmas



"Si quieres olvidar a una mujer, conviértela en literatura” escribía Henry Miller. Cualquier artista sabe hasta qué punto es cierta (y necesaria) tan rotunda afirmación aplicada a cualquier forma de arte, por eso no es extraño que el envidiablemente versátil Tom Ford se identificara con la novela Tres Noches de Austin Wright y decidiera llevarla al cine.




En Nocturnal Animals encontramos a Susan Morrow, una sofisticada  y exitosa galerista que parece serlo y tenerlo todo “de cara a la galería” (nunca mejor dicho), pero que vive inmersa en una continua insatisfacción/depresión cuyo síntoma más grave y preocupante es un insomnio crónico provocado por su sentimiento de culpa (y es que la culpa, como dicen los psicólogos, siempre busca castigo). Un día recibe el manuscrito de la novela de su ex marido Edward, escritor inédito, dedicado a ella junto a una nota. Una vez que se sumerge en su turbia y magnética trama, se verá obligada a replantearse su vida.




A lo largo de varias noches de lectura, realidad y ficción se entrelazan para la protagonista con especial intensidad en esa No Man’s land mental que surge del insomnio (y que algun@s, entre los que tristemente me encuentro, conocemos tan bien), en la que los fantasmas campan dolorosamente a sus anchas. Y en ese obligado ejercicio de introspección, en el que Ford acierta al presentarnos ambos planos, el de la realidad y el de la ficción, a pesar de su distancia, como casi paralelos, descubre algunas verdades sobre sí misma.




Aparentemente, Susan, que en el libro es una muy poco glamourosa ama de casa, es el alter ego de Ford, pero eso sería quedarse en la superficie de tan jugoso material. El famoso diseñador, como bien comentaban los propios protagonistas, es Susan, pero también su ex, al mismo tiempo, y Nocturnal Animals fascina y engancha en la medida en que el/la espectador/a se identifica con ambos personajes (cualquiera al que hayan partido el corazón, se sienta perdid@ y tenga inquietudes artísticas, puede hacerlo con mayor o menor intensidad). Al director texano podemos achacarle cierta asepsia emocional en los momentos más dramáticos de la película por culpa de un marcado esteticismo visual marca de la casa que tiñen de cierta impostura el conjunto (ese hallazgo clave sobre un impecable sofá rojo, al más puro estilo anuncio de perfumes), pero que, por otra parte (también hay que recalcarlo), no le arrebatan del todo su contundencia.




El film no funcionaría sin sus impecablemente escogidos actores a l@s que nos creemos, incluso, con 20 años de diferencia. Amy Adams, una vez más, está fantástica y Laura Linney tiene un pequeño pero decisivo papel, sin embargo, los roles “más agradecidos” en esa ocasión, son los masculinos. Gyllenhaal convence en su doble personaje y Michael Shannon y Aaron Taylor-Johnson están sencillamente soberbios (Taylor-Johnson resulta sexy incluso haciendo de redneck psicópata con un sentido de la higiene cuestionable. Tiene mérito).




La dictadura de la (auto)imagen, la culpa, la venganza, el vacío social, la cobardía artística y vital, la toxicidad suicida de la zona de confort, los roles sexuales y la masculinidad, el uso del arte como terapia y exorcizador de fantasmas… de todo esto y algo más habla la segunda película de Tom Ford. Como animal nocturno y contadora de historias, no puedo evitar rendirme ante este ejercicio de “arte que habla del arte” de una forma tan perversa como dolorosa. Nocturnal Animals es un film que me araña el alma y me recuerda, entre muchas cosas, aquella famosa cita de Woody Allen en Manhattan “El talento es suerte. Creo que lo importante en la vida es el coraje”. ¿Tú quién decides ser: Susan o Edward?





Spoiler Zone

Susan abandona a Edward, en parte porque no se corresponde con el macho alfa exitoso y proveedor que le garantizará el tipo de vida cómoda y lujosa a la que está acostumbrada, y en parte por cobardía filofóbica y artística (el amor y el arte requieren coraje). Estar con un hombre creativo y poco convencional la obliga a ser creativa y no convencional o a sentirse culpable y desleal por no serlo.




