22 September 2009

Diario festivalil 2: De soledades compartidas y gatos persas



Día 20 o Desperada on the block
Mientras estudiaba en el bloque de apartamentos del edificio estudiantil más popular de Munich, Tomasz Emil Rudzik, descubrió que una especie de halo de melancolía y tristeza rodeaba a sus habitantes. Todos ellos se movían en pequeñísimos grupos, parecían muy solos y su mayor momento de intimidad, como diría Wong Kar-Wai en Chungking Express, eran situaciones forzadas, como los encuentros en los ascensores. Después de pasar una media de 8 horas diarias subiendo y bajando pisos, intercambiando saludos y estudiando a sus vecinos con paciencia de entomólogo, Rudzik ya tenía el argumento para su proyecto fin de carrera.

Desperados on the block es coquetuela, fresca, simpática y tiene el buen ritmo del que se suelen beneficiar las películas corales. Todos sus protagonistas son extranjeros en tierras germánicas. Uno es un sordomudo enamorado de una bibliotecaria a la que tiene miedo de declarar su amor por miedo al rechazo; otro es un tímido estudiante chino que se paga los estudios dando clases de matemáticas a lolitas malcriadas; y la tercera, es una estudiante de teología católica que decide romper, uno a uno, los diez mandamientos, a la espera de la señal definitiva que le confirme o le desmienta la existencia de Dios.
¡Qué lástima que los buenos ingredientes no acaben de entremezclarse y que un final torpe y precipitado, nos deje la sensación de que “nos falta el postre”. Pero qué alegría que esta opera prima sugiera futuros y prometedores banquetes.




Día 21 o No sabía nada de gatos persas
Perlas de otros festivales, I love you! Cuando descubrí que una película de mi sección favorita de Zabaltegi tenía por título No one knows about persian cats y que, además, estaba dirigida por Bahman Ghobadi, el director de Las tortugas también vuelan, mi gatofília y cinefilia unidas lo tuvieron claro: tenía que verla. Y es que nada que aluda a los fascinantes felinos puede ser malo.

Si en Seasons in the sun, much@s se sorprendieron al descubrir que los adolescentes chinos estaban tan perdidos (y salidos) como los del resto del planeta, en este film iraní, todos los prejuicios contra la juventud de este país saltan cual metralla abochornando al espectador. Si, esta película deja con un palmo de narices a quien espere ver una peli de Kiarostami, Samira Majmalbaf o escenas de crudeza y miseria descarnada. Aunque, eso sí, hay mucho drama.
Sus protagonistas son músicos que quieren tocar dentro y fuera de su país. Lo suyo es el indie rock y son fans de Sigur Rós, Joy Division, The Beatles o The Strokes. Ellos llevan el pelo revolvible y bolsos cruzados y sueñan con visitar Islandia. Ellas leen a Kafka y conducen su peugeot 206 mientras sus novios cuidan de sus mascotas. Son tan reconocibles a tantos niveles, que podrías ser tú. Pero nacieron en un país en el que las mujeres no pueden cantar solas, cualquier actuación musical es ilegal, y hasta los niños denuncian a los músicos que ensayan en los áticos. Conseguir un visado y un pasaporte para viajar a Londres, más que una odisea, es una utopía.

Los géneros de este falso documental se suceden armónicamente. Te ríes, te enterneces, te reconoces, escuchas su música y, cuando menos te lo esperas, la realidad te golpea en los dientes. Y cómplice y sin defensas, es cuando el mensaje más contundentemente llega.

A la salida del cine, conmovida, melancólica, dispersa, tras haber puntuado con un notable alto la perlita que acababa de ver, un mimo se me acercó y me regaló un bolígrafo a cambio de una sonrisa.



* Me quedé sin ver: Precious, que ha entusiasmado y tenía una pinta fantástica ya sólo sobre el papel; Taking Woodstock, porque aunque según algunas sea un pastelito, Ang Lee es Ang Lee; Daniel y Ana, la sorpresa de Horizontes Latinos; y Das Weisse Band del sádico pero interesante Michael Haneke.

