07 October 2013

61 edición del Zinemaldia: Semi-perlas


 

Durante el zinemaldi se ven tantas películas y a un ritmo tan frenético que, a menudo, el cansancio acumulado (y a veces, incluso, la desgana) juega en contra de cada película sin merecerlo. Como espectador, descubres que no siempre estás dedicando la atención y el respeto que merece cada obra y que, por lo tanto, cualquier opinión o juicio posterior debe ser colocado con alfileres.
Las semi-perlas son un cajón de sastre en el que incluir tanto las películas reguleras y las simplemente dignas, como aquellas que no están del todo mal (o que, incluso te han parecido buenas), pero que cuentan con la cantidad suficiente de elementos negativos como para no poder recomendarlas ni entusiasmarte con ellas.
 

Semi-perlas (ordenadas de menor a mayor tamaño)

 


L'amour est le crime parfait (Perlas)

Un profesor universitario cuarentón mantiene idilios en serie con buena parte de sus alumnas. Un día, de repente, una de sus últimas conquistas, desaparece.
Si hay una película festivalera que he visto en un incomodísimo y frustrante estado de cansancio y cuasivigilia extremo, es esta. Tras un arranque y una primera hora muy prometedoras, el film de los Larrieu acaba arrojándote a un final torpe y decepcionante que te hace plantearte el hecho de si la extraña mezcla chabroliana entre comedia y thriller es un producto fallido. A falta de una segunda visión que lo confirme/desmienta y concediéndole el beneficio de la duda, queda colocada provisionalmente en este puesto borderline entre las semi-perlas y anti-perlas.

 

 
El árbol magnético (Nuevos directores)
Hay un misterioso árbol en Chile que atrae irremediablemente todo lo que se encuentra a su alrededor, bien sean humanos, coches o antiguos sentimientos enterrados. La directora  Isabel Ayguavives trata de darle una vuelta de tuerca más y convierte a esta eminencia arbórea en una metáfora del exilio y la necesidad de tener un lugar al que volver.
A pesar de tener un planteamiento interesante, este cuento resulta demasiado pequeñito y poco desarrollado, demasiado contenido e inconcluso, como una tormenta anunciada que se intuye pero que no acaba de estallar.
 
 



Mon âme par toi guérie (Sección oficial)

Una vez más, nos encontramos con un sanador que necesita desesperadamente ser sanado. Un hombre tosco e introvertido con el don (transmitido por su madre) de curar, pero que repudia su poder hasta que las (dramáticas) circunstancias le obligan a replantearse utilizarlo.
Interesante a ratos, y tediosa y dispersa en otros, acaba agotando el interés de un espectador impaciente por que le presenten algo que no haya visto y vivido dos millones de veces antes en obras mejor construidas y algo más interesantes.
 
 


Sigo siendo (Kachkaniraqmi) (Zabaltegi)

“Kachkaniraqmi” es una expresión quechua que significa “sigo siendo, aún soy”. Todos los protagonistas de este documental peruano, desde los músicos de los recónditos andes y amazonia, hasta los ciudadanos de Lima, tienen en común una relación muy especial con la música y han encontrado una manera personalísima de mantener vivas sus tradiciones y de expresarse y contar sus historias.
Sigo siendo es una especie de larga y, a ratos, reiterativa road movie. Habría ganado algunos enteros si hubiera reducido su duración a casi la mitad, pero, al mismo tiempo, está llena de autenticidad y de personajes cuya ternura y honestidad traspasan la pantalla. Me guardaré en un cofre, para siempre, su frase final “Hay quien cree que los pájaros cantan por nostalgia o por alegría, y hay quien piensa que cantan por cantar. Pero si no te paras a escucharlos, ¿cómo vas a saberlo?”.
 
 


The railway man (Sección oficial)

Un largo viaje, como se titula en su Spanish version, es una película que, desgraciadamente, se va desinflando en la memoria a lo largo de los días. Mientras la ves te parece un drama correcto, a ratos demasiado acartonado y academicista, un poco frío, pero con buenos intérpretes y escenas potentes de gran contenido dramático. Con el tiempo sin embargo, ganan el pulso sus defectos: sus mal desarrollados (o, incluso, innecesarios) secundarios y la falta de emotividad y emoción en una película que debería derrochar ambas en cada fotograma. Este dramón tenía todas las papeletas para ser una necesaria lección de humanidad y una historia difícil de olvidar y, sin embargo, acaba resultando tristemente prescindible.