Y a esa masculinidad no hegemónica que encarna Edward, plena de dudas e inseguridades, pero valiente y tenaz en cuanto a ser consecuente y fiel consigo mismo, le falta esa inyección de egolatría y egoísmo que todo creador necesita para llevar a cabo su obra. Aunque él cree haberlo perdido todo, irónicamente, el abandono de Susan le dota del material y la motivación necesarias (plus la crueldad) para convertirse en aquello que siempre había querido ser (y que Susan le insinuaba que no era). El precio de su vocación, la llave a su talento, ha sido su corazón roto.

¿Podrá surgir la creatividad, en su mejor y más deslumbrante forma, únicamente de la felicidad y la satisfacción personal? ¿se puede crear de forma brillante sin fantasmas?





El comentario

"Creo que muchas cosas de mi vida, de alguna manera, se abrieron espacio en el guión de la película. Uno de los temas que particularmente me tocó fue esa exploración de la masculinidad en nuestra cultura. Nuestro héroe aquí no posee los rasgos característicos que definen nuestra idea de masculinidad. Yo fui un chico que creció en Texas y no era considerado masculino, de la forma clásica, y sufrí mucho por eso".

Tom Ford







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21 January 2011

De mayor quiero enamorarme...




... a contracorriente, a pesar de un mundo que se derrumba, como Rick e llsa en Casablanca.





... sin reparar en las diferencias, el tiempo o el espacio, como Wall·E y Eva en Wall·E.





... encontrando una enfermedad donde sólo busco un remedio, como Chow Mo-Wan y Su Lizhen en In the mood for love.





... fortuita e irremediablemente, en medio del gris, como Alec y Laura en Breve Encuentro.





... sin careta para dar nombre, por primera vez, a todas las cosas, como Paul Varjak y Holly Golightly en Desayuno con diamantes.





... inoportuna y profundamente, a pesar de que el mundo acabe mañana, como Joe Bradley y Anna en Vacaciones en Roma.





... dándole la vuelta a todas mis ideas, miedos y convicciones, como Mr Darcy y Lizzie en Orgullo y Prejuicio.





... arrolladora y desesperadamente, a pesar de mi misma, como Newland Archer y Ellen Olenska en La edad de la inocencia.





... inesperada, intensa y vertiginosamente, como Jesse y Celine en Antes de amanecer y Antes del atardecer





... por primera y única vez, cuando ya haya dejado de creer en el amor, como Robert y Francesca en Los puentes de Madison.


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02 September 2010

My favourite chocolates

Teniendo en cuenta las pasiones y encendidos debates que dentro y fuera del blog ha levantado la actualización de los mejores eye candy del cine, y ante la presión de cierto blogero resentido, he decidido, con todo el dolor de mi corazón (¡juas!), dedicar una entrada a algunos de mis chocolate eyes favoritos. La elección ha sido facilísima. Y es que entre mi top de bellezones, salvo alguna excepción, siempre han abundado más los ojos oscuros que los claros, qué le vamos a hacer....

No hay orden de preferencia. No quiero ni puedo elegir a mi favorito.





Rodrigo Santoro: o el cuerpazo tristemente desaprovechado de ojos tristes que siempre será una de las grandes incógnitas de cierta famosa y recién acabada serie. Si yo hubiera sido Laura Linney en Love actually, no le habría dejado escapar...





Adam Brody:
el chico mono con el que, en versión patria, deseas cruzarte todos los días al doblar cualquier esquina, y prestarle un libro, llevártelo al cine, compartir con el tus últimos descubrimientos musicales...





Matthew Fox: ejemplo perfecto de cuarenteño de muy buen ver. Nadie sabe con certeza el color de sus ojos. A veces son marrones y otras verdes. Puede que el misterio se resuelva en los extras del pack de las 6 temporadas de Lost. Hasta entonces, seguiremos sintiendo una envidia nada sana por Kate...