* Deberes cinéfilos: tomarme una píldora para la invisibilidad cada vez que vea una peli con coloquio. Escuchar curiosidades varias del equipo de la peli es un regalazo, pero que las azafatas se paseen aburridas por entre las filas micrófono en mano ante las decepcionadas faces del director, productor y actor, es un bochorno. Se ve que en Donosti tampoco se pregunta...

19 September 2009

Diario festivalil: día 18 o Seasons in the rain + limones



Muchos refraneros, nacionales e internacionales, asocian la lluvia a la bienaventuranza y la buena suerte. Según esta máxima, o bien el menú de la 57 edición es el más suculento de los últimos tiempos, o l@s sabi@s populares jamás pisaron Donosti.
Ayer el otoño parecía querer arreciar con toda su melancólica furia... y cayeron limones. Irónicamente, mi primer film festivalero, por su título, parecía toda una “limonada cósmica”. Bautizada en honor a una canción de Nirvana (la banda favorita del melenudo protagonista), la china Seasons in the sun, es como un refresco de limón que no termina de quitarte la sed. Entre otras cosas, porque tú el que querías era de naranja. Y te aburres entre los vaivenes romántico-sexuales de su adolescente trío protagonista, y aunque apuras tu bebida, al final te importa un carajo a cuál de los dos púberes prefiere la moza. Te pierdes en tu memoria cinéfila y acabas comparando las espectaculares piernas en shorts + bailarinas de la gacela protagonista con las de la Hepburn en Sabrina. Luego descubres que esta Audrey oriental es la modelo más cotizada de China y que su humilde familia le puso el nombre de una princesa, y lo entiendes.

Los asientos del Kursaal son como un amigo con el que mantienes una relación ambivalente: una parte de ti se alegra de verlo por todo vuestro historial de vivencias y complicidades compartidas, pero otra sabe que acabará doliéndote a los diez minutos. Libre de sus garras, a eso de las 18:00 h, el efecto “diluvio universal” persiste, pero toda una marabunta de efervescencias hormonales lo desafía a ambos lados de la alfombra roja. Al pasar a su lado, ellas saben que tú sabes que están reservando sitio para cuando pase el nuevo chico Tarantino, pero puede que lo que algun@s sepamos y ellas no, es que el cuarenteño más guapo del celuloide hará su paseo del hotel al teatro Victoria Eugenia y no a los cubos de Moneo. Más limones.



La Pittmanía, no por predecible, deja de sorprender. Y no sólo porque hayan traído vallas anti-pánico de algún lejano macroconcierto, sino porque incluso famosas críticas donostiarras de sexualidad dudosa, han alabado babosil y reiteradamente las virtudes de su glorious butt. Pitt llegó, vio y triunfó. Estuvo simpático, cálido, accesible, firmo autógrafos y tambores varios, pero aunque tod@s sigamos queriendo un hijo suyo, nadie parece querer admitir que Mr Jolie estaba más feo que nunca. Cualquiera puede pensar que no es posible estropear esa cara, pero, desgraciadamente, se equivoca. Y es que las perillas de chivo pirenaico deberían estar prohibidas.

No se qué tiene el Zinemaldi que parece atraer la desglamourización de sus invitados. Las stars vienen, sí, pero dejás de la mano de Dior, como si fueran a comprar el pan. Los ejemplos son muchos y dolorosos. Hace muchas lunas, Keanu Reeves se nos presentó paseando por las nubes con barriguita y abundantísima barba; Emma Thompson demostró al mundo que era rubia de bote (y que las peluquerías británicas son muy caras); y Jeff Bridges exhibió sin pudor un look a lo "abuelo de Heidi" al recibir su premio Donostia.

Aunque mi apuesta al premio "Anti-Nati Abascal" al famoso menos glamouroso de este año, es para Tarantino. Tito Quentin, ya sabemos que lo importante es el cine y tal, pero, es que llegaste al hotel con camisa de prota de Siete novias para siete hermanos.... ¡y no has sido capaz de cambiarte de ropa desde entonces! Rueda de prensa, cena en Arzak, presentación oficial de la película...y nothing. Pensándolo bien, habría que crear un premio "Oink" en tu honor. El Zinemaldi es el hermano pobre de Berlin, Cannes y Venecia, pero que tristura limonil que no te emperifolles en nuestro honor, jop..


