21 March 2013

El atlas de las nubes: viaje de la película a la novela... y de vuelta a la película




Película
Desquiciante, confusa, irregular, megalómana, visualmente fascinante, pretenciosa y fallida. Estos eran, básicamente, los adjetivos con los que califiqué a la última película de los Wachowski & Co tras su primer visionado. En lugar de una película compuesta por seis historias interconectadas, tenía la impresión de haber visto seis películas al mismo tiempo. Sin embargo, y, por algún motivo, las horas y los días iban pasando y lo que parecía un producto ambicioso, pero perfectamente olvidable, seguía bullendo dentro de mi cabeza al ritmo de su maravillosa banda sonora. Descubrí entonces que algo había en aquel caótico puzzle de historias a través del tiempo y del espacio que merecía la pena ser explorado en profundidad. Y fue esa curiosidad felina la que me llevó a la novela.


Novela
Alguien ha comparado la lectura de El atlas de las nubes con escalar el Himalaya, por aquello de que resulta mucho más difícil la subida que el descenso. Tal vez sea porque, desgraciadamente, padezco mal de altura, o por cierta torpeza idiomática (cometí la inconsciencia de leerme el libro en inglés sin tener en cuenta que una historia estaba escrita en un pomposo english en desuso de hace dos siglos y otra en un aún más desquiciante “inglés” futurista degradado y casi irreconocible), pero suscribo rotundamente sus palabras. Es uno de los libros más exigentes que he leído, pero al mismo tiempo, uno de los más brillantes y fascinantes. Y es que cuando una novela te abduce a lo Bastián Baltasar Bux, hasta el punto de irritar tus ojos o provocarte agujetas, there must be something big.


Diferencias entre la película y la novela

 * Estructura
Si el film, con su caótico montaje en paralelo, no da tregua al espectador y le obliga, no sólo a mantener toda su atención en cada detalle de sus seis historias aparentemente independientes, sino a atar cabos entre ellas durante sus casi tres horas de metraje, la novela, por su parte, con su estructura matrioskil (o mise en abyme), en la que cada historia está imbricada dentro de otra, exige, no sólo atención al detalle, paciencia y buena memoria, sino una entrega y complicidad absolutas.
Y es que cada uno de los seis cuentos que componen la novela, está interrumpido en el nudo antes de pasar al siguiente y, una vez completado el sexto (el único que se presenta “sin cortes”), regresamos a cada uno de ellos en orden inverso (la estructura sería 1-2-3-4-5-6-5-4-3-2-1), volviendo al punto de partida.  ¿Estructura pretenciosa o retorcidamente original? Eso queda a juicio del lector.    
  



Cada historia, además, está escrita en un estilo narrativo y en un género diferentes. Del melvilliano diario del Pacífico de Adam Ewing) saltamos a las Cartas desde Zedelghem, para pasar al thriller empresarial (Vidas a medias. El primer misterio de Luisa Rey), y, posteriormente, dar el salto al humor satírico inglés en forma de memoirs (El tremendo calvario de Timothy Cavendish), aterrizar en una sobrecogedora entrevista en un futuro distópico  (La antífona de Sonmi-451) y acabar en el relato oral de un no menos sobrecogedor futuro post-apocalíptico (El cruce de Sloosha y toda la pesca).


* Tratamiento de las historias
Probablemente, hacer justicia a semejante material en un film de casi tres horas resulta una empresa suicida y quijotesca (tal vez una miniserie podría estar a la altura, pero solo tal vez). Los directores trazan líneas paralelas entre los personajes, situaciones y temas a lo largo de las historias, imponiendo una coherencia y homegeneidad en la narración y en el estilo que el libro original no tiene.
Todas las historias han sido simplificadas, mutiladas o vilmente alteradas, además de “romantizadas” y forzadas a encajar en un happier ending. Como ejemplos extremos, conservan, al menos, su esencia El diario del pacifico de Adam Ewing o El tremendo calvario de Timothy Cavendish, mientras que La antífona de Sonmi-451 (la mejor historia de todas, desde mi modesta opinión), ha acabado siendo, tristemente, la peor parada del conjunto.