Josh Hartnett: puede gustarte o no como actor, pero sus 1’90 cm de hot stuff dejan sin aliento. Sólo él podía padecer el peinado paje de Las vírgenes suicidas y seguir estando guapo.
Quien le ha visto llevando únicamente una toalla violeta durante la mitad del metraje de El caso Slevin, nunca lo olvida...





Daniel Brüll: o el chico guapo que actúa como si no lo fuera. Sencillo y encantador dentro y fuera de la big screen, tiene un no-sé-qué-qué-se-yo que me hipnotiza. ¿Será su poliglotismo? ¿Será su boca?





James Franco: ha sido el enamoradísimo Tristan, James Dean, el enemigo de Spiderman y el gran amor de Harvey Milk, pero siempre deja con la sensación de que lo mejor de él está por llegar. Las chicas que frecuentaban la hamburguesería donde trabajaba opinaban lo mismo. Por eso siempre volvían con la excusa de que se habían olvidado algo...





Christian Bale: lo conocí en El imperio del sol cuando tenía la misma edad del chavalín que interpretaba y me chifle por él. Luego fue creciendo en todos los sentidos de la palabra y acabó convirtiéndose en uno de mis actores favoritos. Últimamente parece que ha perdido un poco el norte, pero no pierdo la fe de que vuelva a casa como el prota de su primera película...





Johnny Depp: el actor fetiche de Tim Burton lo tiene todo para estar en cualquier top de actores (y no sólo de los más guapos). Lo quise cuando tenía tijeras en lugar de manos, cuando fue el peor director del mundo, cuando lucía rimel piratil como nadie y cuando enamoraba a Bardem en Antes que anochezca como travesti y a lo loco... y algo me dice que lo seguiré queriendo...






Keanu Reeves: o mi amor platónico en la adolescencia. Antes de la era botox este guapísimo y exótico señor nos hizo muchos regalos y no sólo para la vista. El Neo de Matrix, el policía de Speed, el maloso resentido de Mucho ruido y pocas nueces, y el mejor de todos: el chapero de Mi Idaho privado. Aitana Sánchez Gijón le llamaba "soso de cojones" en el rodaje de Un paseo por las nubes y él repetía “sousou de coujounes”. Aisss...





Jim Sturgess: tal vez, mi chico favorito. Y es que de él me gusta todo: sus corbatas, su look, su pelo, su mirada picara, sus andares... aunque puede que lo que realmente me enamorara fuera su versión de I’ve just seen a face en Across the universe.
Se va haciendo un hueco en Hollywood sin prisas, a base de buenas críticas y mucha simpatía y sencillez. ¡Jim, por el amor del Dios, ven al Zinemaldi!


***





P.S. Mr McAvoy, prometo compensar su imperdonable ausencia en mi ranking de ojos bonitos viendo 74 veces seguidas la escena de la playa de Expiación. ¿Cómo he podido olvidar sus ojazos azul eléctrico? ¿Cómorr? Please, don’t hate me!

P.S.2. ¡Pasen por la encuesta de la mejor peli del verano! ;)

23 August 2010

My favourite "Eye Candy"

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no vamos a hablar de los actores más talentosos, ni de los más excéntricos, solidarios, guapos o interesantes al otro lado de la pantalla. Hoy toca recrearse, simplemente, en los mejores ojos actoriles masculinos.
Abran sus globos oculares y dispónganse a realizar su propia lista ;)





10. Gaspard Ulliel.
Este último puesto del top, se lo disputaban seriamente Robert Redford, Daniel Day-Lewis y Viggo Mortensen, y aunque la balanza se inclinaba a favor de este último, finalmente su actitud pro-taurina lo ha desbancado. Sin embargo, mientras volvía a la duda hamletiana, me he topado con esta foto de Gaspard Ulliel y .... ¿de qué estábamos hablando?





9. Gael García Bernal.
Si el verde más penetrarte (a este y al otro lado del río) de los magnéticos ojos del señor Bernal no se hubiera incluido en este top... la autora de este blog habría pecado de muy mala educación.