 

Vivir es fácil con los ojos cerrados (Sección oficial)

No debe ser nada fácil construir una comedia buenrollista, crear personajes entrañables, o lograr la complicidad de un espectador que probablemente abandone la proyección con una sonrisa de oreja a oreja. En mi caso, como beatleliana, confieso que la anécdota real de la que parte la última película de David Trueba no podría gustarme más: un profesor de inglés que utiliza como  método de enseñanza las letras de las canciones de los Beatles (oh my God, mi método existía antes que yo!), inicia una peregrinación a Almería para conocer a Lennon mientras éste rueda allí una película.
El problema es que creo que deberían haberse ceñido a esta genial premisa y al género de la comedia (algunos chistes funcionan y son muy divertidos) en lugar de meterse en los pantanosos terrenos de una dramedy por los que hace aguas. No convencen los endebles personajes de los dos jóvenes frente a un inmenso Javier Cámara, ni su torpe y acelerada “evolución” (con la típica e innecesaria escena de sexo a los dos segundos de conocerse included), ni los paralelismos, de trazo grueso, entre la casposa Spain franquista y la actual llena de personajes maniqueos (los buenos son buenísimos y los malos malísimos). Una pena. Había buen material de partida y, aunque no es una mala película, podría haber sido un trabajo notable.
 
 


Le Week-End (Sección oficial)

A menudo los críticos pecan de injustos al valorar una película de la sección oficial. En lugar de verla por lo que es, la arrojan sin piedad a los leones si no encaja perfectamente en la categoría de lo que ellos consideran “conchable”. A pesar de que esta dramedy británica ha gustado mucho a algunos sectores de la crítica, si, llevarse la concha de oro a la mejor película le queda demasiado grande. Pertenece a ese saludable género en alza de “abuelos que demuestran que hay mucha vida en la tercera edad”, cae en algún que otro tópico y no innova ni aporta nada que no hayamos visto antes. Sin embargo, ¿significa que no sea disfrutable o que no contenga algunos momentos que valgan la pena? Su querible y creíble pareja protagonista está magnífica y bien vale una vuelta a Paris. Y es que, ¿alguien puede resistirse a la ciudad luz cuando está baj@ de azúcar?

 


Tian zhu ding (A touch of sin) (Perlas)

Desesperanza enrabietada. Así se resume este oscuro, largo, áspero y crudísimo retrato de la violenta China actual. Sus cuatro personajes y sus cuatro provincias apenas interconectadas, sin embargo, no poseen ni el mismo ritmo ni la misma fuerza y consistencia. A touch of sin, a ratos cansa y aburre, y a ratos horroriza y fascina.
Puede ser, hasta cierto punto, una película necesaria a ojos occidentales. Es importante tener en cuenta cómo está evolucionando (y a qué terrible precio) un país que vive bajo la tiranía de un capitalismo extremo mezclado con trazos de comunismo. Lo que no le perdono, ahora y nunca, a su director, es la tortura y matanza de animales delante y detrás de las cámaras. Teniendo en cuenta que el film es una denuncia constante a la violencia, resulta aberrante y se hace un flaco favor al caer innecesaria y cruelmente en ella. Por todo esto, este film tiene el dudoso honor al haber sido galardonado con el Tordesillas Award por ser la película que más vulnera y desprecia los derechos de los animales, oséase, el más sádico, cruel y especista de la última edición festivalera.
 
 
 

The Young and prodigious T.S.Spivet (Sección oficial fuera de concurso)

A pocas películas les tenía más ganas que al último trabajo de Jean-Pierre Jeunet y, al mismo tiempo, pocas me han decepcionado tanto. Un niño prodigio que atraviesa medio país con la excusa oficial de recoger un premio (y la motivación real de superar un duelo), es el McGuffin perfecto para crear una road movie familiar bonita y amable con destellos del mejor imaginario del director de Amelie, pero sin el encanto, la magia o la contundencia de esta. Confieso que, a ratos, me resultó aburrida y sosa y que, incluso, acabé cogiéndole algo de tirria a su repipi protagonista. No sé si fueron las altas expectativas o el cansancio, pero no pude contagiarme con la sonrisa final que quedó estampada en algunas caras vecinas. Probablemente le dé una segunda oportunidad anytime soon.