Una historia compleja, apasionante y espeluznante (como cualquier distopia que se precie), y que da, ella solita, para una sola película, básicamente, ha sido reducida a una serie encadenada de secuencias de acción que son un refrito, no sólo de la película más famosa de los Wachowski, sino de otros clásicos de la ciencia ficción, desde Blade Runner hasta Tron. Si en lugar de crear escenas visualmente impactantes y románticas se hubieran encargado de explicar y desarrollar un poco más ese Neo Seul hiperconsumista y deshumanizado, el film habría ganado algunos enteros (y se deben, en parte, a la distorsión de este cuento distopico, y su relación con las demás historias, las duras críticas hacia el aire místico y new age, la espiritualidad de pandereta y la “profundidad paulocoelhiana”  El atlas de las nubes).   


El capítulo de Luisa Rey, muy a El Informe Pelícano, aparenta, en la gran pantalla, una seriedad y trascendencia que no tiene en el libro. Esta historia es una novela que un aficionado escribe y envía a otro de los protagonistas de El atlas de las nubes que trabaja como editor, así que se nos presenta como un material aparentemente mediocre, pero con el suficiente potencial como para que podamos disfrutarla. Posee fallos intencionados, “agujeros de guión” y cae en los estereotipos clásicos del género, por lo tanto, resulta divertido convertirse en editor, planificar qué cambiarías y qué no, o plantearse si la tal Luisa existió realmente dentro de la ficción de la propia novela.



Otra decepción llega de la mano de uno de los mejores personajes del libro, el joven compositor Robert Frobisher, que en la película pierde parte de su ambigua personalidad (y, sobre todo, de su oportunismo). Encantador nato, entabla una relación de parasitismo mutuo con un viejo compositor (ambos obtienen beneficios creativos y se aprovechan el uno del otro), cuando, en la película, acaba siendo retratado, simplemente, como la víctima.




Temas principales 
Según el propio David Mitchell, los temas principales de la novela son la causalidad y la depredación humana (las diferentes maneras y niveles en los que, individual y colectivamente, podemos explotar y aprovecharnos del otro), mientras que en El atlas de las nubes película, se enfatiza y subraya excesivamente, no sólo el tema de la reencarnación (mucho más sutil en la novela) sino el de la universalidad de la experiencia humana (“el amor lo conquista todo” o “una persona valiente puede cambiar el mundo” acaban cayendo en el cliché), descuidando la profundidad y los matices de la causalidad y la depredación. Un ejemplo sería el tratamiento de la esclavitud. En todas las historias se habla de las diferentes formas y niveles de esclavitud a lo largo de los siglos y sus causas y consecuencias, mientras que en el film no se profundiza en ninguna de ellas.
En resumen, la enorme potencia visual del film made in Wachowski, no compensa el mayor atractivo de la novela: encontrar paralelismos entre personajes, situaciones y temas entre las seis historias. Sin embargo, y a pesar de no estar a la altura de su material original, ¿merece la pena ver El atlas de las nubes?



Película… again
Sorprendentemente y contra todo pronóstico, El atlas de las nubes gana en un segundo visionado a pesar de su irregularidad, sus historias descafeinadas, sus actores pluriempleados, su ocasional y ridículo maquillaje chanante y el hecho de saber que su fuente original es bastante mejor.  Y es que detalles y pinceladas que se te pasaron por alto, de repente, cobran sentido.
¿Será que solo pueden leer entre líneas (o fotogramas, más bien) los fans de la novela? ¿o que, tal vez, de la misma forma que la matrioskil novela de Mitchell no se aprecia ni se disfruta sin reflexión y sin un continuo esfuerzo por parte del lector, su versión cinematográfica tampoco se puede entender o valorar en su totalidad en un simple visionado?
¿Qué si es pretenciosa y megalomana? Pues sí, pero, salvando las distancias, 2001, una odisea del espacio, El árbol de la vida o la más reciente, The Master también lo son y eso no las convierte en peores películas.