8. Jonathan Rhys Meyers.
El morbo personificado en una mirada ambigua que sabe ser inquietante pero también irresistiblemente tierna cuando le da la gana. A pesar de los pesares, habría sucumbido a ella cuando jugaba a tenis con Woody Allen, pero en Los Tudor da tanto miedo que lo quiero lejos, muy lejos. A siglos de distancia...





7. Elijah Wood.
Érase unos ojos a un hombre pegados, érase una mirada marina superlativa... Los que le conocen aseguran que, a pesar de tenerlos increíblemente grandes y expresivos, sus ojos no le funcionan muy bien. Desde el otro lado de la big screen, quienes lo hemos visto crecer, no nos hemos dado cuenta...





6. George Peppard.
Su personaje de Paul Varjak en Breakfast at Tiffany’s (especialmente la mirada con la que observa a Audrey Hepburn cantando Moon River), ha conseguido lo imposible: que me olvidara de sus comentarios sexistas, machistas y racistas, y de lo mucho que en los 80 le encantaba que los planes salieran bien...





5. Ralph Fiennes.
Toque la tecla que toque (y sabe tocar muchas), su melodía suena intensa, turbia o, incluso, amenazadora. Con Mr Fiennes siempre tenemos garantizado un viaje en primera clase al lado oscuro, aunque nunca sabemos con certeza si podremos volver de una pieza. ¿Será eso lo que hace su mirada tan sexy?





4. Ian Sommerhalder.
Hay miradas tan profundas que transmiten la sensación de que podrías arrojar una piedrecita dentro de ellas, y que esta seguiría hundiéndose irremediablemente sin llegar a tocar fondo. La del ex lostie reconvertido en vampiro es una de ellas. No me extraña que Locke insistiera en revivirlo en sus sueños...





3. Montgomery Clift.
Quienes dicen que la voz es lo único que no miente, nunca han conocido a Monty. Ni el método, ni el mejor especialista en maquillaje, habrían podido disimular en su mirada ese alma rasgada, doliente y atormentada que exhibía en cada fotograma. Observándolo, casi se siente uno voyeur o, peor aún: un policía mirando a través de la traicionera ventana oscura de los interrogatorios...






2. Jared Leto. Actor, músico, cantante, vegetariano, solidario, guapo, pelo revolvible... ¿No le bastaba con eso para resultar arrebatador?. Al parecer, no. ¿Recuerdan la escena de Memorias de una geisha en la que se le enseña a la protagonista a parar a un hombre en seco con una sola mirada? Yo creo que con esos ojazos out-of-this-world que el hada buena le ha dado, Jared podría parar incendios, sequías, huracanes, terremotos o lo que le diera la gana...




1. Paul Newman. Un buen día, una estatua griega se reencarnó en un mortal, dotándolo, no sólo de toda su anatómica y cincelada perfección, si no que, además, le regaló unos ojazos tan desarmantes, que, en su presencia, no había criatura que pudiera evitar que le temblaran las piernas. Mr Blue Eyes, era (y es) de esos hombres tan, tan, taaan guapos, que harían dudar de su sexualidad hasta al mismísimo Testosteróneo Man.


*

29 April 2010

Kiss me, stupid!





Clasificación de besos de cine

A pesar de que pocas cosas resultan más cinematográficas que un beso, a menudo, la combinación de las incomodas circunstancias en las que fueron rodados + las ortopédicas posturas a las que deben someterse los actores que los protagonizan, restan un mucho de magia al truco final que vemos en la gran pantalla. Pero, afortunadamente para l@s romántic@s, el “Así se hizo” de la mayoría de esos míticos besos nunca verá la luz.

Esta es una selección de algunos de mis besos favoritos, y como cualquier clasificación, es totalmente subjetiva e injusta. Animo a todo el mundo a que realice la suya. Apaguen las luces y activen sus hipocampos. Silencio, se recuerda...


El “ni contigo ni sin ti”: después de odiarse y amarse con la misma furia durante todo el metraje de Duelo al sol, Gregory Peck y Jennifer Jones, acaban rindiéndose el uno al otro en un antológico kiss que resume y define su love story... justo antes de morir...