 

Próximamente: perlas y super perlas
 
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06 October 2013

61 edición del Zinemaldia: Anti-perlas





Hace exactamente una semana que la última edición del festival de cine de San Sebastián echó anclas a la espera de la (esperemos menos “recortada”) 62 edición, sin embargo, ha supuesto un tiempo muy escaso como para que la (advenediza) autora de este blog haya tenido tiempo de digerir y asimilar las casi 30 películas que ha tenido el privilegio de disfrutar como acreditada por primera vez en su vida.
¿Por dónde empezar? Por las anti-perlas, para posteriormente pasar a las semi-perlas y acabar con las pequeñas y grandes joyas, of course.

 
Anti-perlas

 



The face of love (Perlas)

Cuando te encuentras con dos actorazos de la talla Annette Bening y Ed Harris derrochando química y complicidad en una historia, a priori, de lo más prometedora (una mujer viuda se encuentra con un clón de su difunto esposo 5 años después de su pérdida y se siente irremediablemente atraída por él) parece que nada puede salir mal, sin embargo, el film culebrea en su segunda mitad, y el enorme potencial de la historia queda fagocitado por una simple y facilona resolución telefilmil que deja en el espectador una indignante e imperdonable sensación de estafa.

 



Devil’s knot (Sección oficial)

Es difícil decidir qué es lo más triste del último trabajo de Atom Egoyan: si constatar que el director ha perdido definitivamente el norte o encontrar en su reparto a buenos actores como Colin Firth y Reese Witherspoon simplemente correctos y desperdiciados. Con ecos de Mistic River y vocación de telefilm, la película resulta aburrida, predecible y sin personalidad. Expone unos supuestos hechos reales con escaso atractivo o interés, para arrojarnos a un final torpe y anticlimático con los que, probablemente, sean los (super explicativos) rótulos finales más largos de la historia.

 


October, November (Sección oficial)

Esta cinta austríaca tiene el dudoso honor de haber sido, probablemente, la película de la sección oficial que más desbandadas ha provocado en el patio de butacas. A pesar de contar con el bueno de Sebastian Koch pululando por los Alpes, el film resulta aburrido, acartonado, predecible, sin ritmo, sin emoción, reiterativo e insoportablemente largo. Una escena se repite.:un pobre salmón agoniza y lucha desesperadamente por respirar sobre una piedra. Nada justifica la muerte de un animal no humano para subrayar insistentemente un proceso vital, pero, este film, menos que ninguno.

 


Enemy (Sección oficial)

Tal vez, dentro de unos años, me tire de los pelos y/o me haga cortes con cuchillas al más puro estilo trastorno borderline por no haber sido capaz de ver y apreciar la grandeza del film de Denis Villeneuve, pero, aquí y ahora, me resulta difícil ver un potencial diamante en bruto tras ese inconcluso, pretencioso y caótico manto de confusión. Se agradece un film que intente salirse de lo convencional y sorprender al espectador. También se aplaude la atmosfera inquietante, turbia y alucinógena y la inspirada elección de casting, pero no puedo darle la razón al director cuando afirma que “para entenderla o disfrutarla hay que verla más de una vez”.  Las segundas oportunidades cinematográficas, sólo se dan a quienes te han atrapado en su red (y nunca mejor dicho) tras un solo visionado.

 


 
Fruitvale Station (Perlas)

Tras ver Fruitvale Station y de confesar sentir una tirria especial por la sobrevaloradísima Bestias del sur salvaje, la ganadora anterior, me reafirmo en el hecho de que he perdido del todo la fe en el criterio del festival de Sundance. Resultaría difícil imaginar cómo ha podido llegar tan lejos una producción manipuladora, telefilmera, almibarada y maniquea (en la que la sensación de manipulación y nulo respeto hacia la inteligencia del público resultan constantes) si no fuera por los grandes nombres que se esconden en las labores de producción. Para indignarse ante una injusticia no hace falta que nos eleven a la santidad a su víctima (puede, incluso, resultar contraproducente, y de hecho, ni siquiera tiene que caernos bien). Un acto abominable siempre será abominable. Y punto.

 



For those who can tell no tales (Sección oficial)

Los temas que acaricia no podrían ser más interesantes y rescatables, pero, lamentablemente, las buenas intenciones no bastan ni para conmover ni para sostener una película. El film de Jasmila Zbanic está situado a las antípodas de la emoción, como su australiana protagonista, y nos deja la frustrante sensación de haber visto una película fallida que pedía a gritos una buena ficción en lugar de una falsa y fría estructura de documental. Aunque le pongamos ganas y complicidad, su bienintencionado recorrido no nos conmueve, ni horroriza (y esto es lo peor que se puede decir de un film de denuncia), además, profundiza levemente en la herida y sus consecuencias y no acaba de resultar del todo creíble. Una pena.

