
Miramos y remiramos el cartel de la 58 edición del Zinemaldi y nos resulta tan gris e inoportuno como el día. “¿Quién narices es esta petarda?” parecen corear con sus ojos desde el resto de las mesas. “Echo de menos los carteles de los 90” pronuncio entre sorbo y sorbo de mi té verde. Me miras intentando recordar, pero eras demasiado joven.
De aquellos años de post-adolescencia, en las que sólo observaba el festival a través de la verja de seguridad, recuerdo los carteles y las estrellas, no las películas. Las películas llegaron después, en los dosmiles, con los carteles horrendos. ¿Tan difícil es tener las dos cosas?
La crisis parece haberse cebado mucho más con el Zinemaldi que con sus ilustres hermanos Berlín, Cannes y Venecia. Pero es que el año pasado inauguraron la edición Brad Pitt y Tarantino con sus Inglorious Bastards y ese listón será muy difícil de superar. No, no habrá apenas figuras consagradas ni grandes estrellas, de esas que dan peso, vidilla y glamour a un festival. El presidente del jurado de Cannes fue Tim Burton, el de Venecia Tarantino. El nuestro es Goran Paskaljević. La alfombra no es roja, ni rosa chicle, sino negra. “Uy, pues el negro es más difícil de limpiar” sentenció mi tía al conocer la noticia.
Voy a por más azúcar para mi té. Normalmente, el premio Donostia es un refuerzo, un "pues ya que vienes..." a la estrella que estrena una película en Europa. Come, reza, ama es la excusa de Julia Roberts “porque está de capa caída” añades. Sonrío.
Migajas. Este año resulta más evidente que nunca que las películas de la sección oficial son como los niños que acaban siendo escogidos los últimos en los equipos de gimnasia. De entrada, únicamente John Sayles (gran amigo del Zinemaldi) sobresale de entre el resto.
Acaba el break entre mi película y tu corto. “Sólo a ti se te ocurre inaugurar el festi con una peli ya estrenada” me dices con la mirada. Es cierto. ¡Que le den a Polanski, mi Zinemaldi aún no ha empezado!. En esta edición, todo puede pasar todavía. Las buenas pelis pueden llegar, los buenos carteles, ya no. Esta noche, para compensar el mal sabor de boca, tiraremos de nostalgia y de odiosas comparaciones, hasta que llegue mañana...
Carteles que me marcaron:
La crisis parece haberse cebado mucho más con el Zinemaldi que con sus ilustres hermanos Berlín, Cannes y Venecia. Pero es que el año pasado inauguraron la edición Brad Pitt y Tarantino con sus Inglorious Bastards y ese listón será muy difícil de superar. No, no habrá apenas figuras consagradas ni grandes estrellas, de esas que dan peso, vidilla y glamour a un festival. El presidente del jurado de Cannes fue Tim Burton, el de Venecia Tarantino. El nuestro es Goran Paskaljević. La alfombra no es roja, ni rosa chicle, sino negra. “Uy, pues el negro es más difícil de limpiar” sentenció mi tía al conocer la noticia.
Voy a por más azúcar para mi té. Normalmente, el premio Donostia es un refuerzo, un "pues ya que vienes..." a la estrella que estrena una película en Europa. Come, reza, ama es la excusa de Julia Roberts “porque está de capa caída” añades. Sonrío.
Migajas. Este año resulta más evidente que nunca que las películas de la sección oficial son como los niños que acaban siendo escogidos los últimos en los equipos de gimnasia. De entrada, únicamente John Sayles (gran amigo del Zinemaldi) sobresale de entre el resto.
Acaba el break entre mi película y tu corto. “Sólo a ti se te ocurre inaugurar el festi con una peli ya estrenada” me dices con la mirada. Es cierto. ¡Que le den a Polanski, mi Zinemaldi aún no ha empezado!. En esta edición, todo puede pasar todavía. Las buenas pelis pueden llegar, los buenos carteles, ya no. Esta noche, para compensar el mal sabor de boca, tiraremos de nostalgia y de odiosas comparaciones, hasta que llegue mañana...
Carteles que me marcaron:




