El sandwich: el que lleva una carga emotiva extra y suma o multiplica al dos. La combinación Audrey Hepburn + George Peppard + pobre gato sin nombre en Desayuno con diamantes es, sin lugar a dudas, mi favorito, pero el de Hierro 3 cada día va sumando más puntos en my memory...

El invertido: bocas besadoras upside-down las encontramos por partida doble en el famoso (y mojado) kiss de Spiderman y en My blueberry Nights. En este último caso, con sabor a tarta de arándanos included.

El sincopado: nadie puede olvidar el baiser espejo que tan delicadamente se dedican por turnos Amelie y su enamorado Nino Quincampoix.

El tierno-gastronónico:
un plato de plasta, un ristorante italiano, un momento de distracción al ritmo de Bella notte y la dama y el vagabundo funden sus hociquitos alla fine di un spaguetti.

El censurado:
tiene su mejor representación en la colección de besos recortados de la emotiva escena final de Cinema Paradiso.





El empapator: es sumamente apasionado y erótico y no hay forma de contenerlo sin importar donde, cuando o con quien se esté. El más escandaloso de la época, lo protagonizaron Burt Lancaster y en Deborah Kerr en bañador, “al rumor del oleaje”, en De aquí a la eternidad.

El He-Man: o el también llamado “¡ven-pa’cá-moza!”. Charlton Heston, Stewart Granger o Kirk Douglas, por ejemplo, eran típicos besadores he-man, aunque los dos mejores e ilustrérrimos kisses de esta categoría, en mi opinión, los encontramos en Lo q el viento se llevó y El hombre tranquilo.

El vendetta: sin un asomo de romanticismo, pero sí con mucho de apasionamiento, es el beso que se da a quien se quiere poco o nada y se le desea lo peor. Nadie querría recibir jamás, por ejemplo, el que le dedica Michael Corleone a Fredo en El Padrino II...

El Santa Teresa de Jesús: el beso erótico-místico que diluye la frontera entre fe y razón al final de la magnética Ordet.

El out-of-the-closet: Tony Curtis se descubre ante una asombradísima Marilyn Monroe. ¡No es la dulce y recatada Josephine, sino un saxofonista tenor sinverguencil más en Con faldas y a lo loco!

El incontenible: o también llamado “no-si-yo-no-quiero-pero-oh-my-God-como-me-pones” tiene un Brokeback Mountain muchos buenos ejemplos.

El quita-lipstick: es tan tan, tan, tan apasionado, que no solo deja sin aliento, sino que despelleja los labios y/o arranca violentamente el lipstick. Mi favorito, el que Tony Leung le regala a Gong Li antes de desaparecer (forever?) en 2046.

El ñoñi-toritocolil: el kiss de Titanic lo tiene todo para ser recordado (y que sea inolvidable no lo hace memorable) amor juvenil, caras bonitas, puesta de sol, escenario romántico, lugar insólito... y postura artificial y cursiloide a más no poder.

El yo-mataré-monstruos-por-ti: es el beso que lleva implícita una promesa o un compromiso inquebrantable de lealtad hacia la otra persona. Se suele dar en las despedidas, en un intento de fusión con el ser amado. Un buen ejemplo de este romántico ósculo aparece en El señor de los anillos. La comunidad del anillo. ¿Sus protagonistas?. Viggo Mortensen y Liv Tyler, of course.

El acorralator: está en el aire, es inminente e irrefrenable. Puede no gustarte, pero hay nada que puedas hacer para evitarlo... o eso mismo debieron pensar Han Solo y la princesa Leia, cuando resolvieron con un kiss la tensión sexual (galáctica) no resuelta entre ambos en El imperio contraataca.cuando resolvieron con un kiss la tensión sexual (galáctica) no resuelta entre ambos en El imperio contraataca.




El poséeme-aquí-y-ahora: the hotest and the sexiest of them all. Ese que parece que roba segundos, minutos, incluso días de vida y que todo el mundo “debería” experimentar al menos once antes de morir. ¿Cuantos kisses de este tipo somos capaces de recordar? El cartero siempre llama dos veces, El paciente inglés, Match Point...