 



El rey de Canfranc (Zabaltegi)

Durante la segunda guerra mundial hubo una Casablanca y un Rick's Cafe patrios, concretamente en la estación de ferrocarril de Canfranc (Huesca), donde Albert le Lay, un espía al servicio de la Resistencia francesa que se ocultaba bajo la normal apariencia del jefe de la aduana francesa, controlaba este punto estratégico de paso de mercancías entre España y Alemania, salvando unas cuantas vidas en el intento.
Con semejante argumento, a priori, resulta bastante improbable que este documental pueda resultar aburrido, pero, desgraciadamente, lo es. Su fascinante material está narrado sin pulso, sin originalidad y sin gracia (como si tratase de un documental medio de La2), se limita a ser funcional y toda su potencial magia (que daría para una película) se pierde en el camino. Qué rabia.


Próximamente: Semi-perlas

 
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01 September 2013

Dear Jesse and Celine,




He retrasado esta carta durante semanas, de la misma forma que se retrasa una conversación delicada con un ser querido, cuando tienes la certeza de que, tras ella, siempre habrá un irrevocable punto y aparte.
Soy consciente de que a nadie le gustaría cargar con semejante responsabilidad, pero confieso que durante 18 años habéis sido un modelo romántico y una inspiración creativa. Siendo siempre más mayores, experimentados y sabios, mi educación sentimental, altamente influenciable, os había escogido como la pareja modelo de la que, consciente o inconscientemente, siempre ha querido tanto escribir como formar parte.




Existe siempre una complicidad y apego especial cuando se asiste al inicio y consolidación de una pareja, especialmente cuando sus miembros son radiografiados de una forma tan mágica, inteligente e íntima. Aunque os resulte difícil de creer, después de casi dos décadas, existíais, erais para mi mucho más reales que la mayoría de las parejas que me rodeaban.
Sin embargo, en esta ocasión tenía muchas resistencias a reencontrarme con vosotros. Mi intuición me decía que Antes del anochecer estaría más cerca de Secretos de un matrimonio y Dos en la carretera que de Antes del atardecer y no estaba segura de querer enfrentarme al deterioro, desgaste y posible final de mi historia de amor favorita.
 
 
 
 
Tal vez calificar las secuelas del primer visionado como “síndrome de estrés post-traumático” resultaría un poco excesivo, pero me llevó un tiempo descubrir si el mal sabor de boca se debía al izquierdazo emocional o a si realmente no me había gustado la película. Tras mucho meditar, he decidido con tristeza que se trata de lo segundo.
Aunque es cierto que la complicidad y la enorme implicación, cariño y esfuerzo puesto por todo el equipo traspasan la pantalla, dejándonos, una vez más, con complejo de “voyeuristas emocionales”, y que hay un par de momentos cinematográficos de muchos quilates, confieso, no sólo que no os he reconocido, sino que os he echado de menos. No por el hecho de que, por primera vez, mostréis abiertamente vuestros defectos, contradicciones e hipocresías, sino porque en vosotros ya no encuentro la brillantez y chispa resultantes de la mezcla de dos personas admirables.  No hay ningún dialogo memorable, por mucho que algunos críticos califiquen el guión de aguda y amarga radiografía de la pareja (o, directamente, de obra maestra).
 
 
 


Y es que, Jesse, Celine, me duele decirlo, pero habéis envejecido muy mal, y no sólo físicamente. En lugar de 9 años juntos, y a tenor del enorme deterioro y rencor acumulados, parece que han transcurrido 20. El amor, como bien recalcáis, no es un cuento de hadas, y todas las parejas han de llegar, en algún momento, a asimilar esa amarga píldora, pero, ¿era necesario llegar a tales cotas de pesimismo, amargura y desencanto para explicarlo? ¿es que el amor, irremediablemente, es una sucesión de pocas sumas y muchas restas a lo largo de los años?

Parece como si hubieseis estado tan preocupados por mostrar una honestidad tan sumamente descarnada, y en convertir vuestros dolores, renuncias y reproches en las disputas perfectamente reconocibles de cualquier vecino que inoportunamente se cuelan a través de las paredes, que os habéis olvidado del hecho de que no queremos que seáis una pareja normal y corriente. No nos habríamos enamorado de vosotros, ni os hubiésemos seguido desde Viena a Paris y Grecia, si lo que tuvierais que mostrar o decir, ya lo conociésemos o lo pudiésemos trasladar a cualquier terrícola medio.
Aparentemente, había dos caminos fáciles para afrontar esta tercera entrega. O bien erais felices y comíais regalices o vuestra relación se encontraba peligrosamente al borde del abismo. A mí, francamente, me habría resultado mucho más interesante que hubieseis tomado el camino del medio, que hubiereis mostrado la apatía y el desgaste, pero también esa paz y confianza que se alcanza cuando caminas por la vida junto a la persona adecuada. Creo que os lo merecíais.