Me quedé sin ver: Inglorious Basterds, ridículamente traducida como Malditos bastardos, cuando en realidad debería ser Cabrones sin gloria, y me niego a verla doblada. Ains...
Y también para Whatever works, el último intento de Allen por demostrarnos que filmar una peli al año no siempre es una buena idea. Aunque a tenor de las críticas, parece no haberlo conseguido...

Deberes cinéfilos: descubrir la diferencia entre cine camp, cine slasher y cine trash.

14 September 2009

Ñoñocinefília



Si la relación amor-odio que mantengo con mi ciudad fuera una goma, ocasionalmente, ambos lados se tensarían tanto, que acabarían por romperse, dándome en plena face.
El momento del año en que más adoro mi ciudad, es en septiembre, durante el Zinemaldi y, al mismo tiempo, el período en el que odio Donosti con la furia de las Siete Plagas, es a lo largo su festivalera semana. "¿Por qué?" sería la question. Por culpa de la ñoñocinefília, of course.

Ayer se pusieron a la venta las entradas de tan esperado evento. Chachi. Como cinéfila aplicada que soy, me dispuse a madrugar para sacar, con suerte, la mayor parte de los preciados tickets que tenía in mind. Doce era mi número de la suerte y cuatro fue el seleccionado por el cajero hasta descuajeringarse sin remedio. No problemo. Me fui al meollo, al epicentro, al big kahuna de la venta anticipada de entradas. Me sorprendió encontrarme únicamente con un grupo de, aproximadamente, 50 personas, pero la heidil sonrisa fue eliminada quirúrgicamente de mi rostro cuando un alma caritativa de mediana edad me señaló: “hay que coger ticket, como en la pescadería”. Dejando de lado el efecto sinestésico de tan repulsiva comparación (si a Neruda le hacía llorar el olor de las peluquerías, mi kriptonita se encuentra en otros lares), cogí un biglietto y comprobé con estupor y espanto que mi numero era el 414... ¡e iban por el 90!.

Afortunadamente, un conocido ángel con el number 103, me rescató. El sol brillaba, los pájaros cantaban, Donosti molaba y toda mi energía se colocó del lado amoroso de la goma again... pero no por mucho tiempo. Las entradas para TODAS las sesiones de Whatever works, la última de Allen, estaban agotadas. Pupita güan. Las entradas para TODAS las sesiones de Inglorious Basterds, el esperado film de Tarantino eran un rotundo sold out. Pupita chu. No quedaba ningún miserable ticket para La cinta blanca, made in Haneke y premio Fipresci a la mejor película del año. Pupita zri. Había un error tipográfico en Five minutes of heaven, de Olivier Hirschbiegel y lo que parecía una sesión normal, era para la prensa. Pupita for. Y de London River, muy bien acogida en el festival de Berlin, no quedaban ni las raspas. Pupita faif. Balance: siete de doce.


A pesar de que la vendedora, muy amablemente, me confirmara que para la última woodyallenada y tarantinada, por ejemplo, las entradas se habían agotado desde el minuto uno, no cuela. La dolorosa experiencia, año tras año, me confirma que el enchufismo horrendo funciona desde el principio de los times, y supe que algún/a repelente suertud@ hijo, amante, amig@ o herman@ de tal, antes de abrir la taquilla y sin siquiera mover un finger, ya tenía en su poder la entrada que, por justicia, nos correspondía a algun@ de l@s que nos lo hemos currado y amamos el cine.

Y es que Donosti nunca dejará de fascinarme. Del palomiterismo descarado exhibido durante 356 días del año, se pasa a una entusiasta y voraz cinéfilia en menos que se dice Piolín. La gente acude en masa a leer subtítulos de films de paises tercermundistas, con el fervor de quien visita a la meca. Why? Porque es muy cool y queda monísimo de cara a la galería (o, a la barandilla de la Concha, en este caso).
Mi ñoñocinefil@ favorito es ese/a tristerrim@ individu@ de mediana/tercera edad, que es fan de Cine de barrio, y acude a ver todas las pelis de la Sección Oficial para criticarlas con saña a la hora del café con sus amigos. Otro ñoñocinéfil@ dign@ de estudio es el/la que nunca (o casi never) va al cine pero, acude emperifolladísim@ a las galas (entregas de premios, ceremonia de inauguración, clausura y demás) con aires de VIP, para lucir palmito y ver al famosete/homenajeado de turno.