Dicho todo esto, y a pesar de las comparaciones odiosas con la estupenda novela, rompo una lanza en favor de la versión cinematográfica de Tykwer y los Wachowski. Ha sido muy infravalorada por una crítica muy destroyer, cuando lo cierto es que resulta mucho mejor película que la media. Es ambiciosa y rompedora, está hecha con mimo y no se parece a nada de lo que hayamos visto anteriormente. Es un error enfrentarse a ella como si fuera “la más grande historia jamás contada”, sino que hay que verla sin expectativas ni prejuicios. Por lo tanto, por ahora, y a la espera de que el tiempo la coloque donde le corresponde, me sitúo en un prudente punto intermedio entre quienes la consideran una castaña y quienes ya la han etiquetado como masterpiece.


¿Que qué aporta de nuevo que no tenga el book? Lo  mejor: una maravilloserrima e hipnótica banda sonora que no puedes dejar de escuchar. Lo muy destacable: una factura técnica impecable y, en general, unas entregadas e inspiradas interpretaciones. Lo discutible: algún giro final nuevo e inesperado. Y lo muy apreciable: el irresistible pelo revolvible (y british accent) de Ben Whishaw ;)










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25 February 2013

Prozac Scene: el baile de Las ventajas de ser un marginado





¿Por qué me gustará tanto esta escena de Las ventajas de ser un marginado?
¿Será que tengo predilección por las escenas en las que los protagonistas cantan y bailan (y en las que se dice tanto con tan poco)?
¿Será que siempre me ha gustado y me ha resultado prozac Come on Eileen?
¿Será por el shock de ver bailar (y muy bien, por cierto) a “Hermione Granger” con el “psicópata de Kevin”?
¿Será que su trio protagonista me parece de los más creíbles, carismáticos y queribles que he visto en mucho tiempo?
¿Será que el numerito del baile, aunque mucho mejor bailado, recuerda brevemente al de otro par de hermanos catódicos por los que tengo especial predilección: Monica y Ross de Friends?
¿Será porque que esta escena de baile representa la alegría compartida y el “embrace your wallflowerness” más totales y absolutos?
 
 
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22 February 2013

Predicciones oscariles 2013




MEJOR PELÍCULA

Argo  es la favorita, pero sólo parece tener dos oscars cantados. ¿Batirá un nuevo record?
 
 
 
 
MEJOR DIRECTOR
Steven Spielberg. Nada por lo que entusiasmarse, pero, al mismo tiempo, nada que objetar.
 
 
 
 
MEJOR ACTRIZ
Jennifer Lawrence (Jenni, te admiro y me caes muy bien, pero preferiría que te llevaras al tito Oscar en otra ocasión, y no por esta sobrevaloradísima película)
 
 
 
MEJOR ACTOR
Daniel Day-Lewis… en su planeta de origen deben estar muy orgullosos...
 
 
 
 
MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
Anne Hathaway (si se cumplen los pronósticos, el único oscar que realmente me hará ilusión)
 
 
 
MEJOR ACTOR SECUNDARIO
Tommy Lee Jones… al parecer, la academia sigue ninguneando al gran Philip Seymour Hoffman…
 
 
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Django Desencadenado… el guión más flojo de Tarantino en años (si no lo digo, reviento)
 
 
 
 
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Lincoln… aunque Silver Linings contraataca y Argo podría dar la sorpresa...