El kiss-kill: es el apasionado-desesperado-incondicional de los grandes amores imposibles que sólo creen necesitarse el uno al otro y que venderían su alma al devil para estar juntos. Algunos, incluso, cruzan mares de tiempo para darlos, como el Drácula de Bram Stoker.

El rendido: el besador rendido, viene a decir algo así como “hace mucho que te quiero, pero me he resistido a llegar al nosotros”. Un beso rendido rendidísimo, es el que le da Joanne Whalley al aguerrido-chulesco Val kilmer en Willow.

El V-Day: o mítico beso que imita al no menos mítico kiss de la foto del día de la victoria yankee, en la que el chico inclina hacia atrás a la chica y la besa apasionadamente mientras la sujeta por la espalda. Es un beso de felicidad incontenible, de rendición al momento, de triunfo. En Moulin Rouge, en lugar de un marinero, tenemos a un escritor incipiente y sustituyendo a una enfermera, encontramos una cortesana enferma... very enferma...

El rabioso-acalorado: o el que llega después de una discusión apasionada en la que se lucha inútilmente contra la atracción mutua. Afortunadamente para el espectador, los enamorados casi siempre pierden/ganan, como Ben Affleck y Joey Lauren en Persiguiendo a Amy.

El despertador: es el que te rescata y te transporta al lugar donde perteneces. La bella durmiente y Blancanieves lo han vivido y lo recomiendan...

El mariposa: no se da con los labios, pero tampoco únicamente con los ojos. Todo el cuerpo lo insinúa y lo sugiere. Algunos, como John Travolta en Pulp Fiction, se lo soplan a las guapísimas esposas de sus jefes, cuando no les miran...

El frustrado: el que se interrumpe justo un instante antes de que llegue a suceder. El cuerpo se inclina, el corazón duele y los ojos se comen la cara del objeto de tu deseo, pero... ya ha pasado la magia. Lizzie y Mr Darcy protagonizaron uno bajo la lluvia en Orgullo y prejuicio.





El juguetón: ¿cómo besarte de una vez pero sin que se note cuanto me importas?. Con un beso fugaz, tierno, eléctrico, quasi-infantil al que poder quitar hierro si sale mal. En las películas de Chaplin vimos muchos kisses juguetones, pero uno al que tengo especial cariño es el que se dan (con cuenta hacia atrás included) Vada and Thomas J en My girl.

El hace-mucho-que-te-quiero: variante aún más intensa del rendido. Es el beso que lleva gestándose durante mucho mucho tiempo y está impaciente por salir a la luz. ¿El mejor ejemplo? Casablanca, aunque el de Expiación contra una estantería, no estaba nada mal...

El erótico-contenido: también llamado “beso deflectado”, es el que por dolorosas circunstancias externas no se puede dar en los labios y acaba siendo expresado en otra parte menos dangerous de la anatomía. Daniel Day-Lewis nunca llega a desnudar a Michelle Pfeiffer en La edad de la inocencia, pero la forma en la que le quita el guante y besa su muñeca... ummmmmmm...

El que se da con los ojos: Cary Grant le da el primer beso a Ingrid Bergman en Encadenados en un avión, justo cuando ella le insta a mirar por la ventanilla... pero ella no se da cuenta. Solo lo sabemos Mr Grant y el cómplice espectador. Y no hay ser vivo, bien sea hetero, gay o bisexual, que no sienta un estremecimiento y una punzada de envidia.

El único: se quieren, se adoran, se desean, pero no puede ser. Su historia está condenada desde antes de empezar. Tal vez tengan una oportunidad en un universo paralelo, pero no en este. En Eduardo Manostijeras y en Lost in translation lo sabían, por eso la carga de emotividad e intensidad de ese único y último beso, permanecerá con ese puntito de pain que tanto nos gusta, en el corazón de los nostálgicos.


Como despedida, os dejo un link youtubil pretty pasteloide en el que aparecen bastantes de los kisses mencionados anteriormente. Recomiendo bajar el volumen del mismo y cambiar la song para los que, como yo, no sean fans de Shania Twain...


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