Y es que cuando viene una super star la cosa se sale de mother... (and father and Holly Spirit). Me temo que este año, el virus bradpittil nos asolará con bastante más saña y contundencia que la omnipresente Gripe A. Todos y todas querrán tocarle, babosearle, darle jabón Nenuco, sacarle fotos y exhibirlas después en su féisbuk. De hecho, auguro que dentro de 10 años nadie se acordará de qué película ganó la concha de plata, quién fue premio Donosti, o qué nivel medio tuvieron Zabaltegi o la Sección Oficial. No, “brotha”, el 2009 pasará a ser, irremediablemente, “el año que vino Brad Pitt”.




Pd: ayer estaba tan furiosunda, que revisando las últimas ofertas de megavideo, encontré Five minutes of heaven, una de mis "pelis robadas" en esta futura edición, en excelente quality y V.O y como a falta de bread, buenas son pancakes, me la vi. Así que puedo decir que es recomendabilísima, con un duelo actoral que deja K.O. (ese contenido y doliente Liam Neeson, ais) y que, además, tiene uno de esos finales redondos que tantisísimo me gustan.

07 August 2009

¿Qué aprender de Harry Potter y el misterio del príncipe?



- Viendo la quinta, uno puede pensar que es imposible ver una adaptación potteriana peor, pero se equivoca...
- El guionista, Steve Kloves (al que siempre agradeceré la magnífica Los fabulosos Baker boys) ha vuelto después de la masacre del título anterior.... pero pa’ que lo hiciera...
- Más que una película, parece que estamos viendo un collage hilvanado sin gracia y con puntadas muy gruesas
- Ron y Hermione están más preocupados por sus efervescencias romántico-hormonales que por la seguridad del mundo mágico (y ella casi nos hace olvidar que es la primera de su clase)
- Lavender Brown, el ligue de Ron, tiene más protagonismo que Voldemort (además de un cierto parecido con la Elsa Pataky de Al salir de clase)
- Una de sus mayores bazas, es ir comparando las evoluciones físicas de los protagonistas (lo cual no dice mucho a favor del argumento)
- A pesar de que mi acompañante no este de acuerdo, Ron cada vez está más buenorro (¡por Yoda, que no me le corten el pelo!)
- Si se van a poner en plan “Sweet sixteen”, que lo hagan bien. La historia de amor entre Harry y Ginny está mutilada y el primer beso de la novela, es de esos que reducen la vida en uno o dos años. ¡Aprovechad el material original, leñe!
- Habría que practicarle un cruciatus al estilista que ha ideado el corte de pelo de Harry en las dos últimas entregas. Un chico al que le vuelve a crecer el pelo a minutos de cortárselo y que, haga lo que haga, siempre lo tiene revuelto, no puede llevar ese peinado de primera comunión
- Dumbledore cada día se parece mas a Gandalf
- El niño que hace de Voldemort preadolescente (Hero Fiennes Tiffin) tiene mucho futuro.... en todos los sentidos. Se nota que de Fiennes le viene al galgo...
- Las actuaciones, en general, son más convincentes. Siempre es un placer ver a Alan Rickman y a Jim Broadbent nos lo creemos todito todo
- ¿John Williams ha sido eliminado con algún maleficio o lleva la capa de invisibilidad?
- Un final que debería poner los pelos cual púas de Espinete en el Ártico se queda en “Ya es otoño en El corte inglés”
- ¡Que mayor está mi McGonagall, jop!
- Harry anuncia que es el elegido con mas convicción y orgullo que Neo al final de Matrix (la primera, of course. Las otras dos, en lo que a mi respecta, no existen)
- Han subestimado la memoria freakil presentando como nuevo "septumsempra", un encantamiento que ya aparecía en la dos...



Sí, lo sé. Mi retonno se ha retrasado mucho. Demasiado. Pero es que cuando más lo postergaba, más espectacular tenía que ser el regreso. Y, al final, lo que me ha hecho regresar, no ha sido un artículo más o menos currado, si no la necesidad de desahogar mi freakismo.

No olviden pasar por la encuesta de la derecha. Prometo no arrancar (demasiadas) cabezas si no gana Wall·E ;)
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