 
 

Tal vez lo mío no sea más que la dolida pataleta de una romántica impenitente, pero os perdono el viaje al lado oscuro con su gran dosis de amargura, erosión y desencanto, la peor calidad del guión, los tópicos y los chistes soeces que jamás habrían aparecido en las dos entregas anteriores (películas muy queridas para mi y que ya no voy a poder ver en una larga temporada), e incluso el hecho de que os hayáis mostrado, más que nunca, dolorosamente humanos, pero lo que no os perdono, queridos amigos, es el hecho de que hayáis dejado de ser dos seres extraordinarios.

Atentamente,

Alhy

 


P.S. Me ha sorprendido, además, que una pareja que habéis hecho de la buena comunicación vuestra marca de fábrica, de repente, os hayáis convertido en dos extraños que, prácticamente no han “llevado a su relación a la itv” desde la película anterior.

También choca el uso de la paternidad como elemento descaradamente dañino (o directamente contradictorio) de la felicidad en pareja. Primero Jesse se casa sin amor por culpa de un hijo inesperado, mientras que, años más tarde, os embarazaran tontamente con gemelas (WTF?) al poquísimo tiempo de estar juntos, condicionando de esta forma toda vuestra relación. ¿Es un mensaje anti-baby o un claro desprecio por la educación sexual básica? ¿cómo es posible que dos personas tan inteligentes, responsables y cultas cometáis el mismo evitable error dos veces?

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26 August 2013

Elysium: Deus ex machina, porque yo lo valgo



[¡Cuidadín! Esta lista de preguntas sin respuesta contiene spoilers]


*¿Por qué los pobres habitantes de la tierra chapurrean spanglish mientras que los ricos y clasistas habitantes del Elysium hablan perfecto francés? Dada la forma en la cinta ningunea y desperdicia la crítica social, ¿no habría sido más inspirado que, al menos, en lugar de la lengua de Molière, hablasen alemán?

*¿Cómo es posible que, a pesar de nuestra complicidad y candidez (y una cantidad ingente de deus ex machina), pretendan que nos creamos que tras una descarga de radioactividad mortal, con plantarle un traje a lo Robocop y darle un par de pildorillas, el bueno de Damon adquiere super fuerza, no le duele nada, apenas sangra cuando le apuñalan (y seguro que ni suda), cuando, en realidad, debería estar consumiéndose a velocidad exponencial y dañando seriamente a las personas que tiene alrededor?
 
 
 

*¿Por qué el tal Spider, genio informático donde los haya (únicamente leyendo un código encriptado consigue descifrarlo. Ni el Neo de Matrix, oiga) insiste tanto en la dificultad de la misión que le encomienda a Damon, cuando horas más tarde se presenta él mismo en una nave que nadie detecta hasta que es demasiado tarde y sin un solo rasguño, like Peter around his home?
 
 
 
 
* ¿Por qué nos ilusionan ante la idea de contar con una mala de la categoría de la semi retirada Jodie Foster, cuando en realidad su personaje resulta vergonzosa y ridículamente secundario, y toda la película iba encaminada a un descarado duelo testosteróneo y mamporril entre el bueno buenísimo y el malo malísimo?
 
 
 
* ¿Cuál es el sentido de tanto subrayado sobre el carácter mesiánico del personaje principal, repitiéndonos las mismas cansinas escenas varias veces? ¿nadie más ha sentido la irreprimible urgencia de ponerle un esparadrapo en la boca a la irritante y manipuladora monja?
 

* ¿Por qué incluir la escena, forzadísima hasta la náusea, en la que la hija de la enfermera le cuenta la fábula a Damon? ¿es que no resultaba suficiente presión para el muchacho el hecho de saber que tiene en las manos el futuro de la hija del amor de tu vida? La reacción de la niña no tiene ningún sentido. Acaba de conocerlo, no hay vínculo, ni afecto, ni ná de ná.
 
 
 

* ¿El final estúpido, ridículo, edulcorado, nada coherente, es un insulto a la inteligencia o una advertencia e “invitación al futuro ahorro” a los incautos que han pagado por la entrada?

 
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