 
MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
Amour… ay…
 
 
MEJOR DOCUMENTAL
Searching for Sugan Man
 
 
 
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Brave… desgraciadamente…

 
Categorías técnicas
 

MEJOR FOTOGRAFÍA: Life of Pi
MEJOR MONTAJE: Argo
MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Anna Karenina… aunque está prácticamente empatada con Les Miserables
MEJOR VESTUARIO: Anna Karenina
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL: Skyfall, ¿alguien lo duda?
MEJOR BANDA SONORA: Life of Pi
MEJOR SONIDO: La noche más oscura
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO: Los Miserables
MEJORES EFECTOS ESPECIALES: Life of Pi (aunque ya podrían haber sido aún más espectaculares y haberse ahorrado utilizar al tigre)
MEJOR MAQUILLAJE: El Hobbit
MEJOR CORTO DOCUMENTAL: Open Heart
MEJOR CORTO DE ANIMACIÓN: Paperman (mucha calidad en los cortos de este año, aunque confieso que Paperman me ha ganado el corazón un poquito más que los demás)
MEJOR CORTOMETRAJE: Curfew
 
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03 January 2013

Amor bajo el espino blanco: White Passion

 
 
 

Hace una semana quise gastar una inocentada incluyendo Amor bajo el espino blanco, una película por la que sentía curiosidad, pero que ni siquiera había visto, en una lista de fake favorites. Ironías cinéfilas, acercarme a la última película de Zhang Yimou me ha llevado a incluirla finalmente en mi lista real.

Confieso que tengo debilidad por las historias de amor orientales, pero es que Amor bajo el espino blanco es una delicia. Puede que no tenga la contundencia y la redondez de las primeras pelis de su director, pero contiene las suficientes maravillas como para enamorar al cinéfilo más exigente.
 




La sencilla historia de amor (basada en hechos reales, but don’t panic!), estructurada en capítulos, avanza a través de pequeños detalles o gestos, casi siempre objetos que los protagonistas intercambian, y que resultan pequeñas declaraciones de amor (pocas veces un boli, una palangana, unas botas de goma o un simple paquete de azúcar han tenido la misma carga romántica).
 
La clásica represión del carácter oriental, sumada a la educación estricta y aún más represiva de la revolución cultural (que en el film aparece como un mero marco), convierte a sus personajes en unos seres aún más inocentes e ingenuos de lo que podían ser nuestros abuelos. Tal vez por eso, en parte, resulta tan fascinante ver emociones universales en entornos tan lejanos, a tantos niveles, a través de nuestra mentalidad del siglo XXI (Zhang Yimou vivió la revolución cultural de primera mano y se nota).
 
 

 
 
 

Todo es fluido, delicado, emotivo y sencillo en esta preciosa y lírica película. Deslumbra, especialmente, la naturalidad y autenticidad de sus dos protagonistas (ambos debutantes), aunque el talento de la jovencisima Zhou Dongyu, premiada en la Seminci, destaque por encima de todo (que ojo tiene Zhang Yimou descubriendo actrices, by the way).
El final puede resultar un tanto forzado, melodramático o excesivamente almibarado, rompiendo con la contención expresiva del resto del relato, pero, ¿qué más da? Apasionada, intensa y dolorosamente contenida, al mismo tiempo, esta historia de amor bajo el espino blanco consigue que volvamos a experimentar lo que se siente al tener 18 años y estar enamorado en la China de los setenta, así que se lo perdonamos todo.
 

 
 
 
 

P.S. He encontrado este poema de Cernuda, gracias a la generosidad de un blogger, y parece escrito, expresamente, para la propia película.

 

Los espinos

Verdor nuevo los espinos
Tienen ya por la colina,
 
Toda de púrpura y nieve

En el aire estremecida.

Cuántos ciclos florecidos
Les has visto; aunque a la cita

Ellos serán siempre fieles,
Tú no lo serás un día.

 
Antes que la sombra caiga,
Aprende como es la dicha

Ante los espinos blancos
Y rojos en flor. Vé. Mira.
 

 

 
*
 
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